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AECA Asociación de Empresarios Cubanos en América

🇨🇺Todavía hay gente buena🇨🇺Hay una Cuba que se conoce en la puerta de una casa, cuando alguien llama para preguntar: «Ve...
21/10/2026

🇨🇺Todavía hay gente buena🇨🇺

Hay una Cuba que se conoce en la puerta de una casa, cuando alguien llama para preguntar: «Vecina, ¿usted ha comido hoy?».

Una Cuba que aparece cuando se va la corriente y una familia guarda en su refrigerador lo poco que otra teme perder. Cuando alguien consigue un medicamento y recuerda al vecino que lleva días buscándolo. Cuando una persona cocina un poco más porque sabe que, al otro lado de la pared, hay un anciano solo.

En medio de tantas dificultades, esos gestos merecen ser contados.

Las carencias desgastan. La preocupación por la comida, la enfermedad, el transporte y el dinero puede consumir las fuerzas de cualquiera. Sería injusto exigirles a quienes apenas pueden con sus problemas que también encuentren cómo resolver los ajenos. Por eso conmueve tanto cuando alguien hace un espacio para ayudar.

No siempre se comparte lo que sobra. A veces se divide lo que apenas alcanza.

Un plato de comida. Un poco de café. Un viaje hasta el hospital. Un rato de compañía para que quien cuida a un enfermo pueda descansar. La llamada de un vecino que pregunta si hace falta algo antes de salir.

Son ayudas concretas, muchas veces discretas. No llevan cámaras ni esperan aplausos. Pero para quien las recibe pueden significar un día menos de angustia, una noche menos de soledad o la tranquilidad de saber que alguien está pendiente.

También hay solidaridad entre quienes están dentro y quienes viven fuera. Un hijo que manda medicinas para su madre y pregunta qué necesita la vecina. Un emigrado que reconoce en un pedido de ayuda el nombre de alguien de su barrio. Personas que se organizan para apoyar a una familia con la que quizá nunca han hablado.

La distancia cambia la manera de ayudar; el afecto encuentra cómo llegar.

Nada de esto convierte la necesidad en algo hermoso. Ninguna familia debería depender de una colecta para atender una urgencia, ni un anciano de la buena voluntad de sus vecinos para poder comer. Reconocer esa solidaridad también obliga a reconocer el peso que tantas personas están cargando.

Y quienes ayudan también se cansan. También necesitan que les pregunten cómo están, que los acompañen, que alguna vez les toque recibir.

Desde AECA queremos dar espacio a esa humanidad cotidiana. A quienes comparten sin humillar. A quienes preguntan antes de juzgar. A quienes ayudan sin exigir una opinión política, una explicación o una deuda de gratitud.

Cuba necesita soluciones que permitan vivir con dignidad. Mientras se trabaja por ellas, hay personas haciendo algo que está a su alcance: procurar que el vecino no atraviese solo su peor momento.

Todavía hay gente buena.

La reconocemos en esa mano que toca la puerta y en esa voz que, aun teniendo sus propias preocupaciones, pregunta:

«Dime, ¿en qué puedo ayudarte?».

21/10/2026

🇨🇺Cuba necesita ayuda: un llamado urgente por las familias de Pinar del Río🇨🇺Desde AECA hacemos un llamado a la solidari...
18/10/2026

🇨🇺Cuba necesita ayuda: un llamado urgente por las familias de Pinar del Río🇨🇺

Desde AECA hacemos un llamado a la solidaridad internacional ante la grave situación que atraviesa la población cubana, particularmente en Pinar del Río, donde una publicación del Gobierno Provincial reconoce circuitos con más de 90 horas sin electricidad y serias dificultades para el abastecimiento de agua.

Detrás de esas horas hay familias enteras intentando resolver necesidades elementales: conseguir agua, preparar alimentos, conservar lo poco que han podido comprar y cuidar a sus hijos y mayores.

