21/05/2026
MARÍA ELENA LLORENTE EN SU 80 CUMPLEAÑOS
Por Ahmed Piñeiro Fernández
La llamaban “la belleza vikinga”. El color de su pelo, que como “el pequeño príncipe” recordaba el trigo al amanecer, sobresalía siempre en el escenario. Hoy festejó su 80 cumpleaños y la compañía que fue y es su razón de ser, la homenajeó.
María Elena Llorente nació en La Habana, el 20 de mayo de 1946.
En 1950, con apenas 4 años, inició sus estudios de ballet en la Escuela de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, y cuatro años después —contaba, entonces, 8 años—, matriculó en la Academia Nacional de Ballet “Alicia Alonso”.
En 1955, a la edad de 9 años, la pequeña María Elena realizó su debut escénico al interpretar uno de los “Pajecitos” en las representaciones de “El lago de los cisnes”, que ese año protagonizaron Alicia Alonso e Igor Youskévitch con el entonces Ballet de Cuba.
A su formación contribuyeron Alicia Alonso, Femando Alonso, Marta Mahr, Alexandra Fedórova, y, de manera especial José Pares, quien, según sus propias palabras, la hizo consciente de la importancia de poseer una técnica sólida, limpia para usarla “como un medio y no como un fin”.
En 1962, se incorporó al Cuerpo de baile del Ballet Nacional de Cuba (BNC). Curiosamente, su debut profesional se produjo, también, en el ballet “El lago de los cisnes”, un título del cual, años después, llegaría a interpretar varios de sus personajes, de entre ellos: el Pas de trois, del primer acto; una de las princesas o el doble papel protagonista: Odette-Odile, un reto técnico e interpretativo al que aspiran todas las grandes bailarinas; dos personajes en los que María Elena Llorente es referencia necesaria en la historia de la compañía.
Cinco años después, fue promovida a la categoría artística de Solista y estrenó una obra que marcaría su trayectoria como bailarina de manera especial “Del amor y la guerra” (luego “Adagio para dos”) de Iván Tenorio, dúo danzario en el que fue acompañada por uno de sus partenaires habituales en esa primera etapa: Alberto Méndez.
Esos fueron los inicios profesionales de una sólida carrera caracterizada por la seguridad técnica, el cuidado estilístico y la elegancia interpretativa que se extendió por más de cinco décadas, y en la cual María Elena asumió un amplísimo y abarcador repertorio, que incluyó obras de los más diversos estilos, de coreógrafos cubanos y extranjeros, y por supuesto, los títulos de ese gran repertorio heredado del siglo XIX, y que suele llamarse tradicional:
“La fille mal gardeé”, de la que es considerada una de las más destacadas intérpretes del papel de Lisette en la historia del ballet cubano; Swanilda, en “Coppélia”; los personajes de Myrtha, la reina de las Wilis y Giselle, en la obra cumbre del romanticismo danzario; las princesas Aurora y Florina en “La bella durmiente del bosque”, o Kitri, en “Don Quijote”.
No puede olvidarse que María Elena Llorente participó, además, en los estrenos o estrenos en Cuba de muchos ballets, algunos de ellos creados especialmente para ella. Sin pretender ser exhaustivos, recordemos, a manera de ejemplo: “El circo”, de Alicia Alonso; “Introducción a una idea”, “Hamlet” —ballet en el cual, hasta el momento, en su versión integral, sólo María Elena Llorente ha interpretado el papel protagonista femenino, Ofelia—, y “Los amantes de Verona”, una recreación coreográfica de la tragedia shakesperiana “Romeo y Julieta”, de Iván Tenorio; “Errantes”, de Alberto Alonso; “Tarde en la siesta”, uno de los grandes títulos e la coreografía iberoamericana, en el que el papel de la hermana menor: Esperanza, “El río y el bosque”, “Vals”, “El poema del fuego” —sobre el mito de Prometeo, con el colosal Jorge Esquivel como protagonista masculino—, y “La saeta dorada” —un jocoso paneo por la historia de la danza—, de Alberto Méndez; Isabel Ilincheta, en “Cecilia Valdés y “Equinoxio” —un ballet de sorprendente modernidad en su época, segundo premio en el Primer Concurso de Coreografía, organizado por la Sección de Artes Escénicas de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)—, de Gustavo Herrera, o los ballets “La tierra combatiente”, “Días y flores”, “Curva descendente” o “La infanta” de la chilena Hilda Riveros.
