05/07/2026
Hay vidas que predican aun cuando guardan silencio. Así fue la vida de la Pastora Jacqueline Cortez.
Su legado no se mide por los años que vivió, sino por las huellas que dejó en cada corazón que alcanzó con amor, servicio y fe.
Fue una mujer que entendió que el verdadero ministerio no consiste solo en hablar de Cristo, sino en reflejarlo con su vida.
Su sonrisa transmitía paz, sus palabras daban esperanza y sus brazos siempre estuvieron abiertos para consolar, aconsejar y levantar al que lo necesitaba.
Hoy su partida deja un vacío difícil de llenar, pero también deja un ejemplo digno de imitar.
Nos enseñó que amar a Dios es servir a las personas, que la grandeza está en la humildad y que una vida rendida a Cristo nunca pasa en vano.
Aunque hoy sus labios han callado en la tierra, el eco de su fe seguirá resonando en las generaciones que fueron alcanzadas por su ministerio. Su obra continúa en cada vida transformada, en cada discípulo formado y en cada corazón que aprendió a amar más a Jesús gracias a su testimonio.
Nos queda el consuelo de saber que quienes viven para Cristo nunca dicen un adiós definitivo, sino un "hasta pronto". Hoy la Pastora Jacqueline descansa en la presencia de Aquel a quien amó y sirvió con todo su corazón.
"He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe." (2 Timoteo 4:7)
Que el legado de amor, fidelidad y entrega de la Pastora Jacqueline Cortez inspire a muchos a seguir corriendo la carrera de la fe hasta encontrarse un día con el Señor.