Cuando falta la electricidad durante tantos días y el agua tampoco llega, la vida cotidiana se convierte en una lucha por lo indispensable.

El comunicado difundido por el Gobierno Provincial señala una generación nacional de apenas 750 megawatts frente a una demanda de 2,800. También informa que 52 de las 177 fuentes de abasto de agua de la provincia están defectuosas y que se ha recurrido a la distribución de emergencia mediante camiones cisterna.

Son cifras atribuidas a esa publicación y corresponden al panorama que describe. Su gravedad exige respuestas urgentes, información actualizada y atención a quienes se encuentran en mayor vulnerabilidad.

La prioridad otorgada al suministro eléctrico de hospitales, mencionada en el propio comunicado, evidencia cuánto están comprometidos los servicios esenciales. Mientras tanto, las familias necesitan saber cómo acceder al agua, qué asistencia pueden recibir y cómo proteger a quienes dependen de cuidados continuos.

Desde AECA pedimos a las organizaciones humanitarias, agencias de cooperación, gobiernos, comunidades religiosas, empresas y cubanos residentes en el exterior que contribuyan a movilizar ayuda coordinada para la población afectada.

El apoyo debe responder a necesidades verificadas, entre ellas:

* Agua potable, medios de almacenamiento y sistemas de potabilización.
* Alimentos de fácil preparación y productos de higiene.
* Medicamentos e insumos médicos solicitados por los servicios de salud.
* Sistemas de respaldo eléctrico para el bombeo de agua, la refrigeración de medicamentos y otros servicios esenciales.
* Equipos y repuestos para recuperar fuentes de abasto y sostener la distribución de agua.

Pedimos también a las autoridades cubanas facilitar la recepción y distribución de la ayuda, informar con claridad las necesidades de cada territorio y establecer mecanismos transparentes que permitan comprobar que los recursos llegan a las personas que los necesitan.

La cooperación requiere coordinación, acceso y rendición de cuentas. Cada donación debe tener un destino identificable y cada esfuerzo debe traducirse en alivio real para la población.

Las diferencias políticas no deberían impedir la colaboración para atender necesidades humanas urgentes. Es posible exigir responsabilidades, debatir las causas de esta crisis y, al mismo tiempo, actuar para reducir el sufrimiento.

Pinar del Río necesita agua, electricidad y condiciones dignas para vivir. Sus familias merecen ser escuchadas y recibir asistencia antes de que sus dificultades se agraven.

Que este llamado se convierta en ayuda concreta. La solidaridad puede empezar con una palabra, pero tiene que llegar hasta los hogares.

AECA

🇨🇺 Cuando el flete frena el comercio entre vecinos 🇩🇴Un contenedor puede transportar alimentos, pero también oportunidad...
17/10/2026

🇨🇺 Cuando el flete frena el comercio entre vecinos 🇩🇴

Un contenedor puede transportar alimentos, pero también oportunidades: ventas para un productor, trabajo para una fábrica y abastecimiento para una comunidad. Cuando transportarlo cuesta demasiado, esas oportunidades comienzan a desaparecer.

En cotizaciones que hemos recibido, enviar un contenedor seco de 20 pies desde República Dominicana hacia Cuba cuesta cerca de 6,000 dólares, mientras que desde Houston o Nueva Orleans se han ofrecido tarifas inferiores a 3,000 dólares para el mismo tipo de equipo.

Estas cifras corresponden a ofertas concretas, no a una tarifa universal. Es necesario comparar sus condiciones y los servicios incluidos. Aun así, la diferencia plantea una pregunta legítima: ¿qué explica que el comercio entre dos países vecinos enfrente un costo de transporte tan elevado?

La distancia no determina por sí sola el precio de un flete. También influyen la frecuencia de los servicios, el volumen de carga, los transbordos, la disponibilidad de equipos y los gastos portuarios. Precisamente por eso hacen falta cotizaciones claras y cargos desglosados que permitan entender lo que se está pagando.

