01/12/2025
DESDE EL CORAZÓN DEL PADRE
Salmo 103:2-5 Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila.
Salmo 103:3 nos revela el corazón generoso de Dios que desea tanto perdonar como sanar. Sin embargo, existe una tendencia natural en el corazón humano a buscar las bendiciones de Dios (incluyendo la sanidad), sin cultivar una relación profunda con Él que incluya el arrepentimiento y fe bíblica.
La cultura contemporánea nos anima a ser indulgentes con nosotros mismos, a "no ser tan duros" y a "aprender a perdonarnos" como si el Evangeliose tratase de eso en lugar,de Dios personándonos en Cristo.
No debemos ser extremistas, sino sobrios, sensatos, entendidos y equilibrados conforme a Eclesiastés 7:16: "No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso; ¿por qué habrás de destruirte?".
Necesitamos un adecuado equilibrio entre ambos extremos o posiciones, es decir, "no ser mórbidos y legalistas" (1 Juan 1:9; Romanos 5:8), pero tampoco se "negligentes , ni superficiales" (Salmos 32:3-5; 2 Corintios 11:30-32).
Por un lado, debemos entender en su justa proporción, que el perdón de nuestras iniquidades por parte de Dios, no depende de un agudo, ni perspicaz balance o proceso de inquisición de nuestros pecados de manera 100% consciente, así como tampoco debemos ser superficiales, ni simplistas al momento de reflexionar sobre ello.
No toda enfermedad es resultado directo de un pecado específico, pues las Escrituras muestran claramente que no siempre es así (Job, el hombre ciego de nacimiento en Juan 9:1-3 y Pablo con su aguijón en 2 Corintios 12).
Pero tampoco significa que debamos completar un inventario exhaustivo de pecados antes de que Dios pueda obrar en nosotros, pues Su gracia nos alcanza aún en nuestra imperfecta comprensión de nosotros mismos (Romanos 5:8).
Dios conoce nuestra fragilidad y "se acuerda de que somos polvo" (Salmo 103:14, ¡en el mismo Salmo!).
Salmos 103:3 nos enseña que existe una conexión entre nuestra vida espiritual y nuestro bienestar integral. Cuando evitamos confrontar honestamente nuestro pecado, minimizándolo, normalizándolo o disfrazándolo con lenguaje contemporáneo que le resta seriedad, podemos estar obstaculizando la obra completa que Dios desea hacer en nosotros.
Dios no está obligado a obrar en un corazón superficial, pero la buena noticia es que la salvación no depende de una extraordinaria capacidad de autoexamen, sino del Espíritu Santo que "escudriña todo, aún lo profundo de Dios" (1 Corintios 2:10) y que puede revelarnos aquello que necesitamos confesar. Y cuando lo hacemos, encontramos a un Dios "fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad" (1 Juan 1:9), además de avanzar hacia la madurez en el Camino de la Salvación en Cristo por la fe y en arrepentimiento.
Salmos celebra la Gracia integral de Dios, pero exige sinceridad espiritual (no superficialidad ni legalismo).
La verdadera sanidad y perdón fluyen de una vida entregada a Su guía, no de fórmulas humanas (Hebreos 4:12-13).
Necesitamos es una disposición honesta ante Dios, una voluntad de llamar al pecado por su nombre cuando Él lo revela, y una resistencia a la tendencia cultural de suavizar aquello que necesita ser confrontado. Desde esa postura de honestidad, podemos descansar en la seguridad del perdón completo en Cristo.
Es clave recordar Sus beneficios (v.2) para caminar en equilibrio y dependencia total de Él, pero sin anular el valor de una buena y concienzuda autoexamen, no para ser salvos, sino para crecer en la salvación, madurar y dar fruto que permanezca.
Isaías 53:5 Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; sobre él recayó el castigo de nuestra paz, y por su llaga fuimos nosotros curados.