29/09/2026
DOSIS DE VIDA 🌿 #88
LAS HISTORIAS QUE NO SE CUENTAN
Buenos días.☀️🌞
El sol brilla más que nunca.
Ayer vimos la luna correr sobre nuestro cielo y hoy volvemos a ver comenzar un nuevo día.
Un día pasa y otro llega.🌤️
Y eso también es parte de la gracia de Dios: el movimiento, el orden, la creación funcionando conforme a aquello que Él estableció.
Todo fue creado con propósito.
Pero hoy quiero recordar una expresión del predicador Salomón, hijo de David:
“He visto todas las obras que se hacen debajo del sol.”
Y yo también quiero detenerme hoy a mirar algo que ocurre debajo del sol.
No quiero traer una palabra para juzgar a alguien.
Quiero traer una palabra para reflexionar.
Porque una cosa es aplicar una ley, y otra cosa es detenernos a preguntarnos qué está ocurriendo en el corazón de una sociedad antes de que sea demasiado tarde.
Jesús se encontró en una ocasión frente a una mujer que había sido encontrada en adulterio.
La llevaron delante de Él.
Ya estaba condenada por quienes la rodeaban.
Las piedras estaban preparadas.
La sentencia parecía estar escrita.
Pero Jesús dijo:
“El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella.”
Y aquella escena me hace pensar.
Porque Jesús no ignoró el pecado.
Pero tampoco permitió que el pecado de una persona se convirtiera en una excusa para destruirla.
Jesús miró a la mujer.
Y Jesús también miró más allá del momento.
Por eso hoy quiero detenerme aquí.
Porque mientras nosotros hablamos, mientras trabajamos, mientras dormimos, mientras nuestros hijos van a la escuela, mientras una familia se reúne a comer…
hay mujeres viviendo historias que todavía nadie conoce.
Hay mujeres que están siendo violentadas emocionalmente.
Hay mujeres que están siendo controladas.
Hay mujeres que viven bajo amenazas.
Hay mujeres que han aprendido a callar para evitar una discusión.
Hay mujeres que dejaron de contar lo que les ocurre porque cuando hablaron nadie les creyó.
Hay mujeres que tienen miedo de regresar a su propia casa.
Y hay mujeres cuya historia terminó en una muerte que quizás muchos llaman simplemente “un crimen”, pero que detrás dejó hijos, padres, hermanos, amigos y comunidades enteras preguntándose:
¿Qué pasó antes?
Esa pregunta me persigue:
¿Qué pasó antes?
¿Había señales?
¿Alguien las escuchó?
¿Alguien sabía?
¿La familia sabía?
¿La comunidad sabía?
¿La institución sabía?
¿Alguien recibió una llamada?
¿Alguien escuchó una amenaza?
¿Alguien vio el miedo en sus ojos?
¿Alguien pudo haber intervenido?
Y después del crimen…
¿qué ocurrió?
¿Hubo justicia?
¿Se investigó?
¿Se esclareció?
¿O aquella historia terminó archivada entre papeles mientras una familia aprendía a vivir con una ausencia que jamás volverá a llenarse?
Porque quiero hacer una distinción que para mí es profundamente importante:
esclarecer un crimen no significa necesariamente que haya habido una condena.
Una investigación puede avanzar, una persona puede ser identificada como sospechosa o imputada, y aun así el proceso judicial seguir otro camino.
Por eso no quiero utilizar las palabras “justicia” y “esclarecimiento” como si fueran exactamente lo mismo.
Son cosas diferentes.
Y detrás de cada expediente hay una vida.
En 2024, Naciones Unidas estimó que aproximadamente 50,000 mujeres y niñas fueron asesinadas por sus parejas o por familiares en todo el mundo: alrededor de una cada diez minutos. (ONU Mujeres)
Y en América Latina y el Caribe, CEPAL registró al menos 3,828 mujeres víctimas de femicidio, feminicidio o muertes violentas por razones de género durante 2024, según la información oficial disponible de 26 países y territorios. (CEPAL)
Pero quiero que entendamos algo:
una estadística no llora.
Una estadística no abraza a sus hijos.
Una estadística no vuelve a sentarse a la mesa.
Una estadística no vuelve a llamar por teléfono.
Una estadística no tiene una madre que todavía espera escuchar su voz.
Por eso detrás de cada número hay una historia.
Y algunas historias nunca pudieron ser contadas.
La Organización Mundial de la Salud estima que casi una de cada tres mujeres en el mundo ha experimentado violencia física o sexual a lo largo de su vida. (Organización Mundial de la Salud)
Entonces hoy quiero hablarles a los hombres.
No para condenarlos.
Para llamarlos a examinarse.
Cuida tu mente.
Cuida lo que alimentas.
Cuida la manera en que manejas el rechazo.
Cuida tu ira.
Cuida tus palabras.
Cuida aquello que justificas cuando nadie te está mirando.
Porque antes de que una mano levante un arma, un objeto o un puño, muchas veces hubo algo ocurriendo en la mente, en las emociones, en las palabras y en las conductas.