Para República Dominicana, un transporte costoso puede convertirse en una barrera para exportar. Un productor puede tener mercancía de calidad y un precio competitivo, pero perder la venta cuando se suma la logística. Si las operaciones dejan de ser viables, disminuyen los pedidos y se limitan las posibilidades de ampliar la producción destinada al mercado cubano.

En Cuba, el efecto llega al bolsillo del consumidor. El importador debe absorber ese costo, reducir su margen o incorporarlo al precio de venta. Y cuando los números no dan, la mercancía sencillamente no se compra.

Pongamos un ejemplo ilustrativo: una diferencia de 3,000 dólares en transporte, repartida entre 1,000 cajas, representa 3 dólares adicionales por caja antes de otros gastos y márgenes comerciales. Para un alimento de bajo precio, ese aumento puede decidir si resulta accesible o demasiado caro.

Navieras y transitarias prestan un servicio necesario y tienen derecho a cubrir sus costos y obtener beneficios. Pero también es legítimo exigir transparencia y preguntarse si las condiciones actuales favorecen el crecimiento del comercio o terminan frenándolo.

Desde AECA creemos que este tema merece un diálogo entre productores, exportadores, importadores, navieras, transitarias y autoridades de ambos países. Revisar los recargos, facilitar la comparación de ofertas y promover más opciones de transporte sería un buen comienzo.

República Dominicana necesita oportunidades para vender su producción. Cuba necesita abastecimiento a precios que su población pueda pagar.

El transporte debe conectar esas dos necesidades. Cuando su costo vuelve inviable el intercambio, ambos países pierden.

16/10/2026

«Ganamos», gritaron los mu***os

Por Juan Miguel Díaz

Hablar del pueblo de Cuba es difícil. Hablar de su sufrimiento, recorrer sus heridas y ponerles palabras puede ser desgarrador. Es un pueblo atrapado entre dos fuerzas que no ceden, mientras la vida se le va en medio de la disputa.

Basta caminar por sus calles, entrar en sus barrios, visitar sus hospitales y sus escuelas para comprender la profundidad del daño. Hay realidades que ningún discurso alcanza a explicar y que ninguna consigna puede aliviar.

Entrar en un hospital y escuchar a un niño llorar de dolor porque falta un analgésico debería bastarnos para detener cualquier discusión y preguntarnos qué estamos haciendo. Hay personas que esperan durante meses una operación porque no están disponibles los medicamentos o los insumos necesarios. En los hospitales oncológicos, el sufrimiento tiene un peso que desgarra el alma.

He visto pacientes que, después de una operación de colon o intestino, tienen que improvisar con una bolsa de supermercado porque carecen de una bolsa de ostomía. Otros esperan tratamientos que no llegan. Algunos mueren esperando.

Fuera del hospital, la lucha continúa. En las paradas, personas agotadas pasan horas esperando un transporte para regresar a casa. Y cuando finalmente llegan, muchas encuentran oscuridad, calor y otra noche sin descanso. Hay madres que cuidan a sus hijos durante la madrugada, apenas duermen y, aun así, se levantan para ir a trabajar.

En cada rincón del país hay una historia semejante. Cambian los nombres y los rostros; el cansancio se parece.

¿Qué esperan quienes reclaman más presión? ¿Que ese pueblo enfermo, hambriento y exhausto encuentre fuerzas para lanzarse a las calles contra un gobierno que conserva el control y no muestra disposición a entregar el poder?

¿Y qué espera el Gobierno de ese mismo pueblo? ¿Que siga resistiendo indefinidamente? ¿Cuánto más puede pedírsele a una madre que no tiene qué cocinar, a un anciano que no encuentra sus medicamentos o a un trabajador cuyo salario no alcanza para vivir?

El pueblo está en medio. A sus costados, dos fuerzas tiran de la cuerda.

¿Quién cederá? ¿Quién será capaz de poner una vida humana por encima de una victoria política?

