Reseña Histórica del Bosque Protector La Perla
La mágica historia del Bosque Protector La Perla comenzó unos 66 millones de años atrás, con el nacimiento de la cordillera de Los Andes, en el período Cretácico tardío. La convergencia de la placa tectónica de Nazca contra la placa suramericana, dio paso lento, pero progresivo para la creación de la cordillera de los Andes, estructura montañosa que
partió a la Amazonía en dos. A razón del crecimiento de las montañas, el río Amazonas dejaría de correr al este y desembocar en el pacífico, como lo había hecho por millones de años. Las plantas y animales se encontrarían aislados del territorio amazónico y lentamente el clima cambiaría. Las nubes formadas mar adentro, ya no podían cruzar al vasto territorio amazónico, ahora, quedaban atrapadas en lo que ahora llamamos la costa. Todo cambió, los animales y las plantas tuvieron que adaptarse para sobrevivir en un mundo cambiante con volcanes y montañas que dividían el este del oeste. La evolución tomó su rumbo e hizo del bosque costero un nuevo ecosistema que nunca dejaría de ser hermano de sangre de la Amazonía, ya que compartía las mismas raíces evolutivas de miles de millones de años. Muchas especies de animales y plantas no sobrevivieron, otras evolucionaron y se adaptaron; algo que podemos ver y tocar con nuestros propios ojos, al visitar la Amazonía y el ecosistema que protege el Bosque Protector La Perla. Nos adelantamos millones de años a 1946, cuando un norteamericano de la Segunda Guerra Mundial llega al Ecuador, su nombre James Milton Whitney. Un alma aventurera y valiente que se adentra en la selva por 5 días a caballo, llegando a lo que ahora conocemos como La Concordia. Se enamora del lugar y compra al Estado Ecuatoriano a 40 kilómetros trocha adentro con rumbo al poblado de Quinindé lo que conocemos como El Bosque Protector La Perla. A finales de los 50, en un viaje a caballo a Quito, James conoce a Suzanne Sheppard, hija de un periodista/reportero que investigaba las Tzantza de la tribu amazónica Shuar. Tiempo después, se casan y forman una familia en el apartado y recóndito mundo de la selva costera ecuatoriana, a mediados de los 60, James y Suzanne, tienen a su única hija Lucia. Las tierras compradas al estado Ecuatoriano, venían con condiciones estrictas para la emisión de las escrituras de posesión, se tenía que talar el 60% de la selva en un plazo no mayor a 24 meses, o se perdería los fondos pagados por las tierras y serían desalojados por el gobierno de turno. Es por esta ley a uso de suelos de esa época, que actualmente la Hacienda La Perla tiene, 250 hectáreas de selva tropical húmeda que se conservan incólumes dentro de la propiedad y más de 170 hectáreas en zonas de amortiguamiento (bosque secundario maduro). James y Suzanne tuvieron que vivir la impotencia de ver como poco a poco la zona que tanto amaban, era desolada. Todo nuevo propietario que el gobierno asignaba nuevos lotes de tierra, eran talados, sin respetar el 40% de bosque que debían dejar según la ley. Fueron épocas de mucho estrés y protestas que no lograron cambiar el rumbo de esta zona, les tocó ver con ira como moría este hermoso ecosistema en manos de los colonizadores. James y Suzanne se dedicaron a cuidar y proteger el remanente de selva que ellos sí mantuvieron. La tarea no era nada fácil, puesto que se enfrentaba con todo aquello que quería ultrajar su selva, asumiendo actitudes drásticas si tenía que defenderla. El camino para proteger la selva del Bosque Protector La Perla, no fue fácil, las invasiones, la caza y tala eran pan de cada día. Aguerridos a sus armas y montados a caballos, hacían de guardianes de esta selva, sacrificio que dio frutos en el tiempo. Tras la muerte de James y Suzanne, se ha luchado por defender, salvar y educar a las personas sobre las últimas hectáreas de bosque tropical primario de toda la zona, este reto lo hemos asumido la familia Whitney a través de la Fundación Susan Sheppard, ONG que sigue con el legado de conservación que dejaron sus fundadores. Hoy por hoy, el Bosque Protector La Perla es un área protegida por la ley ecuatoriana y representa el único remanente de bosque tropical húmedo virgen del Chocó ecuatoriano en toda la provincia, y desafortunadamente, pronto será el único a nivel nacional como resultado de la tala discriminada de los pocos remanentes en la provincia de Esmeraldas. De todos los ecosistemas que tiene el Ecuador en su costa, sierra y Amazonía, el Bosque Tropical Húmedo del Chocó es el más devastado, con tan solo un 0,1% de sus bosques vírgenes en pie. Está en tus manos, estimado lector, que sucederá con esta fracción de bosques que nos quedan para las futuras generaciones.