27/05/2026
No mueren por dar a luz. Mueren por ser pobres, por ser jóvenes, por vivir lejos, por ser racializadas.
La investigación Madres Invisibles confirma algo que muchas familias ya sabían: la mortalidad materna no empieza en la sala de partos. Empieza mucho antes, en cada eslabón donde el Estado dejó de cuidar a esa niña, a esa adolescente, a esa mujer.
En provincias como Independencia, Hato Mayor, Monte Cristi, Monte Plata y Azua, el riesgo de morir siendo madre duplica o triplica el promedio nacional. No porque ahí nazcan más bebés, sino porque ahí el sistema es más frágil.
Y mientras se sigue repitiendo que el problema es la nacionalidad de quien pare, los datos del propio Estado lo desmienten: las muertes maternas de mujeres dominicanas aumentaron, las de mujeres haitianas descendieron, y la cifra total se mantuvo casi igual.
El problema es un sistema que falla a las mujeres pobres, rurales y jóvenes, sin importar de dónde vengan.
Si el sistema protegiera igual la vida de todas las mujeres, estas muertes no ocurrirían.
Investigación Madres Invisibles · CIPAF 2026
Campaña en alianza con AGARESO y el apoyo de la Xunta de Galicia.