12/05/2026
"UNIDAD SIN CAUDILLOS"
Por Roberto Veiga González
En la Cuba de hoy, el debate sobre fundar partidos políticos o alcanzar la unidad opositora no puede ser una pelea de prioridades. Es una convergencia obligatoria. Necesitamos ambas para un solo fin: empujar la apertura democrática y asegurar que, una vez lograda, no se nos escape de las manos.
La democracia que soñamos será imposible si no empezamos a construir, desde ahora, agrupaciones con programas claros y plurales. Sin una "diferencia organizada", la unidad en la diversidad no pasa de ser un eslogan vacío. Necesitamos instituciones, no solo nombres.
Es vital entender que no hablo de crear "marcas" o siglas de cartón para consumo externo. Eso solo pudre nuestra cultura política. El reto es superar la política de gestos simbólicos para pasar a una política real: esa que tiene pies en la calle, escucha a los sectores sociales y ofrece soluciones concretas a los problemas de la nación. La democracia solo sobrevive donde existen acuerdos sólidos de convivencia que todos respetan.
Sin embargo, este despliegue de pluralidad -en nuestro caso, actualmente- no llegaría a ningún lado sin una unidad estratégica. Sin cohesión, la oportunidad del cambio simplemente no tocará a nuestra puerta. Pero —y esto es clave— esta unión no puede repetir el vicio histórico de marchar en fila india detrás de un caudillo o de una organización que se cree dueña de esta oportunidad.
La nueva unidad opositora —si llegara a ser posible— debe ser una red de iguales. Un espacio donde actores, grupos de la sociedad civil y partidos se gestionen mancomunadamente. Su función no es sustituir ni decidir por los otros, sino articular, tender puentes y convocar.
No se trata de cambiar un mando autoritario por otro. Solo desterrando el personalismo y el verticalismo evitaremos que el futuro sea una réplica de los errores que nos trajeron hasta aquí. El éxito no reside en cambiar de rostro, sino en cambiar de método: transitar de la práctica del seguidismo al ejercicio de la ciudadanía.