25/06/2026
Jorge Corrales Mayorga , socio de la AOCR y gran naturalista, nos comparte esta información acerca de la biología y datos sobresalientes del pájaro aceite- Guacharo- Steatornis caripensis.
Foto de Priscila Aguirre - en Belén, Costa Rica
El misterioso guácharo: el ave que desafía todas las reglas
Tal vez para muchas personas la noticia de que apareció un guácharo (Steatornis caripensis) en Belén no signifique gran cosa. Al fin y al cabo, podrían pensar que simplemente se trata de un pájaro café, de aspecto extraño, que se tambalea sobre una rama. Pero detrás de esa imagen hay una de las aves más extraordinarias del continente: una especie extremadamente rara en Costa Rica, con un comportamiento único y una historia natural verdaderamente fascinante.
Hace más de 30 años asistí a una charla sobre el guácharo que nunca olvidé. En aquella época los investigadores apenas comenzaban a colocar radiotransmisores para seguir sus movimientos nocturnos. Recuerdo que salí impresionado cuando explicaron las enormes distancias que estas aves podían recorrer durante una sola noche en busca de alimento.
Hoy la tecnología ha avanzado muchísimo. Gracias a los GPS se ha comprobado que un guácharo puede recorrer más de 100 kilómetros en una sola noche y utilizar áreas enormes de bosque para buscar frutos. Eso cambia por completo la forma de interpretar los registros aislados de esta especie.
No es un ave común en Costa Rica, pero tampoco es la primera vez que aparece. Existen registros modernos en diferentes partes del país, incluyendo Monteverde y ahora Belén. Recuerdo además que don Julio Sánchez, ornitólogo del Museo Nacional, me había comentado hace muchos años sobre la existencia de un registro histórico para Costa Rica de principios del siglo pasado. No he logrado volver a encontrar esa referencia y me gustaría confirmarla algún día. Lo que sí está bien documentado es el hallazgo reportado por Edgardo Arévalo de un ala encontrada debajo de cables de alta tensión en Villa Mills, Cerro de la Muerte, en 1986, evidencia física que confirmó la presencia de la especie en el país.
Siempre he pensado que esos grandes desplazamientos podrían explicar por qué de vez en cuando aparece algún individuo en Costa Rica. No sabemos con certeza si vienen temporalmente siguiendo la fructificación de ciertos árboles, pero hoy esa hipótesis resulta mucho más razonable que hace treinta años, precisamente gracias a los estudios de telemetría y GPS.
Otro dato que me llamó mucho la atención es que existe un registro de un guácharo en Barrio Luján, en plena ciudad de San José, citado en una recopilación de registros nacionales. Lamentablemente no he encontrado todavía los detalles de ese hallazgo, pero demuestra que no sería la primera vez que un guácharo aparece en una zona urbana de Costa Rica, algo que hace todavía más interesante el individuo observado ahora en Belén.
El guácharo es un ave verdaderamente única. Es la única ave frugívora nocturna del mundo. Se alimenta principalmente de frutos muy ricos en aceites, especialmente de aguacatillos silvestres (árboles nativos emparentados con el aguacate), además de algunas palmas. Los frutos son tragados enteros y las semillas son expulsadas lejos del árbol original, convirtiendo al guácharo en uno de los grandes dispersores de semillas de los bosques tropicales.
Su nombre científico también cuenta una historia. Steatornis significa “ave de grasa”, mientras que caripensis significa “de Caripe”, una localidad de Venezuela donde se encuentra la famosa Cueva del Guácharo. Los pichones llegan a acumular tanta grasa que, poco antes de abandonar el nido, pueden pesar incluso más que sus propios padres. Desde tiempos precolombinos, algunos pueblos indígenas recolectaban esos pichones, los cocinaban lentamente para extraerles la grasa y obtenían un aceite muy fino que utilizaban para cocinar, iluminar sus viviendas y otros usos domésticos. De ahí proviene también el nombre inglés Oilbird (“ave del aceite”).
Otra de sus maravillas es la ecolocalización. Esto significa que, al igual que los murciélagos, produce una serie de clics que rebotan en las paredes de la cueva y regresan en forma de eco, permitiéndole “dibujar” mentalmente el espacio que lo rodea aun en completa oscuridad. Es una capacidad extraordinariamente rara entre las aves. Solamente los guácharos y unas pequeñas aves del sudeste asiático llamadas salanganas, parecidas a los vencejos, utilizan este sistema de orientación. Sin embargo, una vez sale de la cueva, el guácharo depende principalmente de su enorme sensibilidad visual para localizar árboles cargados de frutos durante la noche.
Otro detalle que siempre me ha llamado la atención es que, cuando descansan, suelen posarse inclinados con la cabeza hacia abajo y realizan un lento movimiento de balanceo. Este comportamiento todavía no se comprende completamente y continúa siendo uno de los pequeños misterios de su historia natural. Personalmente, cada vez que observo ese tambaleo y la coloración parda del guácharo no puedo evitar recordar muchas mariposas nocturnas y otros insectos crípticos (especies cuya forma y color les permiten confundirse con hojas secas, cortezas o ramas). Muchas de esas mariposas también se balancean suavemente, imitando una hoja seca movida por el viento. No he encontrado estudios que lo demuestren en los guácharos, pero siempre me ha parecido una hipótesis muy interesante que ese movimiento también contribuya a romper la silueta del ave y ayudarla a pasar desapercibida.
Cada vez que aparece un guácharo en Costa Rica me emociona pensar en el viaje que pudo haber realizado la noche anterior. Tal vez viene de muy lejos. Tal vez simplemente está aprovechando una buena temporada de frutos. Nunca lo sabremos con certeza… pero eso es precisamente parte del encanto de la historia natural.
Y quizás esa sea la mayor enseñanza que nos deja esta especie. La naturaleza tiene patrones que se repiten una y otra vez, pero de pronto aparece un organismo que rompe todos los esquemas. Un ave frugívora que vive en cuevas, vuela de noche, se orienta mediante ecolocalización, recorre más de 100 kilómetros en busca de alimento y, además, presenta comportamientos que todavía hoy no comprendemos del todo.
Son esas especies “fuera de serie” las que más me apasionan. Nos recuerdan que la evolución no sigue un único camino. Cuando creemos haber entendido las reglas de la naturaleza, siempre aparece un guácharo, un ornitorrinco o cualquier otro organismo extraordinario para recordarnos que la evolución posee una creatividad mucho mayor que nuestra imaginación. Y creo que esa capacidad de sorprendernos es una de las razones por las que nunca dejaré de maravillarme con la historia natural.