05/05/2025
| Hace cien años, en 1925, inició una guerra fraticida que enlutó a varias familias poaseñas. Este es el relato del célebre poaseño don Eliécer Murillo Esquivel.
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Guerra civil poaseña: 1925-1931.
| La fascinante historia de la guerra fratricida poaseña de la década de 1920 que tan graves consecuencias tuvo para este pueblo.
¿Por qué razón nuestro pueblo se vio sumido en una espiral de violencia fratricida, prácticamente una guerra civil, entre 1925 y 1931? Hubo una conjunción de muchas factores que podría explicar lo ocurrido: divergencias políticas y religiosas, ansias de poder, caudillismo, negocios frustrados, intrigas, injurias y calumnias, defensa del honor, delitos y crímenes, ignorancia e inconsciencia. Haremos un resumen basado en los relatos de don Eliécer Murillo Esquivel (quien fue muy reservado y trata de justificar las acciones por el alcoholismo y la ira) y adjuntaremos la interpretación de Percy Rodríguez y algunos detalles extra. Las verdaderas razones siguen sin estar claras y un velo de leyenda cubre a la época.
Cuenta don Eliécer que al inicio de la década de los veinte, Alberto "Chele" Murillo era el dueño de la planta hidroeléctrica del cantón, vivía en "El Bajo". Su finca era un legítimo feudo y sus empleados le eran totalmente fieles. Divergencias políticas con el cura español Venancio Oña -quien utilizaba el púlpito para atacar a sus adversarios políticos- alejaron a Alberto Chele de "El Alto" y sus vecinos. En una ocasión, el padre Oña mató a su amada cabra para agasajar con un festín Alberto Echandi –candidato presidencial en 1923- y el hecho fue ridiculizado en caricaturas de los periódicos de la época. El padre Oña no era amigo ni de Alberto Chele ni de su gente, entre ellos el abogado apoderado de la municipalidad de Poás. En una ocasión, estando dicho abogado en Poás, le robaron su caballo y lo encerraron en los predios del padre Oña. Al día siguiente, amaneció trasquilada la bestia, pero no la del abogado, sino la del padre Oña. El padre maldijo: -"la mano culpable de este atropello, habrá de caer". En los días posteriores, en un accidente en un trapiche, se le trituró la mano a Chepe Chaves quien había sido peón de Alberto Chele. Este hecho sirvió para alimentar la imaginación y las habladurías de los poaseños. El día de las elecciones de 1923, entre el licor y la emoción, Ricardo Conejo -sobrino de Alberto Chele- disparó contra la casa cural desde un caballo. El padre Oña abandonó inmediatamente y para siempre a Poás, luego de maldecirlo.
Los terrenos de Alberto Chele colindaban con los de Elicio Murillo Arrieta, vecino de "El Alto" y miembro del clan familiar de los "mama Chica" apodados con ese mote por ser hijos de Francisca Arrieta. Alberto le ofreció a Elicio comprar su finca porque le interesaba una paja de agua con catarata para la instalación de una planta eléctrica más potente. Ambos aceptaron el trato y quedaron de verse en Alajuela en determinada fecha (1926). Pero llegado el día convenido, Elicio no llegó a Alajuela y Alberto no perdonó la burla. Para agravar más la situación, días después, estando Alberto Chele en el corredor de su casa en una mecedora al mecerse esquivó una bala que se clavó en la pared. La guerra estaba declarada.
Alberto le prohibió el paso por su finca a Elicio, quien, por supuesto, hizo caso omiso, pues ese atajo le ahorraba caminar una gran distancia. El camino le fue cerrado con alambres. Elicio los quitó, siguió su camino y, más adelante, fue herido de bala en el abdomen. Fue trasladado muy delicado a una clínica de San José donde se salvó de morir. Se insinuó que fue Ricardo Conejo, en conjunto con los de "El Bajo", fue quien le disparó, pero nunca hubo pruebas. Los Murillo Arrieta "mama Chica" se enardecieron y Alberto Chele les cortó el suministro eléctrico.
