01/08/2026
Sin petróleo, sin transición, sin economía
1 agosto, 2026 17 minutos de lectura
Cómo la búsqueda del «dominio energético» supuso el golpe de gracia para la electrificación
«Todo lo que tiene un principio debe tener un final», como reza el refrán. Y si se preguntaba cómo podría ser el final de la era del petróleo —y, con ella, la era de la electrificación—, no busque más. Pero, ¿por qué está llegando a su fin «la economía mundial tal y como la conocemos»? ¿Se debe únicamente a la guerra contra Irán, o hay otras tendencias que actúan en paralelo? ¿Cómo es que las cosas se aceleraron y se descontrolaron tan rápidamente?
Cómo el petróleo se ha convertido en una carga para otros recursos
Podría uno sentirse tentado a creer que la perforación en busca de petróleo siempre se amortiza por sí misma, ya que produce los combustibles necesarios para su extracción continuada. Cuanto más petróleo extraemos, más combustible (y energía) tenemos, ¿verdad? No es así. Permítame explicarlo. Un barril de petróleo produciría 5,9 gigajulios de energía al quemarse por completo, lo que podría parecer mucho. Sin embargo, teniendo en cuenta que, según la media mundial1, solo el 27 % de lo que denominamos «petróleo» puede transformarse en gasóleo —el combustible más esencial de todos— y que los motores de diesel queman combustible con una eficiencia media del 35 %, solo una minúscula fracción de la energía almacenada en un barril de petróleo puede utilizarse para perforar más pozos, extraer minerales, pescar, talar bosques o cosechar, construir infraestructuras, abastecer a las fuerzas armadas o transportar mercancías a grandes distancias. Ese aproximadamente 10 % de la energía derivada de un barril de crudo es lo que mantiene con vida a miles de millones de personas y a una economía mundial globalizada. El resto permanece incorporado en productos (plásticos, disolventes, lubricantes, asfalto, cera, etc.) o simplemente se quema para nuestra comodidad en automóviles y aviones. A diferencia de lo que ocurre en EE. UU., en muchas otras partes del mundo es perfectamente posible llevar una vida digna sin necesidad de un automóvil ni de viajar en avión. No se puede decir lo mismo del diesel, sin el cual sería imposible mantener la civilización moderna y de alta tecnología.
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