Red Educadores Populares Luz De Guayacán de El Salvador

Red Educadores Populares Luz De Guayacán de El Salvador Educación Popular El Salvador

22/03/2026
20/03/2026

💜| El teléfono vibra a las diez de la noche. Palabras amontonadas en WhatsApp diciendo un todo que abraza. "Estoy aquí, hermana, te respondo". La foto de perfil es pequeña, borrosa por la compresión, pero se adivinan los colores intensos detrás de Mireidy Ramírez Trimiño. Ella está en Guantánamo, en la punta más oriental de Cuba, donde la isla se estira queriendo tocar Haití con la punta de los dedos. Yo, en La Habana, a mil kilómetros y un huso de distancia. Entre nosotras, la geografía y la crisis. Y también lo que nos une: esa manía de creer que la educación es un acto de ternura, que enseñar es también aprender a sostener.

La entrevista —si puede llamarse así— ocurre en diferido. En fragmentos. En audios que se escuchan mientras se friega o se hace la vida. En mensajes de texto que llegan cuando al fin hay datos, cuando la luz vuelve (o no) después de horas de apagón. Hay algo íntimo en esta forma de conversar. Las pausas, los silencios forzados por la tecnología, también forman parte de lo que Mireidy quiere decir.

Primer audio. La voz sale clara, pausada, con ese acento del oriente que alarga las vocales queriendo estirar el tiempo.

—Los desafíos —dice, y se toma un respiro—. Nos desafía la creciente oleada migratoria, que refuerza el cuidado de las personas adultas mayores, niños y niñas sobre los cuerpos y los tiempos de las mujeres.

Escucho el audio en un pedazo de mi casa, el balcón, el sol cayendo a pedazos, y pienso en lo que no dice pero sabemos: que los que se fueron son hijos, hijas, hermanos. Que el vacío que dejan no es solo demográfico, es afectivo, es práctico. Que las mujeres se quedan sosteniendo doble: la ausencia de los que emigraron y la presencia de los que no pudieron irse. El cuidado, esa palabra que suena a ternura, se revela aquí como lo que también es: una carga que recae, siempre, sobre los mismos cuerpos.

—La crisis económica, que encarece la vida cotidiana —continúa—, lo que da paso al acompañamiento de los largos cortes de energía, que afectan la salud física y mental.

Me detengo en esa palabra: acompañamiento. No dice «sufrir» los apagones. Dice acompañarlos. Como si la oscuridad fuera una persona más en la casa, un familiar incómodo al que hay que atender, velar, soportar. Las mujeres acompañando las horas sin luz, buscando agua, estirando la comida, calmando a los niños que no pueden dormir con el calor. La salud física y mental, dice, como si fueran una sola cosa. Y lo son...

Días después, otro audio. Este llega de madrugada. Mireidy ha tenido luz y ha podido cargar el teléfono.

—Las ideas machistas naturalizadas, con énfasis en las propias mujeres —dice—. Naturalizadas, formas machistas en la pareja, así como concepciones arraigadas de discriminación.

Hay algo que me conmueve en que hable de esto desde allí, desde Guantánamo, donde el machismo tiene raíces de árbol, profundas, retorcidas. Me conmueve que diga «con énfasis en las propias mujeres». Porque lo sabemos, porque lo vivimos: las más duras con nosotras somos nosotras. Las que repiten que hay que aguantar, que así es la vida, que para eso se nació mujer. Mireidy no acusa: nombra. Y nombrar, en este oficio de educar, es el primer paso para desnaturalizar.

—Identificar, problematizar, reflexionar sobre el ejercicio del poder y la dominación.

Lo dice como quien enumera tareas domésticas. Como si identificar, problematizar y reflexionar fueran tan necesarios como barrer o cocinar. Y quizá lo son. Quizá esa es la revolución que ella propone: hacer del pensamiento crítico una labor cotidiana, una más entre las muchas que ocupan las manos de las mujeres.

Le pregunto por el poder popular. Por cómo se construye desde abajo en medio de asedios, guerras, crisis. Me responde con un texto largo, escrito con cuidado, donde cada palabra parece haber sido pesada antes de ser enviada.

—Mediante el diálogo y la participación activa, consciente y comprometida de la sociedad desde los diferentes contextos, como ejes para el desarrollo territorial.

Diálogo. Participación consciente. Desarrollo territorial. Son palabras que en otros contextos podrían sonar a discurso aprendido. Pero en la voz de Mireidy, en la forma en que las escribe, adquieren densidad. Porque ella las practica. Porque sé —porque lo hemos hablado en otros momentos— que su vida es eso: ir casa por casa, escuchar, convocar, tejer.