Mientras unos y otros se disputan la culpa, el hambre no se detiene, la enfermedad no espera y los cementerios siguen recibiendo mu***os. El rostro de un anciano en una calle cubana puede decir más sobre esta tragedia que horas de noticias y discursos.

Me cuesta aceptar que se defienda el endurecimiento de medidas económicas sin mirar de frente sus consecuencias sobre la población. Quienes toman esas decisiones y quienes las aplauden deberían poder explicarles a los enfermos, a las madres y a los ancianos qué alivio les traerá una nueva vuelta de tuerca.

También le corresponde al Gobierno responder por sus decisiones, por sus errores y por las soluciones que ese pueblo necesita. Las sanciones no pueden convertirse en una explicación que cierre toda pregunta, ni la crítica al Gobierno puede servir para justificar cualquier daño causado desde afuera.

Ambas responsabilidades merecen ser examinadas. Ninguna debería borrar a las víctimas.

Duele especialmente escuchar a cubanos que, desde la seguridad de la distancia, piden que se apriete un poco más. Más dificultades para conseguir combustible, más obstáculos para abastecerse, más horas sin electricidad. Como si detrás de esas palabras no hubiera personas concretas.

Pedir sacrificios ajenos desde un sofá cómodo exige muy poco valor. Hay que pensar en el hospital lleno de enfermos, en el niño que camina una larga distancia para llegar a la escuela después de una noche sin dormir, en la madre que sale a buscar comida sin saber qué podrá llevar a casa.

¿Hasta dónde estamos dispuestos a aceptar el sufrimiento de otros para sostener nuestras posiciones?

Hace poco conocí en Miami a un hombre que me recordó que todavía hay otra manera de responder.

Recorre clínicas buscando ayuda para niños enfermos, personas con diabetes y otras personas vulnerables en Cuba. Pide insumos, recoge donaciones y prepara envíos. A veces, más que pedir, suplica.

Lo he visto llegar al almacén con cajas de materiales médicos. Siempre encuentra algo que organizar: cuenta jeringuillas, acomoda paquetes, revisa lo que puede servirle a alguien.

Una vez le pregunté por qué lo hacía.

—Esos niños lo necesitan —me respondió.

Lo dijo sonriendo, mientras seguía preparando cajas.

Días después llegó empapado en sudor. Su automóvil se había apagado aproximadamente a un kilómetro del almacén y lo había llevado empujando.

—¿Por qué no me llamaste? —le pregunté.

—No quería molestar —me respondió con humildad.

Entonces comprendí que tenía un héroe delante de mí.

Un hombre que estaba dispuesto a empujar su carro bajo el sol para que una ayuda siguiera su camino. Su respuesta cabía en cuatro palabras: «Esos niños lo necesitan».

Sin embargo, incluso quienes ayudan encuentran sospechas y acusaciones. Hay quienes interpretan un envío de medicamentos como una muestra de complicidad política. Quienes ayudan pueden terminar señalados por tenderle la mano a una persona enferma.

¿En qué momento permitimos que nuestras diferencias llegaran hasta ahí?

Una jeringuilla sirve para administrar un medicamento. Una bolsa de ostomía devuelve dignidad. Un pedazo de pan alivia el hambre. Quien recibe esa ayuda tiene un nombre, una familia y una necesidad que no puede esperar a que termine nuestra discusión.

Aquel hombre tendrá mi apoyo y mi mano.

Quisiera que algún día fuéramos capaces de reconocernos así: como seres humanos que pueden discrepar y, aun así, cuidar unos de otros. Para estar unidos no tenemos que pensar igual. Tenemos que aceptar que ninguna diferencia política vuelve menos valiosa la vida de un hermano.

Mientras el odio decida por nosotros, la paz seguirá lejos.

Por eso hoy te llamo, hermano: ayuda si puedes ayudar. Que no te tiemble la mano al ofrecer un pedazo de pan. Que tu corazón no se endurezca cuando alguien necesite de ti.

