04/10/2026
¿Y si el problema no fuera que Dios nos dio demasiado, sino que olvidamos que no era nuestro?
Jesús cuenta la historia de una viña.
El dueño la preparó, la cuidó y la entregó a unos labradores para que la trabajaran.
Pero cuando llegó el momento de entregar los frutos, aquellos labradores actuaron como si la viña les perteneciera.
Rechazaron a los mensajeros.
Golpearon.
Mataron.
Y cuando llegó el hijo del dueño, pensaron:
“Este es el heredero. Si lo matamos, nos quedamos con todo”.
Entonces Jesús nos pone frente a una pregunta incómoda:
¿Qué hacemos con aquello que Dios ha puesto en nuestras manos?
Porque quizás también nosotros podemos confundir el regalo con la propiedad.
Nuestros dones.
Nuestra familia.
Nuestra comunidad.
Nuestra Iglesia.
Nuestra responsabilidad.
Todo puede convertirse en “mío” cuando en realidad Dios nos lo ha confiado para que lo cuidemos y produzca frutos.
Y entonces la pregunta ya no es solamente:
“¿Qué me ha dado Dios?”
Sino:
“¿Qué estoy haciendo con lo que Dios me ha confiado?”
Porque Dios sigue esperando frutos.
Frutos de justicia.
De misericordia.
De amor.
De fidelidad.
Quizás hoy necesitamos recordar algo sencillo:
La viña es de Dios.
Nosotros somos sus labradores.
Y todavía estamos a tiempo de volver a trabajarla.