22/07/2023
HISPANIA ANTES DE LOS ROMANOS
IBERIA, SEGÚN ESTRABÓN
En el año 29 a. C. el geógrafo e historiador griego llamado Estrabón escribió una obra llamada Geographiká (Geografía) y en ella, a través de varios libros que han llegado hasta nuestros días, hace una detallada descripción de los lugares y pueblos de lo que era entonces el "mundo conocido". Entre estos escritos se encuentra uno con el título de "Iberia" y en él se describe tanto la geografía, como a los habitantes de aquella inhóspita y casi desconocida península antes de la llegada de los romanos. Aunque nunca estuvo en la península Ibérica, el geógrafo griego Estrabón compuso, en época del emperador Augusto, la primera descripción de estas tierras que ha llegado hasta nosotros. Pero obtuvo de sus predecesores las informaciones necesarias sobre su geografía: las dimensiones de sus costas, las ciudades principales que las jalonaban, los límites de algunas regiones del interior como Celtiberia y la forma de vida de sus gentes. Sin embargo, Estrabón mantuvo una postura crítica hacia sus predecesores, como muestran sus comentarios irónicos acerca de la credulidad excesiva de Artemidoro en su descripción del Promontorio Sagrado (el cabo de San Vicente, en Portugal) o sobre las exageraciones de Polibio y Posidonio, que contaban las numerosas aldeas que poblaban el territorio como verdaderas ciudades para engrandecer, de este modo, las hazañas de sus patronos romanos.
Según cuenta Estrabón los íberos eran de mediana estatura, morenos y enjutos; muy caballerosos, leales, de carácter indomable y muy buenos guerreros aunque también eran "indolentes, perezosos y odiaban todo lo extranjero. A los guerreros los describe así:
"... Los Íberos son muy guerreros, son peltastas (soldados de a pie) usan la jabalina, la honda, y el puñal. La infantería lucha junto a la caballería. Dos guerreros montan un mismo caballo, uno se baja y combate a pie. Los caballos saben ponerse de rodillas cuando se les ordena..."
De las mujeres dice:
"... Las mujeres trabajan la tierra y paren en el mismo campo, bajo un árbol y luego siguen trabajando..." ; "... El esposo es el que dota a la mujer y son la hijas quienes heredan y eligen las esposas para sus hermanos..." Y añade: "... tales costumbres apuntan a una ginecocracia (gobierno donde mandan las mujeres ) que no puede llamarse civilizada..."
Otras cosas que cuenta Estrabón sobre los íberos:
"... Arrojan desde lo alto de las rocas a los condenados a muerte, lapidan a los parricidas y exponen a los enfermos en los caminos , para que puedan recibir los consejos de los viajeros que hayan tenido la misma enfermedad..."
También cuenta que casi todos los pueblos de Iberia se sirven de la escritura "... la cual no es uniforme, porque no hablan los habitantes las mismas lenguas" y también es corriente el uso de monedas.
Escribe sobre la Turdetania, culta y rica en recursos terrestres y marítimos, regada por el Betis y muy romanizada. Habitada por los turdetanos que eran grandes navegantes con sus naves, las mayores que llegaban a Roma.
"... Los más cultos de los íberos son los Turdetanos (descendientes de los tartesios) " "...Los Turdetanos tienen muchos ríos salados por lo que han desarrollado la industria del salazón". "... En la Turdetania no hay animales dañinos a excepción de las liebres que es una plaga que afecta a toda la península."
Respecto a los íberos de las Baleares, dice: "Los moradores son de carácter pacífico. Son diestros en el manejos de la Honda de las que usan tres de diferentes tamaños, que se ponen en la cabeza, y las utilizan para larga , media o corta distancia, según su tamaño. Desde niños se acostumbran a manejarlas y es costumbre que los padres nieguen el pan a sus hijos hasta que no den por lo menos una vez en el blanco elegido...."
La minuciosa descripción de la costa mediterránea peninsular contrasta con la de los espacios interiores, mucho menos definidos. Su descripción contrapone claramente las regiones meridionales y levantinas, que habían recibido el impacto de la romanización, con casi todo el interior peninsular, un territorio mucho más agreste, primitivo y salvaje, que a pesar de la conquista todavía conservaba sus formas ancestrales de vida. Así, en contraste con el sur y el Levante, las regiones del norte y del interior ofrecen un panorama completamente diferente, con una topografía áspera y difícil que incluye montañas, bosques y llanuras de suelo pobre, lo cual dificulta la práctica de la agricultura tanto como las comunicaciones, favoreciendo el aislamiento de sus habitantes, cuya pobreza los había abocado al bandidaje desde mucho tiempo atrás. Estas gentes practican unas formas de vida que parecen haber quedado detenidas en el tiempo, a diferencia de las regiones meridionales y levantinas, que evolucionaron gracias a la presencia sucesiva de pueblos como fenicios, griegos, cartagineses y romanos.
Estrabón destaca las costumbres guerreras y las bárbaras formas de predicción entre los lusitanos, mediante la inspección de las entrañas de los prisioneros.
"La Lusitania está habitada por cincuenta tribus. Aunque el país es, en parte, rico en frutos y en ganado, en oro y plata, la mayoría de sus habitantes preferían el oro al cultivo de la tierra y vivían en continuas guerras entre sí y con sus vecinos del otro lado del Tajo."
Menciona la dieta de los habitantes de las montañas cantábricas a base de pan de bellotas, mantequilla y cerveza, sus danzas en común, dando saltos y poniéndose en cuclillas o cogidos de la mano (en algunas de las cuales también participaban las mujeres), sus sayales negros y sus vestidos floreados, y su tratamiento de los condenados a muerte arrojándolos desde un peñasco.
Destaca extrañas costumbres como el repugnante hábito de lavarse los dientes con o***a envejecida en cisternas, el hecho de dormir en el suelo o sobre lechos de paja, y la manera de dejarse el cabello largo como las mujeres. Algunos pueblos, como los galaicos, a los que considera muy valientes, no poseían dioses, y otros, como los celtíberos y sus vecinos del norte, hacían sacrificios a un dios sin nombre durante las noches de luna llena. Otros, como los cántabros, se entregaban con un insensato entusiasmo a la muerte antes que caer en manos de los romanos, y entonaban himnos de victoria mientras eran crucificados.
Estrabón, nos muestra un territorio muy diverso, que según él ha pasado de la barbarie a la civilización gracias a la conquista romana. Roma había terminado con las acciones de bandidaje sobre los territorios más prósperos y había impuesto por doquier las condiciones para la paz, con la reorganización del territorio, la fundación de nuevas ciudades y la construcción de grandes vías de comunicación.
Fuentes:
Geografía de Iberia. Estrabón. Trad. de Javier Gómez Espelosín.
Los griegos en Iberia. A. J. Domínguez Monedero. Sílex, 2007.
El ruedo ibérico.