22/09/2026
En la segunda edición de Entre vinos y quesos, volvimos a encontrarnos entre matrimonios, alrededor de una copa de vino, para conversar sobre un tema sensible pero profundamente humano: las heridas que no empezaron en nuestra relación, pero que pueden hacerse presentes en ella.
Nuestra historia deja aprendizajes, expectativas y sensibilidades. Por eso, una palabra, un silencio o una situación actual pueden activar emociones cuya intensidad no se explica únicamente por lo que acaba de suceder. Nuestra pareja puede tocar una herida que no provocó y, sin querer, terminar viviendo sus consecuencias.
Reconocerlo no significa buscar culpables en el pasado ni abrir una puerta para quedarnos en lo que duele. Significa comprendernos mejor: aprender a reconocer nuestros disparadores, poner palabras a lo que nos pasa y distinguir cuánto pertenece al presente y cuánto puede estar amplificado por nuestra propia historia.
Y hacerlo en pareja abre una posibilidad todavía más valiosa: mirar la vulnerabilidad del otro con mayor comprensión y menos defensa.
Entre conversaciones, preguntas, vino y algo para compartir, volvimos a recordar por qué vale la pena hacernos espacio como matrimonio. No solo para hablar de lo que hacemos o tenemos pendiente, sino también para seguir conociendo a la persona con la que compartimos la vida.
Porque comprender de dónde viene una reacción no la justifica ni nos condena a repetirla. Puede ayudarnos a responder con más libertad y a dejar de discutir por cosas que, en el fondo, empezaron mucho antes de nosotros.
💙 Gracias a cada pareja que se regaló este tiempo para mirarse, escucharse y seguir construyendo su historia juntos. Y gracias a Trinidad -nuestra invitada- por cada reflexión compartida.