Y a quienes tienen poder para cambiar las cosas, dentro y fuera de Cuba, les pido que escuchen a quienes llevan demasiado tiempo pagando el precio de esta confrontación.

Porque si el desenlace de tanta firmeza es un pueblo más enfermo, más pobre y más dividido, ¿quién podrá hablar de victoria?

«Ganamos», gritaron los mu***os.

Los vivos todavía esperamos la paz.

07/09/2026

❇️ Una reflexión de la Asociación de Empresarios Cubanos en América — AECA, en ocasión del Labor Day 2026

Hoy, primer lunes de septiembre, Estados Unidos celebra Labor Day.

Para millones de personas es un día de descanso. Las oficinas cierran, muchas familias se reúnen, algunos aprovechan el último gran fin de semana del verano y otros, sencillamente, agradecen tener un día en el que no es necesario mirar el reloj para llegar al trabajo.

Pero pocas veces nos detenemos a pensar en algo extraordinario:

Hubo un tiempo en que trabajar ocho horas al día parecía una aspiración casi imposible.

Aquello que hoy consideramos normal no nació por casualidad. Tampoco fue el resultado de una sola ley, una sola huelga, un solo presidente ni una sola organización.

Fue una conquista que tomó décadas.

Cuando el trabajo ocupaba casi toda la vida

Durante buena parte del siglo XIX, en pleno desarrollo industrial de los Estados Unidos, jornadas de diez, doce e incluso más horas eran comunes para muchos trabajadores.

Hombres, mujeres y niños pasaban gran parte de sus vidas dentro de fábricas, talleres, minas y ferrocarriles.

La industrialización estaba transformando a Estados Unidos en una potencia económica, pero al mismo tiempo comenzó a surgir una pregunta inevitable:

¿Cuánto de la vida de una persona debe pertenecer al trabajo y cuánto debe pertenecerle a ella misma?

Ya en 1866, el National Labor Union impulsaba la idea de establecer una jornada laboral de ocho horas. El movimiento no consiguió inmediatamente su objetivo, pero ayudó a colocar el tema en la conciencia nacional. (Library of Congress)

La consigna que terminaría representando aquella aspiración era sencilla:

Ocho horas para trabajar.
Ocho horas para descansar.
Ocho horas para vivir.

Detrás de esas palabras existía una idea mucho más profunda: trabajar debía ser parte de la vida, no consumirla por completo.

Chicago, 1886

Veinte años después, la demanda de las ocho horas había crecido enormemente.

El 1.º de mayo de 1886 trabajadores de diferentes ciudades estadounidenses comenzaron movilizaciones reclamando la jornada de ocho horas. Chicago se convirtió en uno de los centros principales de aquel movimiento. (Research Guides)

Los acontecimientos terminarían trágicamente.

Después de enfrentamientos entre trabajadores y policías cerca de la fábrica McCormick, se convocó una concentración en Haymarket Square para el 4 de mayo.

La reunión comenzó pacíficamente.

Cuando la policía intentó dispersar a quienes todavía permanecían allí, alguien lanzó una bomba.

Murieron policías y civiles y muchas personas resultaron heridas.

Nunca se determinó de manera concluyente quién lanzó aquella bomba. Sin embargo, ocho hombres relacionados con el movimiento anarquista fueron procesados y condenados. Cuatro fueron ejecutados, uno murió en prisión antes de la ejecución y los tres restantes terminarían siendo indultados años después por el gobernador de Illinois, John Peter Altgeld. (Research Guides)

Chicago se convirtió desde entonces en una referencia mundial de la lucha obrera.

Y miles de kilómetros más lejos, un cubano observaba aquellos acontecimientos con extraordinaria atención.

Su nombre era José Martí.

Martí mira a Chicago

Desde Nueva York, Martí seguía profundamente la vida de los Estados Unidos.

No observaba este país superficialmente.

Admiraba su energía, su capacidad productiva, sus instituciones y su espíritu emprendedor, pero al mismo tiempo estudiaba sus contradicciones sociales.

