Este libro del ingeniero Leonardo de Jesús Reyes Madera recoge y actualiza el grito desesperado que viene exponiendo la Sociedad Dominicana de Sismología e Ingeniería Sísmica (SODOSISMICA) desde su nacimiento en 1977 y de la cual el autor se cuenta entre sus fundadores. A pesar de que en 1979 SODOSISMICA tuvo la oportunidad de redactar las Recomendaciones Provisionales para el Análisis Sísmico de
Estructuras (RPAS) que han regulado el diseÒo de las edificaciones del país desde entonces, y de que desde su seno surgió en el ano 2002 la Oficina Nacional de Evaluación Sísmica de la Vulnerabilidad de Infraestructura y Edificaciones Existentes (ONESVIE) que pretende evaluar la masa construida antes de 1979, a fin de corregir sus deficiencias y/o demoler las que por sus condiciones y costos así lo aconseje el experticio técnico, el país y los gobiernos que se han sucedido en estos m·s de treinta aÒos no parecen haber asumido en forma permanente la responsabilidad que exige la conciencia de vivir en una zona de actividad sísmica. En los últimos 25 años se han celebrado en el paÌs decenas de seminarios y conferencias internacionales y locales, asÌ como cursos y charlas y presentaciones por televisión. Se han publicado más de 4,000 páginas de artículos técnicos y científicos relativos a la sismicidad de la isla, y aún no aparecen señales de que la clase empresarial y la masa pensante del país hayan comprendido que se pueden implementar medidas que permitan disminuir el impacto del próximo terremoto salvando muchas vidas y conservando el patrimonio físico que con tanto sacrificio han levantado las sucesivas generaciones que nos ha precedido con una visión menos informada que nosotros sobre nuestra realidad. En 1842 había ocurrido un gran terremoto en la misma costa norte más al Oeste frente a Cabo Haitiano cuyos daños alcanzaron tal nivel que Boyer tuvo que hacer regresar casi todos los recursos humanos desde la parte española, lo que a juicio de algunos profesionales creó las condiciones para el grito de la Independencia Dominicana de 1844, o lo que, desde entonces muchos llamamos a este terremoto como el sismo de la independencia. El pánico cedió a una calma sospechosa y desconfiada con la visita del padre Joseph Lynch de la Universidad de Fordham. Pero desde aquel violento recordatorio de nuestra sismicidad hasta la adopción de las RPAS habían transcurrido 33 años sin que nuestras edificaciones fueran dotadas de las características técnicas para resistir las solicitaciones generadas por aquel tipo de evento. Hubo la tendencia a considerar el terremoto como un castigo de Dios por nuestros pecados y aún en nuestros días muy pocos considera el suceso como lo que dijo el padre Lynch, en su conferencia en la Universidad de Santo Domingo, que se trataba de un fenÛmeno natural por el cual debÌamos dar gracias, pues evita que alguna vez estalle el globo en que vivimos y que habÌa ocurrido antes y seguir· ocurriendo en el futuro. Reyes Madera ha logrado redimensionar los daños causados por el terremoto del 4 de agosto de 1946 gracias a un conjunto de fotografías tomadas por una reportera aficionada coincidencialmente en San Francisco de Macorís y a una investigación exhaustiva de los reportajes de prensa de la época donde se recogen el estupor general de la población y las medidas implementadas por el gobierno y las asociaciones particulares para mitigar las condiciones de desamparo en que quedaron las comunidades afectadas. Más que una historia de lo sucedido, el autor ha querido aprovechar el relato para reclamar el abandono de la indiferencia general del país e invitar a enfrentar nuestra realidad con los mecanismos que el desarrollo de las ciencias nos provee. Un examen de la respuesta del estado al pequeño sismo del 22 de septiembre de 2003, que afectó a Puerto Plata, nos demuestra que la actitud no ha cambiado en los 63 años que van desde 1946. Esta labor del Ing. Reyes Madera, intenta tocar la sensibilidad de la conciencia moderna del país,-independiente de la actitud oficial- ya que señala reiteradamente a las universidades como responsables de la formación de profesionales a quienes les entregan títulos que los acreditan frente a la sociedad, como capaces de erigir estructuras aptas para resistir exitosamente todos los eventos naturales a que está sujeto el paÌs, derivados solo de su posición geográfica y geológica, condición que al día de hoy todavía no se satisface. Tenemos la esperanza de que EL DÍA DEL TERREMOTO consiga aunque sea parcialmente su noble objetivo. Rafael Corominas Pepín