25/07/2026
🛑 .*Por favor mi querido servidor de los Comedores San Ludovico Pavoni, saca de tu hermoso tiempo unos pequeñísimos minutos: Lee y reflexiona*.
✨ EL LOCO DEL PERFUME
En medio de la basura… él olía a esperanza.
No tenía casa, pero jamás perdió el hábito de perfumarse.
En el barrio lo llamaban “El Loco del Perfume”.
Dormía entre cartones cerca de un contenedor en Los Ángeles. Nadie sabía su nombre ni su país: algunos decían que era cubano, otros mexicano. Él nunca lo aclaró. Solo se sabía esto: cada mañana, tras lavarse con una botella de agua de la fuente pública, sacaba uno de los frascos viejos que coleccionaba de la basura y se lo rociaba en el cuello.
Chanel, Carolina Herrera, Avon… no importaba la marca. Los alineaba como trofeos en el suelo y elegía uno con una sonrisa.
—Hoy huele a esperanza —susurraba siempre.
Los niños lo miraban con asombro. Los adultos, con desprecio.
—Loco, ¿pa’ qué quieres oler bien si vives entre basura? —le gritó un joven una vez.
Él solo respondió:
—Porque lo que huele bonito… atrae cosas bonitas.
Un día, Clara, una trabajadora social, se detuvo a hablar con él.
—¿Por qué siempre perfume? —le preguntó.
Él la miró serio:
—Porque un olor bonito puede salvarte la vida.
Le explicó que en los albergues, si olías mal, te golpeaban o te robaban. Pero si olías bien, te respetaban.
—Si huelo como alguien con hogar… quizá algún día lo tenga.
Clara empezó a visitarlo seguido. Le llevaba pan, café, libros. Y poco a poco descubrió lo que nadie sabía: aquel “loco” había sido profesor de historia. La guerra lo expulsó, perdió a su familia, y terminó en la calle.
—A veces, la memoria pesa más que el hambre —le confesó.
Clara contó su historia en redes: “No es loco. Es sobreviviente.”
La gente respondió. Le regalaron un traje, un corte de cabello… hasta que una biblioteca le ofreció trabajo.
El primer día, antes de entrar, sacó de su bolsillo un frasco casi vacío y se roció discretamente.
—Ahora sí —dijo con una sonrisa—. Huele a comienzo.
Meses después, dio una charla en una escuela. Un chico le preguntó:
—¿Qué fue lo más difícil de vivir en la calle?
Él no dudó:
—Mirarme al espejo… y no tener olor a nadie.
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