27/05/2026
NAVAJAS EN LA TALLADA
Por Eduardo Pérez Barrau. Foro B21
No pasa un solo día sin que el entorno de la calle Monzón y la Tallada registre algún episodio de incivismo. Los protagonistas son siempre los mismos: individuos de todas las edades que acampan en la vía pública, ocupan cualquier rincón con sus zarrios y, poco a poco, se apropian del espacio común.
No se trata de una simple molestia, es una forma de expulsión silenciosa. Con cada acción incívica buscan convertir el barrio en un lugar invivible, provocar que los vecinos terminen marchándose y hacerse fuertes en un "territorio" de varias calles donde las normas que rigen para todos dejen de aplicarse.
Lo que puede verse muchos días no invita precisamente al optimismo: comportamientos incivilizados sin consecuencias, escasos frenos morales dentro del propio entorno familiar e impunidad en la calle. Un modo de estar (que no de vivir) sin exigencias personales ni incentivos reales para salir adelante.
Este espectáculo lo pagamos entre todos, aunque solo lo disfruten estos individuos. Y lo hacemos de la peor manera: negando el problema que supone para la ciudad y comprando una supuesta “paz social” a base de tolerar determinadas actitudes y conceder unas ayudas públicas -en muchos casos inmerecidas- que actúan como bálsamo temporal. Nos engañamos con la esperanza de que algún día estas personas reconduzcan sus vidas. Pero ese día nunca llega.
Todo esto se ve agravado por la política de incomparecencia del ayuntamiento. Porque si a este drama social se suman la degradación urbanística del barrio y la suciedad enquistada en sus calles, el resultado no puede ser otro que un foco de pobreza, un auténtico gueto en pleno centro de la ciudad.
Mirar hacia otro lado ya no resuelve nada, al contrario, cronifica la exclusión social y hace cada vez más difícil la convivencia vecinal.