06/06/2026
El proyecto liberal y la educación laica
Por: Susana Freire García
Hoy que conmemoramos un año más del triunfo de la Revolución Liberal, liderada por el General Eloy Alfaro Delgado, nos permitimos compartir con ustedes, el extracto de este texto de autoría de Marcelo Villamarín titulado "Los orígenes del normalismo y el proyecto liberal", a través del cual destaca los principales aportes del liberalismo a favor de la educación, y la trascendencia que tiene hasta los momentos actuales, la implementación de la enseñanza laica, como símbolo del progreso, de modernidad, y de amor por la reflexión, la ciencia y el librepensamiento.
"No cabe duda que la educación ecuatoriana, hasta muy entrado el siglo XX, no pudo deshacerse de su pasado colonial: métodos obsoletos, contenidos morales y religiosos, proyección eclesiástica por sobre lo civil, etc., a pesar de los esfuerzos realizados por gobernantes como Vicente Rocafuerte y García Moreno. Probablemente el mayor logro 'de los intentos reformadores de estos y otros gobernantes, fue una relativa "democrati2aci 6n~ del sistema educativo, cuya cobertura se amplió significativamente en el lapso de casi un siglo de vida republicana. Según el informe presentado por el Ministro Alfredo Monge al Congreso de 1907, el número de escuelas había crecido de 170 en 1841 a 1.339 en 1906, y el número de alumnos de 4.874 a 69.654, en el mismo período. Aparte de eso, se había dado un paso muy impactante en este sentido, al crear escuelas también de señoritas. Sin embargo, desde el punto de vista ideol6gico, la educación responde a los intereses de la Iglesia Católica y a los sectores económicos-s sociales a ella ligados y se enmarca por lo mismo, dentro de lo que muchos sociólogos e historiadores denominan el "proyecto oligárquico feudal hacendatario".
EL PROYECTO LIBERAL
En estas condiciones, el Liberalismo finisecular elabora el discurso de una reforma educativa tendiente a liquidar los remanentes de la educación de origen colonial, centrada en las humanidades filosófico-teológicas, la retórica y el dogma, para reemplazarla por una educación orientada a la formación de ciudadanos capaces de responder a las necesidades del mundo moderno. Los intelectuales liberales proponen derrumbar los fundamentos de la sociedad tradicional, ubicados en la religión, representante del "oscurantismo" frente a la "civilización". Entre los principales se encuentra José Peralta, Ministro de Educación durante el Gobierno de Eloy Alfaro, que organiza su discurso alrededor de una matriz ideológica, caracterizada por el manejo de "oposiciones binarias" que sugieren la identificación de la religión y el clero con el oscurantismo y el atraso, en tanto la ciencia re presentaría las "luces de la civilización", cuya acción ha tropezado siempre y en todos los países "con la resistencia tenaz que ciertos centros tradicionales oponen a la civilización, y al perfeccionamiento progresivo de la sociedad". Esta resistencia se manifiesta principalmente en "la condena que el tradicionalismo ecuatoriano realiza, a nombre de la religión, a todas las ciencias que se han emancipado de la teología”. La ciencia constituye la luz que pretende penetrar en la "oscurecida conciencia de la muchedumbre", permanentemente alimentada por la acción del "monaquismo docente”. (…) Dicho proyecto se articuló alrededor de dos temas: 1) Enseñanza profesional científica y técnica; y, 2) educación laica. Y se asentó en una estrategia importante: la formación de maestros, a través de la creación de los institutos normales (…) Los métodos de enseñanza deben regirse por la orientación de las ciencias bio-psicológicas, que dan cuenta exacta de la naturaleza del niño y aconsejan la manera de proceder en la enseñanza, sin violentar dicha naturaleza. El memorismo deber ser sustituido por la reflexión, por el estudio atento de las cosas (…) En cuanto al principio de la educación laica, debemos señalar que este fue el eje del proyecto liberal, aun cuando su implantación debió sufrir un verdadero viacrucis, sobre todo debido a la fuerte oposición que desde ángulos diversos desataron el Clero y la Iglesia. Dicho principio se fundamentó, a su vez, en otros tantos postulados, como la neutralidad de la escuela frente a la religión, la gratuidad y obligatoriedad de la enseñanza e, íntimamente ligado a esto, la democratización de la educación. Las primeras expresiones del espíritu laico datan de 1899, pues aún en la Constitución de 1897, que refrendó el triunfo liberal, mantenía vigente el principio de que la "Religión Católica es la oficial de la República, con exclusión de todo culto contrario a la moral". Sin embargo, se dan ya los primeros pasos en la definición de laicismo, en la medida en que se introduce la libertad de enseñanza. Un primer paso, porque dicha libertad, siendo una concesión a la educación confesional y una garantía de que el Estado no interferirá con la Iglesia ni materia educativa, anuncia los derroteros preparados por el liberalismo. Será solo en 1905 cuando el Estado ecuatoriano oficialice el carácter laico de la educación, a través de la Ley Reformatoria de la Constitución. El artículo de esta ley, en efecto, declara que: "La enseñanza primaria oficial es esencialmente laica", postulado que será ampliado en la Constitución de 1906, al extender a la educación municipal el carácter seglar y laico. Es esta, probablemente, la mayor conquista liberal, a pesar de la historia de permanente claudicación que, frente a la poderosa injerencia de la Iglesia, ha caracterizado la trayectoria de la educación oficial, hasta nuestros días”.