Después de las ejecuciones de Chicago escribió una de sus grandes crónicas norteamericanas:

“Un drama terrible”.

La escribió en Nueva York el 13 de noviembre de 1887. La crónica aparecería posteriormente en La Nación de Buenos Aires. (Blog del Viejo Topo)

Lo extraordinario del texto de Martí es que no mira aquellos acontecimientos desde una cómoda simplicidad.

No convierte automáticamente a unos en santos y a otros en demonios.

Analiza la violencia, las tensiones sociales, el miedo, las ideas radicales y, especialmente, el proceso judicial.

Y termina profundamente preocupado por algo que debería preocupar a cualquier sociedad libre:

que el deseo de castigar pueda terminar sustituyendo a la obligación de hacer justicia.

Martí entendía que detrás del conflicto existía algo más grande que aquellos ocho hombres.

Existía una sociedad tratando de encontrar un equilibrio entre capital y trabajo, entre productividad y dignidad, entre crecimiento económico y justicia social.

Casi 140 años después, seguimos enfrentando versiones diferentes de la misma pregunta.

Labor Day y los Mártires de Chicago no son exactamente la misma historia

Existe aquí una distinción histórica importante.

El Labor Day estadounidense no nació directamente de los acontecimientos de Chicago.

El primer Labor Day se celebró en Nueva York el 5 de septiembre de 1882, cuatro años antes de Haymarket. Con el tiempo diferentes estados comenzaron a reconocerlo y el 28 de junio de 1894 se convirtió oficialmente en feriado nacional, celebrado el primer lunes de septiembre. (U.S. Department of Labor)

Los sucesos de Chicago, por su parte, quedaron vinculados internacionalmente al 1.º de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores. (Research Guides)

Son historias diferentes.

Pero pertenecen a una misma época y a una misma gran transformación:

la búsqueda de una relación más justa entre el tiempo de trabajo y la vida humana.

Las ocho horas no llegaron de un día para otro

Tampoco sería correcto pensar que después de Chicago Estados Unidos adoptó inmediatamente la jornada de ocho horas.

El cambio continuó desarrollándose durante décadas.

En 1936, la legislación federal comenzó a exigir jornadas de ocho horas y semanas de 40 horas para determinados contratos de suministro del gobierno.

Dos años después, en 1938, el presidente Franklin D. Roosevelt firmó la histórica Fair Labor Standards Act, que estableció estándares federales sobre salarios, horas máximas de trabajo y trabajo infantil para los trabajadores cubiertos por la ley.

La legislación comenzó con una semana máxima de 44 horas y evolucionó posteriormente hacia el estándar de 40 horas. (U.S. Department of Labor)

Es decir:

La jornada laboral que hoy millones de estadounidenses consideran normal es el resultado de generaciones de debates, protestas, negociaciones, empresarios, trabajadores, legisladores, jueces y reformas sociales.

La historia rara vez pertenece exclusivamente a un solo grupo.

El empresario y el trabajador no tienen que ser enemigos

Desde AECA creemos que esta reflexión resulta particularmente importante.

Somos una organización de empresarios.

Defendemos la iniciativa privada.

Creemos profundamente en la empresa, en la inversión, en la creación de riqueza y en la libertad de emprender.

Pero precisamente por eso debemos entender algo esencial:

no existen grandes empresas sin trabajadores.

De la misma manera que tampoco existen empleos sostenibles sin empresas capaces de producir, competir, invertir y obtener beneficios.

Presentar permanentemente al empresario y al trabajador como enemigos es una visión demasiado pobre de la sociedad.

Uno aporta capital.

Otro aporta trabajo.

Uno arriesga.

Otro produce.

Uno crea una oportunidad.

Otro ayuda a convertirla en realidad.

Cuando ambos prosperan, prospera la sociedad.

Cuando uno intenta destruir al otro, tarde o temprano ambos terminan perdiendo.