—Fortalecer prácticas políticas desde una perspectiva intergeneracional, plurinacional y desde las disidencias.

Aquí la voz se le anima. Habla de las abuelas y de los jóvenes, de los que vinieron de otros países a vivir en Cuba, de las disidencias sexuales que en el oriente profundo todavía batallan por existir. Todo eso, dice, tiene que estar. Todo eso es el pueblo. No el pueblo abstracto de los discursos, sino el pueblo concreto, diverso, incómodo a veces.

—Tejer redes para construir estrategias y desmercantilizar la vida.

Desmercantilizar la vida. Me quedo con esa frase días enteros. Le doy vueltas mientras «hago lo cotidiano», mientras espero, mientras cuento el dinero que no alcanza. Desmercantilizar la vida es, pienso, devolverle valor a lo que no se compra ni se vende: el cuidado, la conversación, la memoria. Es lo que Mireidy hace cada día sin llamarlo así.

—Generar pensamiento crítico desde las prácticas para construir procesos de identidad, solidaridad, de sentidos de comunidad.

Ahí está el núcleo. El pensamiento crítico no es un ejercicio intelectual: es una práctica. Se construye haciendo. Se construye en comunidad. Se construye, sobre todo, cuando todo parece empujar al individualismo, a la supervivencia solitaria.
..

Le pregunto por lo personal. Por cómo hace para ser militante, educadora, mujer, sin desmoronarse.

La respuesta llega rápido, como si ya la tuviera pensada.

—Con el amor y la colaboración de la familia, con compromiso, motivación, esperanzando siempre, con renovadas visiones sobre la vida cotidiana.

Esperanzar. Ese verbo que no existe en los diccionarios pero que nos inventamos las que necesitamos creer que el futuro puede ser distinto. Me gusta que ponga el amor y la colaboración de la familia primero. Que no finja que lo hace sola. Que reconozca la red que la sostiene para que ella pueda sostener a otras. Las renovadas visiones sobre la vida cotidiana: ahí está su genio. En no aceptar que la vida es esto que nos toca, sino en imaginarla constantemente de nuevo, distinta, posible.

Última pregunta. La que guardaba para el final: qué es para ti la ternura revolucionaria.

El audio tarda en llegar. Horas. Pienso que se fue la luz, que perdió el teléfono, que algo ha pasado. Pero cuando llega, entiendo la demora. Porque lo que dice no es una respuesta improvisada. Es una declaración. Un manifiesto. Una forma de resumir una vida entera.

—Ser feminista, acompañar desde lo sentipensante, ser coherente, generar aprendizajes de prácticas para aportar en la vida de otras personas y la del territorio.

Lo escucho varias veces. Cada vez encuentro algo nuevo. Lo sentipensante, esa mezcla de sentimiento y pensamiento que los académicos le robaron a los pescadores colombianos y que Mireidy usa como si siempre hubiera sido suyo. La coherencia, esa palabra tan difícil, tan incómoda, tan necesaria. Tan freiriana. Generar aprendizajes de prácticas: aprender haciendo, enseñar haciendo, todo junto, todo revuelto, todo vivo.

Y al final, el territorio. Ese pedazo de Cuba en Guantánamo donde Mireidy vive y trabaja y ama y esperanza. Ese territorio que es también ella, que la ha hecho como es, y al que ella, cada día, le devuelve algo. Mireidy que todos nombran como Mirita.
..

El teléfono se queda en silencio. La conversación termina sin despedidas formales. Así son estas cosas: un audio, otro, y luego el mutis. Afuera, en La Habana, empieza el atardecer. Me pregunto cómo será la luz en Guantánamo ahora, si el guayacán seguirá floreciendo amarillo en medio de la sequía. Me pregunto si Mireidy estará viendo esa misma luz, si estará pensando en lo que dijo, si estará ya en otra cosa, en otra conversación, en otra ternura.

Lo que sé, lo que me llevo de estos días de conversaciones, pausas y esperas, es esto: que hay mujeres que son territorio. Que Mireidy Ramírez Trimiño es una de ellas. Y que la ternura —la suya, la nuestra, la que intentamos construir las que creemos en esto— no es un sentimiento blando. Es una práctica. Una decisión. Una forma de estar en el mundo que se parece mucho a la revolución.

✒️🎨 Yuliet Teresa-Intensa

20/03/2026

💜| Ella pidió disculpas por la demora. “Es que la situación energética está muy fuerte”, escribió en un mensaje, como quien se excusa por una llovizna inoportuna.