Y no estoy diciendo que toda violencia siga exactamente el mismo camino.
Estoy diciendo que debemos aprender a reconocer aquello que no debemos normalizar.
La violencia emocional también deja heridas.
El control también destruye.
La humillación también destruye.
La amenaza también destruye.
El miedo permanente también destruye.
Y una persona puede estar respirando y, sin embargo, estar viviendo una historia que la está destruyendo por dentro.
Ahora quiero hablarle también a la mujer.
No todo lo que comienza bien termina bien.
Y reconocerlo no significa vivir desconfiando de todo el mundo.
Significa aprender a observar.
Aprender a escuchar.
Aprender a reconocer aquello que te hace daño.
No llames amor a todo lo que se presenta como amor.
No confundas control con cuidado.
No confundas celos con compromiso.
No confundas miedo con respeto.
Y no permitas que alguien te convenza de que tu sufrimiento es el precio que debes pagar para conservar una relación.
Hay historias que comenzaron con una sonrisa.
Con una promesa.
Con una flor.
Con una palabra hermosa.
Y terminaron convirtiéndose en historias que nadie se atrevió a contar.
Por eso esta palabra se llama:
LAS HISTORIAS QUE NO SE CUENTAN.
Porque algunas mujeres fueron silenciadas.
Y algunas otras continúan vivas, pero todavía están viviendo en silencio.
Y quiero decir algo más:
los daños pueden permanecer mucho después de que el acto de violencia haya terminado.
Hay hijos que crecen preguntándose por qué su madre no volvió.
Hay familias que aprenden a vivir con una silla vacía.
Hay niños que recuerdan una escena durante toda su vida.
Hay mujeres que sobreviven, pero tienen que reconstruir su confianza, su seguridad y su manera de relacionarse con el mundo.
Por eso hoy no quiero que solamente miremos la muerte.
Quiero que miremos lo que ocurre antes y lo que permanece después.
Porque quizás todavía estamos a tiempo de escuchar una historia que alguien está intentando contar.
Quizás alguien necesita que le creamos.
Quizás alguien necesita que la acompañemos.
Quizás alguien necesita ayuda profesional.
Quizás alguien necesita protección.
Quizás alguien necesita que dejemos de decirle:
“Eso no es para tanto.”
Y empecemos a preguntarle:
“¿Estás segura?”
“¿Necesitas ayuda?”
“¿Cómo puedo acompañarte?”
Hoy levanto mi voz por las mujeres.
Por las que están vivas.
Por las que sobrevivieron.
Por las que todavía tienen miedo.
Por las que no pudieron escapar.
Por las que fueron asesinadas.
Por sus hijos.
Por sus madres.
Por sus familias.
Y también levanto mi voz para decirle a los hombres:
ser hombre no es dominar.
Ser hombre no es intimidar.
Ser hombre no es controlar.
Ser hombre no es destruir aquello que un día dijiste amar.
La Palabra de Dios enseña al esposo a tratar a su mujer con honor y consideración, reconociéndola como vaso más frágil.
Y para mí esto no es una licencia para tratar a una mujer como débil.
Es un llamado a honrarla, proteger su dignidad y reconocer su valor.
Hoy no quiero lanzar piedras.
Quiero hacer preguntas.
Porque quizás una pregunta hecha a tiempo puede abrir una puerta.
Y quizás una puerta abierta a tiempo puede salvar una vida.
¿Qué pasó antes?
¿Quién sabía?
¿Quién escuchó?
¿Quién vio?
¿Quién calló?
¿Quién pudo ayudar?
Y después…
¿Qué pasó con la historia?
Porque hay historias que terminan en un expediente.
Pero para una familia nunca terminan.
Hay historias que terminan en una tumba.
Pero para los hijos continúan durante toda la vida.
Hay historias que nunca llegan a los periódicos.
Pero Dios las vio todas.
Y por eso hoy quiero dejarte esta pregunta:
¿Qué historia está ocurriendo cerca de ti que todavía nadie se ha detenido a escuchar?
No pases de largo.
No normalices el dolor.
No calles frente a la violencia.
No esperes a que una historia se convierta en una estadística para reconocer que algo estaba pasando.
Porque algunas historias pueden contarse.
Algunas pueden escucharse.
Algunas pueden atenderse.
Y algunas vidas todavía pueden ser protegidas.
Esta es mi Dosis de Vida de hoy.
Dios te bendiga.
Si deseas caminar con nosotros en este tiempo de palabra, reflexión y crecimiento, puedes formar parte de nuestra comunidad de WhatsApp, conocer nuestros proyectos, acompañar el movimiento PARTERAS y seguir nuestro contenido en Facebook.
𝕬𝖕𝖔𝖘𝖙𝖔𝖑 𝖘𝖚𝖘𝖆𝖓𝖆 𝖙𝖆𝖛𝖆𝖗𝖊𝖟👑
“Hay historias que no se cuentan porque fueron silenciadas.
Pero mientras haya alguien dispuesto a escuchar, todavía podemos hacer algo.”