09/08/2026
Durante cuatro días, el Sesshin fue nuestra morada.
Estuvimos juntos en el silencio, en el zazen, en el cansancio y en la respiración. Sin construir nada que nos perteneciera, la práctica misma fue nuestra casa.
Hoy queda la gratitud.
Gratitud a cada uno de los participantes por su presencia, su esfuerzo y su entrega. Y una gratitud especial a nuestra maestra Berta, por su guía y por sostener con nosotros el espacio de la práctica.
Pero, más profundamente, nuestra gratitud se dirige a la realidad tal como es, que silenciosamente reunió las condiciones para que este Sesshin pudiera acontecer: cada persona, cada instante, cada esfuerzo, cada silencio.
Que esta gratitud no sea solamente una palabra, sino una palabra enraizada en el corazón; que se vuelva práctica, presencia y forma de vivir, en armonía con los Preceptos.
Ikkyū dice:
«Mi verdadera morada
no tiene pilares
ni techo alguno;
la lluvia no puede mojarla,
ni el viento alcanzarla.»
Durante cuatro días, el Sesshin fue nuestra morada.
Sin techo.
Sin pilares.
Sin nada que sostener.
Solo sentados, respirando,
siendo lo que es.
Gasshō. 🙏