En Cuba, la “situación energética” no es una metáfora. Es un apagón que dura horas, que borra de un plumazo la conexión con el mundo y convierte la vida en un ejercicio de resistencia cotidiana. Por eso, cuando al fin la conexión se establece y su voz llega a través de la pantalla, cargada de palabras medidas, de silencios que no son vacíos sino pausas para pensar, una sabe que está hablando con alguien que ha hecho de la supervivencia un oficio.

Su nombre es Yuliet Velázquez, y en la Red de Educadoras y Educadores Populares de El Salvador, y en su vida, intenta algo que suena a oxímoron en medio de la crisis: construir ternura revolucionaria.

- ¿Cuáles crees que son los desafíos de las mujeres cubanas hoy?

Yuliet no enumera con prisa. Sus puntos no son una lista, son un diagnóstico. El primero, dice, es la violencia de género. Pero no se detiene ahí. Explica que, en algunos sectores de la sociedad cubana, el feminismo y el enfoque de género aún son vistos como un problema de mujeres, una suerte de asunto doméstico que no compete a la mitad de la población. “Eso significa”, dice con una calma que subraya la urgencia, “que hay que trabajar las masculinidades”.

El segundo desafío tiene la textura áspera de lo material. Habla del “excesivo desgaste físico y mental provocado por la crisis económica”. Una crisis que, traducida al día a día, obliga a las mujeres a dedicar horas interminables a “resolver”. Resolver es conseguir agua, buscar comida, ingeniar cómo estirar lo que no alcanza. Es un trabajo invisible, agotador, que ocurre antes y después de cualquier jornada laboral.

Y el tercero, acaso el más sutil, es el de la influencia real. “La mujer está presente en todos los sectores”, reconoce, “pero el desafío reside en lograr una real influencia para la toma de decisiones”. Estar, pero no decidir. Ocupar el espacio, pero no transformarlo. Esa, para ella, es una de las grandes deudas.

- Desde tu experiencia, ¿cómo se puede construir poder popular desde la base en la Cuba de hoy, frente a los asedios, la guerra y la crisis?

Su respuesta no habla de grandes estructuras ni de consignas. Habla de lo pequeño, de lo orgánico. “A partir del empoderamiento de líderes y lideresas que identifiquen las problemáticas desde lo local”, dice. La clave está en el “desde”. No es una idea que baja, sino una necesidad que sube.

Propone promover iniciativas y proyectos locales que permitan la participación. Habla de utilizar la comunicación popular, no como una herramienta más, sino como un tejido que conecta. Y al final, coloca una condición casi filosófica: “Aceptar la educación popular como filosofía de vida”. No como una técnica, sino como una manera de estar en el mundo: aprendiendo del otro, con el otro, en el barrio, en la cola, en el apagón.

- ¿Cómo combinas tu vida personal, la militancia y las tareas cotidianas?
La pregunta parece hecha para que alguien se derrumbe o recite una letanía de sacrificios. Ella no. Su respuesta es un puñado de palabras que funcionan como un credo privado: “Con sentido emancipador, autoestima, amor y resiliencia”.

No habla de una combinación exitosa, ni de recetas. Habla de una actitud. El sentido emancipador como brújula, la autoestima como escudo para no desaparecer en la entrega, el amor como combustible y la resiliencia como ese músculo que se ejercita a diario para no quebrarse. Es la respuesta de alguien para quien la militancia no es una capa que se pone y se quita, sino una fibra íntima de su propia trama.

- ¿Qué es para ti la ternura revolucionaria?

Ahí se hace un silencio más largo, como si la pregunta abriera una puerta hacia adentro. Y cuando habla, lo hace con la precisión de quien ha acariciado esa idea muchas veces.

“A menudo vemos la revolución como un hecho rígido”, dice, “y no como el motor de cualquier transformación social”. Para ella, la revolución sin ternura es un motor que corre en seco, que se quema a sí mismo. Por eso la ternura, la suya, es un gesto de varias capas: “El cariño por los otros y las otras, el acompañamiento, la conciencia femenina, la claridad en el horizonte que defiendo, el deseo de un bienestar común”.

No es una ternura ingenua, de manual. Es una ternura que sabe del desgaste, de la violencia, de los apagones. Es, dice finalmente, la herramienta para lograr “la transformación de nuestras realidades”. Una Revolución no puede ser rígida, sino se desgasta. Se hace con la claridad del horizonte y con el cariño por el que camina al lado, en la misma tormenta.