La verdadera economía de mercado necesita empresarios exitosos, pero también necesita trabajadores capaces de vivir con dignidad.

Porque una empresa puede medir su producción en dólares, toneladas, ventas o utilidades.

Pero una sociedad debe medir su progreso también de otra manera:

por la calidad de vida de las personas que la construyen.

Lo que realmente celebramos hoy

Quizás por eso Labor Day debería significar algo más que un día libre.

Debería ser un momento para reconocer a quienes construyeron carreteras, levantaron edificios, sembraron campos, manejaron camiones, trabajaron en puertos, atendieron hospitales, fabricaron productos, crearon empresas y participaron de millones de maneras diferentes en la construcción de los Estados Unidos.

También debería ser un día para reconocer al pequeño empresario que abrió un negocio sin saber si tendría clientes al día siguiente.

Al inmigrante que llegó sin hablar inglés y comenzó trabajando desde abajo.

Al hombre que manejó durante décadas un camión.

A la mujer que trabajó dos empleos para sostener a sus hijos.

Al comerciante que arriesgó sus ahorros para abrir una tienda.

Al trabajador que cada mañana llegó puntualmente a hacer su labor.

Y al empresario que creó empleos para cientos de familias.

Todos forman parte de la misma historia.

Una lección que Martí todavía puede enseñarnos

Cuando José Martí observó aquel “drama terrible” de Chicago no estaba simplemente escribiendo sobre una huelga.

Estaba escribiendo sobre seres humanos.

Sobre justicia.

Sobre poder.

Sobre desesperación.

Sobre los peligros del extremismo.

Y sobre la responsabilidad que tiene una sociedad de escuchar sus conflictos antes de que esos conflictos terminen hablando mediante la violencia.

Esa puede ser quizás la mayor enseñanza para nuestro tiempo.

No necesitamos estar de acuerdo en todo para escucharnos.

No necesitamos destruir al empresario para defender al trabajador.

Ni necesitamos ignorar al trabajador para defender la empresa.

Podemos construir sociedades donde producir riqueza y vivir con dignidad no sean objetivos contrarios.

Ese debería ser precisamente el propósito del progreso.

Han pasado casi 140 años desde que Martí escribió sobre aquellos hombres de Chicago.

Las fábricas cambiaron.

Las máquinas cambiaron.

La tecnología cambió.

La manera de trabajar está cambiando nuevamente ante nuestros propios ojos.

Pero la pregunta permanece:

¿Para qué sirve el progreso si el ser humano no progresa con él?

Hoy disfrutamos como normal algo por lo que generaciones anteriores tuvieron que luchar, debatir y negociar.

Tal vez dentro de cien años nuestros descendientes miren también algunas de nuestras discusiones actuales y se sorprendan de las cosas que nosotros todavía no habíamos sido capaces de resolver.

Así funciona la historia.

Cada generación recibe derechos, instituciones y oportunidades construidos por quienes vinieron antes.

Y cada generación tiene también la obligación de dejar algo mejor a quienes vendrán después.

Por eso este Labor Day no debería ser solamente un día para descansar del trabajo.

Debería ser también un día para honrar el trabajo, respetar a quien lo realiza, agradecer a quien crea la oportunidad de realizarlo y recordar que detrás de muchos derechos que hoy damos por sentados hubo hombres y mujeres que alguna vez soñaron con algo que parecía imposible.

La jornada de ocho horas fue uno de esos sueños.

Hoy es parte de nuestra vida cotidiana.

No olvidemos cómo llegamos hasta aquí.

Asociación de Empresarios Cubanos en América — AECA
Labor Day — 7 de septiembre de 2026

14/07/2026

🇨🇺 La Gaceta Oficial de la República de Cuba publicó una versión actualizada y concordada del Reglamento de la Ley 118 de Inversión Extranjera, incorporando las modificaciones aprobadas en 2018, 2019 y las reformas más recientes de 2026.

