Fundacion Juvenil Batey 1

Fundacion Juvenil Batey 1 Fundación Juvenil Zona Cañera Funjuenzoca.

Es una organización sin fines de lucro creada para brindar ayuda a las personas más vulnerables, realizando visitas medicas, alimenticias, colaborar con las madres solteras y niños de escasos recursos.

20/09/2026
19/09/2026

Ayer eché de mi propia casa a la mujer con la que me iba a casar en un mes.

Pensé que era el amor de mi vida. Hasta que vi cómo trató a mi abuela en nuestra propia fiesta de compromiso.

Mi abuela doña Lucha me crió desde que yo era un niño. Es una mujer de campo, de manos ásperas y ropa humilde, pero con un corazón gigante. Hizo tamales y un pastel casero para festejar nuestro compromiso y viajó desde su pueblo para darnos la sorpresa.

Cuando llegó a la casa con sus canastitas, mi prometida la frenó en la puerta.

—Ay, no. ¿Qué es eso? —le dijo tapándose la nariz.

—Les traje un cariñito, mija. Para celebrar —respondió mi abuela, con una sonrisa cansada pero feliz.

Mi novia se cruzó de brazos y la miró con asco.

—Mire, señora. Esta es una fiesta de nivel. Mis amigas de la empresa están allá adentro. Váyase a la cocina por la puerta de atrás y deje sus cosas ahí. No quiero que me ponga en vergüenza oliendo a humo frente a mis invitados.

Yo venía bajando las escaleras y escuché todo.

Vi cómo los hombros de mi viejita se hundían. Sus ojitos se llenaron de lágrimas mientras intentaba darse la vuelta para irse por el callejón de servicio sin hacer ruido.

La sangre me hirvió de golpe.

Caminé directo hacia la puerta. Mi novia me miró sonriendo, creyendo que yo iba a apoyarla.

No sabía el error tan grande que acababa de cometer. Y mucho menos se imaginaba el secreto familiar que escondían esos simples "tamales de pueblo".

La tomé del brazo enfrente de todos sus invitados de lujo y le dije algo que le borró la sonrisa para siempre...

Continuación en los comentarios.

17/09/2026

Dejé a mi esposo después de 7 años de matrimonio. No me pegaba, no me era infiel y era buen proveedor. Mi mamá me dijo llorando: "¿Estás loca? ¿Qué más quieres?".

Quería sentirme viva.

Para todos, Roberto era el marido perfecto. Pagaba las cuentas y llegaba a su hora. Pero de puertas para adentro, yo era un mueble más en la casa.

En la cama, todo terminaba en cinco minutos. Siempre era lo mismo. Sin ganas, sin pasión. Él se volteaba a roncar y yo me quedaba mirando el techo, sintiéndome fea, vacía y completamente sola.

Una noche no aguanté más y se lo dije.

—Roberto, no soy feliz. Me siento ignorada. No me tocas, ni siquiera me miras.

—Ay, Elena, por favor —me respondió molesto, sin dejar de mirar su celular—. Tienes una casa, comida y tarjeta. No te falta nada. Ya no somos unos adolescentes para andar con esas cosas.

Esa frase me mató. "No te falta nada".

Me faltaba todo. Me faltaba sentirme deseada. Me faltaba ser mujer, no solo la señora que le lava la ropa y le sirve la cena.

Ayer tomé la decisión definitiva. Hice mis maletas en silencio mientras él trabajaba.

Pero cuando estaba a punto de salir por la puerta con mis cosas, la pantalla de su iPad se encendió en la mesa de la sala.

Llegó un mensaje. No era de otra mujer.

Era algo mucho peor que explicaba exactamente por qué llevaba años sin quererme tocar en la cama. Leí las primeras dos líneas y sentí que me faltaba el aire.

Continuación en los comentarios.

17/09/2026

La policía me dijo que diera a mi esposo por mu**to. Pero el narco más temido del país pensaba distinto.

Mateo llevaba tres días secuestrado. Según las noticias, cayó en manos de un cartel enemigo por estar en el lugar equivocado. Yo estaba destruida. Lloraba en la sala, abrazando la camisa de mi marido, un simple mecánico de barrio que no se metía con nadie.

Hasta que anoche, tres camionetas blindadas frenaron de golpe frente a mi casa.

La puerta de mi sala se abrió. Entró él. El hombre que sale en todos los noticieros. El jefe supremo del que todos hablan en susurros.

Me quedé congelada. Creí que venían a matarme a mí también.

Se quitó el sombrero, se sentó en mi sofá y me miró directo a los ojos.

—No llore más, señora —me dijo con voz ronca y calmada—. Vengo a buscar a mi muchacho.

—Mi esposo es un mecánico... no tiene nada que ver con ustedes —balbuceé, temblando de terror.

Él soltó una risa seca y fría.

—Su esposo, señora, es el cerebro de mis operaciones. Y esos perros se equivocaron al llevárselo. Súbase a la camioneta. Vamos a recuperarlo.

No tuve opción. Manejamos dos horas hasta una bodega abandonada a las afueras de la ciudad. El jefe bajó con cincuenta hombres armados.

Se escucharon gritos. Después, un in****no de balas que duró diez minutos eternos. Yo tapaba mis oídos, rezando para que Mateo estuviera vivo.

De pronto, se hizo un silencio sepulcral.

La puerta de la bodega se abrió. El jefe salió caminando, arrastrando a alguien cubierto de sangre.

Corrí hacia ellos llorando. Pero cuando vi el rostro del hombre que traía, mis piernas no respondieron.

No podía creer lo que estaba viendo. Mi esposo no era la víctima. Y el oscuro secreto que escondía dentro de esa bodega lo cambiaba absolutamente todo.

Continuación en los comentarios.

25/07/2026

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