25/08/2026
25 de agosto
NUESTRA MOTIVACIÓN
He visto asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras despierta la envidia del hombre contra su prójimo.
Eclesiastés 4:4
También en nuestra sociedad se concede mucho valor al trabajo duro. Casi todo el mundo aborrece la holgazanería, pues trabajar es beneficioso para nosotros mismos. No obstante, el Predicador no se muestra muy entusiasta con toda esa gente que se afana en el trabajo. Cree que su duro trabajo viene motivado por pura envidia. Se comparan continuamente con los demás, y eso los lleva a querer una casa más bonita y un coche más grande y unas vacaciones más interesantes que la media. Quieren viajar más lejos, y a destinos más exóticos, como Tailandia o Indonesia. Y por eso tienen que trabajar aún más duro, porque cumplir ese deseo cuesta lo suyo.
La motivación de toda diligencia, ambición y creatividad –a veces acompañadas de palabras tan altisonantes como sacrificio e interés nacional–, según el Predicador, son la envidia y los celos. No es otra cosa que vanidad.
¡Qué persona más negativa!, podríamos pensar. Sí, pero ¿acaso no tiene razón? La envidia puede darle a alguien un impulso enorme. ¿No es esa, efectivamente, a menudo la razón por la que nos machacamos en el trabajo, cuando podríamos vivir muy bien con menos? Más vale un puño lleno de descanso, que ambos puños agarrotados por el estrés. Sería bueno que no nos olvidásemos de esta frase.
Leer: Eclesiastés 4:1-6; Mateo 6:19-24