08/09/2026
El acto de alzar un altar no es solo una expresión de fe; para las mujeres trans, es un acto de soberanía espiritual."Históricamente, las ideologías religiosas dogmáticas han usado la fe como una herramienta de exclusión, intentando arrebatarles la posibilidad de habitar lo sagrado y juzgando sus identidades. Ante la violencia de un Dios punitivo e impuesto por instituciones que las rechazan, ellas no abandonaron la espiritualidad: la recuperaron, la redefinieron y la trajeron de vuelta a la tierra.
Para mantener la fe viva, las mujeres trans han construido sus propios altares desde la resistencia, combinando la memoria ancestral, la cultura y la conexión profunda con la Pachamama. En estos espacios sagrados —donde se cruzan el humo del incienso, las velas encendidas, las flores y las aguas espirituales— no hay espacio para la culpa. Hay una búsqueda genuina de paz, protección y sanación para el alma.
La devoción hacia los Orishas y las deidades de matriz africana, la Santa Muerte o los santos populares responde precisamente a esa necesidad de encontrar una espiritualidad que no condena la marginalidad, sino que abraza al perseguido. Son deidades y fuerzas que entienden el dolor, la transformación, la batalla diaria y la supervivencia. En la regla de Ocha (Santería) o en la tradición orisha, la naturaleza y la fuerza vital de las cosas no entienden de dogmas morales humanos; entienden de ase, de fuerza y de respeto a la vida. Del mismo modo, la Santa Muerte se convierte en una figura materna e imparcial que no juzga la identidad ni el trabajo, ofreciendo un amparo real donde las religiones tradicionales solo ofrecen condena.