De igual manera no puede olvidarse que la Llorente fue la primera bailarina del BNC en interpretar, y, por tanto, en incorporar al repertorio de nuestra compañía, algunos pas de deux del repertorio tradicional que después pasaron a formar parte del quehacer artístico de muchas primeras figuras cubanas: “Grand pas classique” y el pas de deux de “La Bayadera”, que estrenó junto a Alberto Méndez; “Chaikovski pas de deux”, que la Llorente estrenó junto a Lázaro Carreño en 1982, o el hoy muy célebre pas de deux de “El corsario”, que bailó por primera vez junto al español Víctor Ullate, durante el 5º Festival Internacional de Ballet de La Habana celebrado en 1976, año en el que fue promovida al rango de Primera bailarina, acontecimiento del que este año, por tanto, festejamos el 50º aniversario.
Un momento significativo en la vida profesional de María Elena Llorente, es, sin lugar a duda, su actuación como artista del Alvin Ailey Dance Theatre de Nueva York, en mayo de 1977, acontecimiento que fue descrito por el actor Harry Belafonte, como “un importante hecho histórico”.
Junto a Lázaro Carreño, con quien María Elena formó durante varios años, una de las parejas artísticas más notables en la historia del Ballet Nacional de Cuba, ofreció en Nueva York cinco representaciones de “El río y el bosque” y “Plásmasis”, de Alberto Méndez.
La última actuación de la Llorente como bailarina, se produjo el 28 de octubre de 2002, en la Gala de clausura del 18º Festival Internacional de Ballet de La Habana, con el estreno del ballet “Souvenir”, una coreografía creada por Eduardo Blanco especialmente para la ocasión y en la que fue acompañada por el entonces joven bailarín Javier Torres.
Al año siguiente, el 29 de abril de 2003, en la Gala por el Día Internacional de la Danza, en la que “Las cuatro joyas” del BNC recibieron el Premio Nacional de Danza, la Llorente realizó una actuación especial junto a José Zamorano, y otras figuras emblemáticas de la danza cubana.
El 29 de octubre de 2012, como emotivo cierre de una Gala de la edición 23 del Festival Internacional de Ballet de La Habana, a propósito del centenario de “La comparsa”, del maestro Ernesto Lecuona, reapareció en escena —en otra actuación muy especial—, junto a Alicia Alonso, Marta García, Orlando Salgado, Jorge Vega, Osmay Molina y Lázaro Carreño.
En esta suerte de homenaje a María Elena Llorente, no puede obviarse su labor en el ámbito pedagógico. Al igual que el resto de sus colegas, paralelamente a su desempeño como intérprete, la Llorente se desempeñó durante varios años, también, como maestra y ensayadora de varias generaciones de bailarines, y no sólo en el Ballet Nacional de Cuba, sino también, en la Escuela Nacional de Ballet, el Centro Coreográfico de la Comunidad Valenciana o en los Cursos de la Cátedra de Danza “Alicia Alonso”, hoy Instituto de Danza “Alicia Alonso”, en España.
Otro aspecto de gran relevancia en la trayectoria artística de nuestra homenajeada es su incursión en la creación coreográfica.
En 1988, junto a Marta García y Karemia Moreno, María Elena Llorente creó la versión integral de “Don Quijote”, cuando el ballet de Petipa-Minkus, inspirado en episodios de la novela de Miguel de Cervantes se incorporó al repertorio del Ballet Nacional de Cuba.
El estreno de aquella puesta se produjo en la Sala García Lorca, del hoy Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso” el 6 de julio y en esa primera temporada protagonizó una de las funciones: la del sábado 9 de julio, con lo cual incorporó a su repertorio un personaje que, desde 1975, ya había interpretado de manera parcial, por medio de su famoso pas de deux.
En el ámbito de la creación coreográfica valga que en 1997 estrenó su versión del Grand pas de “La bayadera”, y tres años después retomó ese ballet de Marius Petipa para recrear uno de sus momentos más icónicos: la escena de “El reino de las sombras”.
Una trayectoria artística como la de María Elena Llorente ha sido reconocida con importantes premios nacionales e internacionales, de entre ellos recordemos la Medalla de Bronce del 4º Concurso Internacional de Ballet de Varna, Bulgaria; la Medalla del Colegio de Abogados de Puerto Rico, 1978; la Distinción por la Cultura Nacional, que confiere el Ministerio de Cultura de Cuba; la Medalla «Alejo Carpentier», y la Orden «Félix Varela» de Primer grado, que conceden el Consejo de Estado de la República de Cuba.
En 2015, un jurado presidido por Alberto Méndez, e integrado por los bailarines y coreógrafos Santiago Alfonso e Isidro Rolando; la maître y directora del Ballet de Camagüey Regina Balaguer y el diseñador de luces Carlos Repilado; decidió unánimemente otorgarle el Premio Nacional de Danza, amparados, “en la huella de María Elena Llorente como singular bailarina que ha permanecido leal a la impronta del Ballet Nacional de Cuba y las conquistas de la escuela cubana de ballet, por ser ejemplo de tenacidad y salvaguarda creadora; y por su magisterio dancístico compartido en Cuba y en el extranjero.”
¡Feliz cumpleaños, María Elena Llorente!