22/04/2026
La Escuela Mujeres Rizomas de Vida nace de una certeza profunda: la vida no crece en línea recta, crece en red.
Su nombre viene de los rizomas, esas raíces que habitan lo invisible: bajo la tierra húmeda, en el corazón del manglar, en el fondo marino. Se extienden en múltiples direcciones, tocándose, reconociéndose, sosteniéndose.
No hay una sola raíz, hay muchas.
No hay un solo camino, hay entramados de vida.
Así somos las mujeres de nuestros pueblos.
Desde los manglares que respiran con la marea, desde el mar abierto que guarda memorias antiguas, desde los ríos y las riberas donde la vida se nombra en comunidad, las mujeres cholas, negras y montubias hemos aprendido a caminar como rizomas: conectadas, diversas, firmes en la defensa de la vida.
Cada encuentro es una raíz que se expande.
Cada palabra compartida, un brote nuevo.
Cada lucha, una red que se fortalece.
Nombrarnos Rizomas de Vida es también una posición política: reconocer que el conocimiento no viene de arriba ni de un solo lugar.
Nace desde abajo, desde lo profundo, desde los espacios de vida donde las mujeres cuidan, resisten, crean y sostienen la existencia misma.
Esta escuela es de los pueblos del manglar y del mar.
Es una construcción viva que camina con la fuerza colectiva de quienes habitan y defienden estos territorios.
Es parte del tejido organizativo de CCONDEM; se nutre de su historia, de sus luchas y de su horizonte. Se fortalece en la fraternidad con ASPROCIG y la Redmanglar Internacional, y se articula con la academia a través de la Universidad Católica.
La Escuela Mujeres Rizomas de Vida es, entonces, un lugar de encuentro, pero también de siembra, de pesca y de recolección.
Es también un espacio de expresiones creativas y de activismo: de música, de poesía, de gastronomía y de tecnologías al servicio de lo comunitario, donde el arte y la acción se entrelazan para defender la vida.
En este caminar, los ABIF espacios de vida hermosos y sabrosos son también parte del aprendizaje vivo, donde el conocimiento se siente, se comparte y se celebra en comunidad.
Un espacio donde las raíces se buscan, se abrazan y siguen creciendo juntas, incluso en las aguas más profundas, incluso en los suelos más difíciles.
Porque cuando las raíces se entrelazan, la vida no se rompe: se multiplica.