¿Qué cambia?

• Se fortalece la Cartera de Oportunidades de Inversión Extranjera, manteniéndose como el principal instrumento para promover proyectos, aunque también podrán evaluarse iniciativas que no estén incluidas inicialmente si responden a las políticas de desarrollo del país.

• Se actualizan y precisan los requisitos documentales para presentar proyectos de inversión, tanto para inversionistas nacionales como extranjeros, incluyendo planes de negocios, estados financieros auditados, avales bancarios y documentación legal.

• Se establecen plazos más claros para la evaluación de los proyectos:

* Hasta 60 días para las aprobaciones del Consejo de Ministros o del Consejo de Estado.
* 45 días cuando la decisión corresponda a organismos de la Administración Central.
* 15 días hábiles para determinadas modificaciones de capital.
* 7 días hábiles para la aprobación de fondos de estimulación.

• Se eliminan varios procedimientos y requisitos que habían quedado obsoletos, simplificando la tramitación administrativa.

• Se fortalecen los mecanismos de control y seguimiento de las empresas con inversión extranjera mediante mayores exigencias de información financiera, auditorías y supervisión.

• Se actualizan las normas para modificar, prorrogar, transferir o liquidar negocios con inversión extranjera, definiendo con mayor claridad los procedimientos y responsabilidades.

Nuestra valoración

Es importante señalar que esta publicación no constituye una nueva Ley de Inversión Extranjera, sino una actualización de su Reglamento con el objetivo de modernizar procedimientos, hacerlos más transparentes y adaptarlos a las reformas aprobadas en los últimos años.

Desde AECA (Asociación de Empresarios Cubanos en América) consideramos que toda medida encaminada a ofrecer mayor claridad jurídica y agilizar los procesos de inversión resulta positiva. No obstante, el verdadero impacto de estas modificaciones dependerá de su implementación práctica, la seguridad jurídica que perciban los inversionistas y la capacidad del país para generar un entorno competitivo y atractivo para el capital nacional y extranjero.

Continuaremos analizando estas disposiciones y compartiendo información de interés para la comunidad empresarial.🇨🇺

18/06/2026

Los actores políticos suelen hablar de diálogo cuando empiezan a ver más valor en la estabilidad que en la confrontación.

18/06/2026

AECA | Estados Unidos respalda un diálogo para una transición institucional en Venezuela

El Departamento de Estado de los Estados Unidos emitió el 18 de junio de 2026 una declaración oficial respaldando un proceso de diálogo político orientado a una transición institucional y democrática en Venezuela.

Según el comunicado, el gobierno estadounidense considera que la base de cualquier transición democrática debe ser un diálogo inclusivo entre los diferentes actores políticos venezolanos. La declaración también destaca la importancia de fortalecer las instituciones democráticas, restablecer garantías para la participación política y asegurar libertades cívicas que permitan un proceso abierto y representativo.

Uno de los aspectos más relevantes del comunicado es el énfasis en una hoja de ruta negociada y en el trabajo técnico necesario para avanzar hacia una solución estable y sostenible. El lenguaje utilizado refleja una apuesta por mecanismos institucionales y por la construcción de consensos entre las partes involucradas.

Más allá del ámbito político, este tipo de iniciativas suele ser seguido con atención por los sectores empresariales y financieros de toda la región. La estabilidad institucional es un factor clave para el desarrollo económico, la inversión, el comercio internacional y la recuperación de la confianza de los mercados.

Para el Caribe y América Latina, cualquier avance hacia una mayor estabilidad en Venezuela podría tener implicaciones relevantes en materia energética, comercial y financiera, aunque aún es temprano para anticipar resultados concretos.

Desde AECA seguiremos observando de cerca los acontecimientos y compartiendo información relevante para empresarios, emprendedores e inversionistas interesados en la evolución económica y comercial de nuestra región.

Este artículo tiene fines informativos y refleja únicamente un análisis de la información pública disponible al momento de su publicación.

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