19/05/2026
Estamos llegando al final de curso y muchas familias vuelven a enfrentarse al miedo de la repetición.
Cuando hablamos de alumnado con dislexia y otras dificultades específicas de aprendizaje, repetir no puede ser una decisión automática ni tomada a la ligera. Es una medida extraordinaria que debería plantearse solo después de analizar algo esencial:
¿Ha tenido realmente este alumno acceso al aprendizaje?
Porque si un niño o una niña no accede adecuadamente a la lectura, difícilmente podrá comprender. Y si no comprende, no puede aprender en igualdad de oportunidades.
La pregunta no debería ser únicamente qué le pasa al alumno, sino también qué estamos haciendo dentro del aula para que pueda acceder al aprendizaje de una forma distinta.
Libros digitales, apoyos visuales, evaluación adaptada, tiempo extra o no penalizar los errores derivados de la dislexia no son privilegios.
Son derechos.
La repetición, sin cambios metodológicos ni accesibilidad, suele generar más frustración, más daño emocional y una pérdida importante de autoestima.
Porque el problema no es que aprendan peor.
Aprenden diferente.
Y eso exige respuestas educativas diferentes.