09/05/2026
El pasado mes de abril, entre los días 12 y 20, disfrutamos de nuestro viaje al extranjero. En este año nos atrevimos a descubrir un país muy desconocido en medio de Asia Central, Uzbekistán.
Un país lleno de sorpresas, cultura vibrante, paisajes, ciudades inolvidables, sus gentes maravillosas con el poder de trasladarnos a tiempos lejanos.
Cuidades tan legendarias como Samarcanda o Bujará, joyas de la mítica Ruta de la Seda, fortalezas milenarias y desiertos, así como restos de dominio soviético.
Empezamos por la capital, Taskent. Grandes bloques de edificios con reminiscencia de la antigua URSS que se mezclan con auténticos bazares. Extensas zonas verdes entre enormes avenidas de varios carrilles. Casas de té, parques, madrazas, mausoleos, hoteles de lujo de las mejores cadenas, sedes de multinacionales y grandes bancos ….…. ¡Cuantas sorpresas!.
Nuestro segundo destino, Samarcanda, su simple nombre evoca un tiempo de cuento y de historias encantadas. Importante enclave de la Ruta de la seda, repleta de caravasares, casas de barro y bazares, siendo la segunda ciudad más grande del país. Destaca el Registan, una de las plazas más bonitas del mundo gracias a sus tres madrazas (la de Ulugh Bed, la de Sher-Dor y la de Tillya-Kori) o sitios emblemáticos como el Mausoleo del gran Tamerlán, héroe nacional o la necrópolis de Sha i Zinda.
Nuestra siguiente parada fue Bujará, imprescindible en nuestro viaje. El centro es un conjunto de edificios históricos, calles peatonales, callejones y placitas coquetas donde es fácil retroceder en el tiempo. El mayor tesoro de la ciudad es el minarete Kalon, cuya magnitud conquistó incluso a Gengis Kan y decidió respetarlo, mientras arrasaba el resto de edificios. Bazares, madrazas, mezquitas, una enorme fortaleza y muchas sorpresas en esta ciudad donde el color miel lo inunda todo.
El último destino fue Jiva, la más pequeña de la Ruta de la Seda. El corazón de esta ciudad, amurallado por completo es un laberinto de callejuelas, palacios, mezquitas y madrazas de piedra que da la sensación de estar esperando algún grupo de mercaderes sobre sus camellos. Jiva es un museo al aire libre que se presta a caminar, perdiéndose entre callejuelas y pequeñas plazas.
Un viaje inolvidable, un país sorprendente y con gentes maravillosas. Experiencias y sorpresas que quedarán grabadas en nuestras mentes.