21/06/2026
Hoy, Día del Padre, honramos a quien supo ser padre de una nación entera: Carlos Manuel de Céspedes, el Padre de la Patria cubana.
Abogado de profesión, patriota por convicción, Céspedes encarna como pocos la esencia del jurista comprometido con la justicia. Nacido en Bayamo el 18 de abril de 1819, se graduó de Bachiller en Derecho Civil en la Real y Pontificia Universidad de La Habana y luego obtuvo el título de Abogado del Reino en la Universidad de Barcelona.
Pero no fue un abogado de escritorio y expedientes. Fue un hombre de acción que supo que la verdadera justicia no se escribe solo en las leyes, sino que se conquista en los hechos. El 10 de octubre de 1868, en el ingenio La Demajagua, no solo liberó a sus esclavos y se alzó en armas contra el dominio español: fundó el ideal de una Cuba libre y soberana. Por eso es el Padre de la Patria, porque nos dio el ejemplo de que la libertad se conquista con el corazón y con el derecho en la mano.
Su legado jurídico trasciende el gesto fundacional. El 12 de abril de 1869, fue investido como primer Presidente de la República de Cuba en Armas, un gobierno constitucional que nació en medio de la Guerra de los Diez Años. Su participación en la Asamblea Constituyente de Guáimaro, reunida los días 10, 11 y 12 de abril de 1869, fue decisiva para dotar al movimiento independentista de una estructura republicana y legal. Aunque sus ideas sobre un ejecutivo fuerte no prevalecieron frente a la postura de Ignacio Agramonte y los camagüeyanos, Céspedes cedió en aras de la unidad y aceptó la Constitución aprobada, que estableció la división de poderes y proclamó la libertad de todos los habitantes de la República en su Artículo 24.
Esa primera Carta Magna cubana, redactada por Agramonte y Antonio Zambrana, fue la expresión jurídica de la Revolución. En medio de la guerra, cuando "no teníamos un palmo de tierra seguro en que clavar nuestra bandera", los mambises crearon un Estado provisional que fue reconocido por varios gobiernos extranjeros, demostrando que todo proceso revolucionario necesita una base legal. La Constitución de Guáimaro no solo organizó el gobierno insurgente, sino que marcó el nacimiento jurídico de la nación cubana.
En este , recordamos a quien siendo abogado supo ser padre de una nación, y lo celebramos con orgullo. Su legado nos inspira a ejercer la abogacía como él la entendió: al servicio de la justicia y de la patria.