10/06/2026
El consentimiento no es solo decir “sí”. Es una interacción continua entre dos personas, donde ambas tienen que querer estar ahí y sentirse cómodas. Se construye poco a poco, observando, preguntando y prestando atención a cómo se siente la otra persona.
Y también puede cambiar. Puede que en un momento me apetezca y después ya no: porque cambió la situación, pasó algo o simplemente pasó el tiempo. Eso es totalmente válido, y debe respetarse siempre.
Es algo parecido a cuando quedas con amigas y dices: “Me apetece comer tortilla, ¿a ti te apetece? ¿Prefieres otra cosa? ¿Te gusta este sitio?”. Se trata de escuchar, preguntar y decidir entre todas.
Además, hay que tener en cuenta las dinámicas de poder. Por ejemplo, si un profesor invita a una alumna a tomar un café y su nota depende de él, esa decisión no se da en igualdad de condiciones. El consentimiento solo es real cuando existe libertad para decir sí… y también para decir no.
Los CDC (Centers for Disease Control and Prevention) dicen explícitamente que:
“El perpetrador suele ser alguien que la víctima conoce”.
Incluyen parejas, amistades, familiares o compañeros.
El sistema NISVS de los CDC encontró que:
la mayoría de agresores sexuales contra mujeres son conocidos o parejas íntimas.
Un estudio del Office of Justice Programs (EE.UU.) analizó agresiones sexuales por parte de conocidos y concluyó que las cometidas por parejas o exparejas pueden ser igual o más violentas que las cometidas por desconocidos.
Datos globales de la OMS (Organización Mundial de la Salud) muestran que una gran parte de la violencia física y sexual hacia mujeres ocurre dentro de relaciones de pareja.
En España, un estudio nacional citado por Ministerio de Juventud e Infancia encontró que entre los perpetradores más frecuentes de violencia sexual estaban:
pareja/novio(a): 32,3%
adulto desconocido: 25,6%
padres y familiares también aparecían con porcentajes importantes.