La tensión creció y la comandancia de Alajuela ordenó reforzar a la policía poaseña. Se volvieron comunes los pleitos en las cantinas que terminaban con balazos por el menor motivo. Se declaró el toque de queda y la gente estaba atemorizada. El pueblo entero se polarizó. Poás se vio envuelto en una época sombría, de terror, caos y desprestigio, sobre todo para San Pedro. Disminuyó el turismo y muchas familias se vieron obligadas a migrar [Diáspora poaseña] a otros pueblos como Tilarán de Guanacaste y Cot de Oreamuno, entre otros.
En la noche del sábado 22 al domingo 23 de mayo de 1926, como siempre, estaban los dos bandos en sendos grupos separados en una cantina, en un bando estaba Danilo Murillo, sobrino de Chele, que se había enemistado con su antiguo amigo Hernán Rodríguez, del otro bando. A las diez de la noche llegó el toque de queda, se fueron todos pero se encontraron armados hora y media después frente a la esquina sureste del parque de San Pedro, donde se armó el zafarrancho: hubo muchos heridos. En la confusión de la oscuridad, una bala alcanzó el cuello de Danilo quien murió en el lugar. Los rumores apuntaron a que la bala homicida fue disparada por Marcos Rodríguez, hermano de Hernán, otros a que fue la de Lalo Murillo, amigo de Hernán. En todo caso, Hernán y Lalo huyeron de Poás. Después de este crimen hubo una relativa calma temporal de vez en cuando interrumpida por una nueva trifulca. En una de ellas, Ricardo Conejo fue herido en la ingle, tuvo que huir entre solares y fue hospitalizado en Alajuela para su curación.
Un año después, Elicio Murillo trabajaba como capataz de una cuadrilla de peones en la construcción de la carretera de Poás a Alajuela. El 30 o el 31 de diciembre de 1927, fueron emboscados en el camino y, desde lo alto de "El Tajo", dispararon contra el grupo. Elicio se salvó, pero Filadelfo "el negro Pepo" Simpson y Lalo Murillo fueron heridos de muerte. Se espació el rumor de que el autor del doble crimen había sido Lindor Salazar, un peón de Alberto Chele.
El 31 de enero de 1928, día de la feria del dulce en Alajuela, Alberto Chele se encontraba al costado este del mercado. Un jinete lo mató a sangre fría, mientras que uno de los presentes recibió un disparo en la mejilla. El jinete fue Marcos Rodríguez, el hermano de Hernán. Hernán se declaró culpable para proteger a su hermano menor, pero luego se demostró que no podía haber sido él.
Marcos Rodríguez huyó. Pasó por la Maravilla y por Santa Bárbara donde abandonó el caballo. Se dice que estuvo fuera del país. Con los años volvió a su pueblo y se mantuvo relativamente escondido. Sin embargo, la noche del 3 de enero de 1931, en la fiesta de bodas de Lucía Solís y Elías Carballo, se encontró a Marcos bailando. Isauro Murillo "Surico" sobrino de Alberto Chele, lo denunció. La policía llegó, sacó a Marcos de la fiesta y lo mandaron para la casa. Al rato, Marcos estaba de nuevo bailando. Lo sacaron nuevamente y se fueron para la pulpería de Beltrán Murillo donde estuvieron bebiendo licor. Allí llegó la policía y detuvo a Marco.
Marcos Rodríguez fue llevado preso a Alajuela y le dijo a Beto Rodríguez jefe político de Poás "pedíle a Dios que nunca salga libre". Siguió un largo proceso que convirtió al joven alegre en un tipo hosco. Decidió fugarse. No se dan más detalles de su plan de fuga, ni si hubo sobornos o la ayuda de familiares o amigos, pero un vehículo lo esperaría a la salida y se dice que recibió el revólver dentro de un pan. Según Percy Rodríguez, en la noche del 3 de septiembre de 1931, Marcos se escapó de la cárcel. En la puerta del presidio estaba un centinela que se opuso a su huida, alistó el arma y se suicidó. Según Percy Rodríguez, Marcos se suicidó porque prefirió morir antes que asesinar a un amigo.
Han pasado años, en Poás se han tejido todo tipo de historias acerca de las familias que huyeron de Poás y de Alberto Chele, Danilo, Ricardo, Lindor, Simpson, Elicio, Lalo, Hernán y Marcos. ¿Qué le contaron a usted sus abuelos?
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