04/04/2026
SÁBADO SANTO: LA SOLEDAD DE MARÍA.
Hoy la Iglesia guarda silencio…Un silencio lleno de dolor…Un silencio que acompaña a una Madre. La Virgen María está sola. Sin su Hijo Jesús.
Desde aquel día en el templo, cuando el anciano Simeón le anunció: “Una espada de dolor atravesará tu alma”, María comenzó un camino que culmina hoy… en la soledad.
El Evangelio nos la muestra firme, de pie junto a la cruz. Nadie pudo impedirle estar allí. El amor le dio la fuerza.
Contempló a su Hijo sufrir…lo vio morir. Y no solo aceptó, sino que lo ofreció. Por eso el sacrificio de Jesús fue también el sacrificio de María, porque ofreció lo más amado: su propio Hijo.
Su dolor es inmenso, indescriptible, pero su amor es aún mayor. Pero ese amor permanece… en la soledad.
Soledad es una palabra fría, profunda…
que hiere el alma. Porque es la soledad del que sufre sin consuelo, del enfermo olvidado, del emigrante lejos de su hogar, del anciano abandonado, del que vive sin Dios. ¡Cuántas soledades hay en el mundo!
Y todas, de alguna manera, las vivió María.
Su alma quedó envuelta en la noche, como un cielo sin estrellas.
Ya no está Jesús a su lado.El sepulcro guarda su cuerpo y el silencio lo envuelve todo.
Pero la soledad de María no es estéril, es fecunda. Es el misterio de un amor que sigue creyendo, que sigue esperando, que sigue amando…aun sin ver.
María, en su soledad, se convierte en Madre de todos. Madre del que llora...del que sufre, del que se siente solo, del que ha perdido la esperanza...
Ella comprende todas nuestras soledades
porque las ha vivido en su corazón.
Por eso hoy, en este día santo, le decimos:
Madre, acompáñanos en nuestras soledades.
Haznos sentir tu presencia.
Enséñanos a permanecer firmes en la fe, a abrazar la cruz y a confiar, incluso en la noche. Porque el silencio de hoy, no es el final.
Es la espera del amanecer de la Resurrección.
(Homilías del Padre Julián Lorente Lozano)