21/11/2025
El fantasma de la Macrogranja vuelve a aparecer en Barajas.
Una nueva empresa ha comprado los terrenos, concesiones y autorizaciones al anterior propietario y pretende seguir adelante con su instalación.
Dicen que no hay mejor sordo que el que no quiere oír.
A ellos les dará igual lo que aquí se argumente porque, bien por miedo, bien por intereses personales están vueltos de espaldas a los peligros que esas instalaciones entrañan para nuestro pueblo.
Si han ido a Tarancón últimamente, habrán podido percibir la contaminación aérea (peste) que algunos días es irrespirable.
Los que tenemos memoria recordamos los olores y las moscas de Barajas en tiempos de la vaquería que había en la C/Nueva.
Las macrogranjas son el máximo exponente de la ganadería industrial que busca la mayor rentabilidad con los menores costes.
Son instalaciones muy mecanizadas con una gran capacidad de producción en un mínimo espacio.
Es una ganadería “sin tierra”, altamente dependiente de insumos externos que genera muchas emisiones y residuos. Son fábricas de carne, pero también de cambio climático, contaminación y sufrimiento animal.
Se calcula que el 22% de nuestras aguas superficiales y el 23% de las subterráneas presentan contaminación por nitratos procedentes de la agricultura y ganadería industrial.
Las macrogranjas usan sus tierras lindantes como auténticos vertederos de excrementos, que en grandes cantidades se convierten en veneno.
La ganadería industrial es responsable del 81% de las aportaciones de nitrógeno a los acuíferos, del 98% de las emisiones de metano a la atmósfera y del 69% de las emisiones de amoniaco.
El gobierno de Castilla La Mancha viene incumpliendo el límite de las emisiones impuesto por la UE desde que se acordó en 2010.
En estas instalaciones los animales se encuentran confinados a perpetuidad y alimentados día y noche para que engorden lo más rápido posible. Estas circunstancias provocan muchas enfermedades para las que se emplean una considerable cantidad de antibióticos que contaminan los propios excrementos y añaden peligros para la salud de los consumidores de esa carne y para los vecinos de su entorno.
Como sabemos, el Ayto de Barajas ya dio su bendición a este proyecto basándose para ello en la creación de puestos de trabajo.
En aquellas fechas le pedí a nuestra alcaldesa si podía mostrarme la relación de los prometidos puestos de trabajo. En esa lista figuraban arquitectos, aparejadores, ingenieros, economistas, abogados, veterinarios, transportistas, personal cualificado variado y dos o tres operarios sin cualificación. Pregunté dónde se estaban construyendo las viviendas para esas personas ya que dudaba que en Barajas hubiera el suficiente número de viviendas con el “standing” que requieren esos perfiles.
Como es obvio, no se construyó nada y nada se va a construir.
Esos técnicos vendrán puntualmente, harán su pertinente visita y se volverán a sus domicilios en Madrid, Tarancón o donde sea, lo cual indica que nunca dejarán riqueza en nuestro pueblo.
Así que autorizan la instalación de una explotación porcina industrial que engordará el bolsillo de quienes no veremos ni de visita y que dejará en el pueblo un par de puestos de trabajo, una peste insoportable, muchas moscas y mucha mi**da.
¿Dónde está la gracia?
¿Alguien puede explicarnos cuál es el beneficio para Barajas?
¿Qué interés mueve a la corporación municipal a otorgar, por unanimidad, todas las autorizaciones pertinentes?
¿Podrían señalar un solo pueblo similar a Barajas, donde hayan instalado una macrogranja, en el que haya crecido el padrón de habitantes?
Me cuesta mucho trabajo encontrar las palabras que califiquen a quienes han autorizado una instalación que dejará en Barajas dos puestos de trabajo, a cambio de una bomba ecológica de consecuencias imprevisibles.
Tenemos la obligación moral y vital de dejar a nuestras jóvenes generaciones un pueblo limpio y sostenible como lo recibimos de nuestros mayores.
No tenemos un aire, una tierra ni un agua de repuesto.
Les llamo ahora a preservar el derecho a la vida y al medioambiente de nuestro pueblo para evitar los desastres que estas instalaciones arrastran.
Luego será tarde.
Ángel Corpa.