20/01/2026
| Durante años, muchos creyeron que detrás de una página falsa o un perfil anónimo era posible difamar, humillar y destruir reputaciones sin consecuencias. Se pensaba que borrar publicaciones o cerrar cuentas bastaba para desaparecer, que nadie podría rastrear el origen de un ataque digital. Esa percepción hoy es completamente falsa.
En la actualidad, cada acción en internet deja evidencia técnica: direcciones IP, huellas de dispositivos, trazas de red, metadatos, patrones de comportamiento, registros de plataformas, audios, videos, imágenes y cruces de información. Todo este material puede ser levantado, analizado y presentado como prueba dentro de un proceso judicial. El anonimato absoluto ya no existe.
Difamar no es opinar. Inventar no es informar. Atacar no es libertad de expresión. Las fake news, las páginas trol y las campañas de acoso digital ya generan responsabilidad penal real. Cada vez más casos terminan en peritajes forenses, incautación de equipos, identificación de responsables y, en los escenarios más graves, p***s privativas de libertad.
Quien comparte una mentira también es responsable. Quien administra una página trol puede terminar frente a un juez. Creer que un perfil falso protege es uno de los errores más graves en la era digital. Internet dejó de ser tierra de nadie y quienes continúen utilizando las redes para destruir a otros no solo perderán sus cuentas: pueden perder su libertad.
Este análisis corresponde al Ing. Mg. Cristian Zuñiga Q., perito en criminalística, informática, telecomunicaciones, electrónica, redes de información, ciberseguridad y auditoría de audio, video e imágenes, calificado por el Consejo Nacional de la Judicatura de Pichincha.