08/07/2026
Hace más de 20 años fundé la Fundación Ana Rodríguez (FUNDAR) con un sueño claro: tender una mano a quienes más lo necesitan, especialmente en mi comunidad de La Peñita Abajo, Loma de Cabrera.
La vida, sin embargo, cambió mis planes. En 2012, tras mi divorcio, tuve que enfocar todas mis fuerzas en salir adelante. Entré en modo supervivencia y, con mucho dolor, la fundación quedó en pausa.
Pero los sueños que nacen del corazón nunca desaparecen; solo esperan el momento adecuado para volver a florecer.
Con los años entendí algo que transformó mi manera de servir: la ayuda más valiosa no es la que resuelve una necesidad por un día, sino la que deja conocimientos para toda la vida. Cuando enseñamos, damos herramientas, despertamos talentos, fortalecemos la autoestima y sembramos esperanza.
Por eso hoy FUNDAR renace con una nueva visión: educar para transformar vidas. Creemos en los niños, porque en cada uno hay un futuro que espera una oportunidad.
Cada palabra de inglés que aprenden, cada habilidad que desarrollan y cada valor que reciben es una semilla que dará frutos para sus familias, sus comunidades y su país.
Este no es solo el regreso de una fundación. Es el renacer de un propósito que nunca dejó de vivir en mi corazón: demostrar que la educación sigue siendo el acto de amor más grande y la herramienta más poderosa para cambiar el mundo, un niño a la vez.