✒️ Yuliet Teresa-Intensa

26/02/2026
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🌟 ¡AdoleSer arranca el 2026 con fuerza y propósito!​Hoy, 27 de enero, nuestro equipo se reunió con la mirada puesta en u...
28/01/2026

🌟 ¡AdoleSer arranca el 2026 con fuerza y propósito!
​Hoy, 27 de enero, nuestro equipo se reunió con la mirada puesta en un año de transformación. Bajo el eco de las letras de Mercedes Sosa y ese llamado al cambio positivo, dimos inicio a una jornada de reorganización y planificación estratégica.

​🤝​El encuentro
comenzó con la alegría de recibir a nuevos integrantes, quienes se sumaron a la familia AdoleSer. Tras una presentación individual, compartimos los objetivos del proyecto y reafirmamos nuestro compromiso ético mediante la reelaboración de las normas grupales, pilares de nuestra convivencia.

​⚙️​Para garantizar
que cada meta se cumpla, establecimos nuestras bases operativas:
​Comisiones de Trabajo: Quedaron conformadas las áreas de Logística y Comunicación.
​Liderazgo Juvenil: Se seleccionaron a las adolescentes que coordinarán el próximo taller. ¡Ya tienen sus tareas definidas bajo la supervisión de nuestros adultos!

​Al evaluar la jornada, las palabras de los protagonistas lo dijeron todo. Fue un día:
​Interesante, excelente, educativo, reorganizativo, motivador y comunicativo.

​🌹 Un Cierre con Historia
​Finalizamos con la sensibilidad a flor de piel, realizando una ronda de los Versos Sencillos de nuestro Apóstol. Un homenaje necesario en vísperas del aniversario 173 del natalicio de José Martí.
​¡Estamos list@s para un 2026 lleno de impacto y crecimiento!



"¡De vuelta al terruño y con las manos a la obra! ✊🌱​Tras participar en el taller de acompañamiento a experiencias, el g...
24/01/2026

"¡De vuelta al terruño y con las manos a la obra! ✊🌱
​Tras participar en el taller de acompañamiento a experiencias, el grupo gestor de la experiencia acompañada por la Red de Educadores y Educadoras Populares Luz de Guayacán, se reunió para multiplicar lo aprendido.
​No solo se compartieron anécdotas, sino que se comenzó a diseñar soluciones con acciones concretas desde lo que nuestro Diagnóstico Participativo nos gritaba.

¡El diagnóstico nos dio la ruta, el compromiso nos da la fuerza! 🤝



Regresó nuestra amiga   pueden seguirla desde éste nuevo perfil, ya que le hackearon su canal, presumiblemente para call...
20/01/2026

Regresó nuestra amiga pueden seguirla desde éste nuevo perfil, ya que le hackearon su canal, presumiblemente para callar esa voz. Pero no, no podrán con su intensidad y talento, así como no podrán con todos nosotros y nosotras. Liberato Cimarrón Ondrelys Tito Centro Memorial "Martin Luther King" Proyecto Escaramujo Adolescer: evento académico Osmany Potrille Bello Abel Rodriguez Osorio Daniel Martínez Balón Yarisleidy Bosch Santana Yuliet Teresa-Intensa IPS Cuba Ruben Peña Vocesenlucha Yudenia Nieves Basulto

Empiezo de nuevo, aunque no sea del todo un comienzo. Hay reinicios que duelen, porque nacen de una pérdida. Perdí un espacio, un nombre, una casa digital donde se habían quedado tantas personas lindas, tantas conversaciones, tantas maneras de estar y de pensar juntas. El perfil Yuliet Teresa ya no me pertenece: fue hackeado. Así, sin ceremonia, sin despedida.

Pero lo que allí ocurrió no se borra tan fácilmente. No se hackean las reflexiones compartidas, ni las complicidades tejidas, ni el ejercicio obstinado de socializar el saber, de repartir el poder, de democratizar el cariño. Eso no tiene contraseña.

Este perfil nuevo no es una huida: es una ruta alternativa. Un desvío necesario para seguir andando. Llego a esta plataforma con las rodillas un poco raspadas, sí, pero con la intensidad intacta. Con la misma urgencia de decir, de sentir, de nombrar la vida como viene.

Aquí estoy otra vez, dejando señales para quien quiera sumarse a la travesía, para quien reconozca esta voz aunque cambie el escenario. Compartan si sienten que a alguien más le puede servir este camino.

No voy a desistir. Seguiré escribiendo. Seguiré existiendo. Aunque me cambien el mapa, no me quitarán el pulso.

Yuliet Teresa-Intensa

Dirección

Guantánamo

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