09/04/2026
¿72 horas de vida? Depende...
El 25 de diciembre del 2019, cuando la noche apenas iniciaba y había pasado ya la entrega de regalos, las comidas y celebraciones, cuando nos disponíamos a acostarnos, sucedió un evento que marcó un antes y un después en mi familia. Mi madre, sufrió una caída y se fracturó la cadera. Tuvimos que irnos urgentemente a un hospital privado, buscando que se le diera la atención más pronta posible. Fue operada al día siguiente y luego egresada. Un día después, presentó lo que luego sabríamos, era un infarto. Esta vez, por la gravedad del cuadro fue trasladada a un hospital público, donde nos dieron una sentencia: su madre (adulta mayor, con Demencia mixta) tiene 3 días de vida a lo sumo; le vamos a poner x medicamento y esperar que suceda lo que tenga que suceder.
Ante este panorama y como hija no de una "doña demenciada" sino de la mujer que fue piloto de avioneta, traductora oficial en 4 idiomas, proveedora, guía, maestra , defensora de su familia y más, le dije al emergenciólogo: si es así, nos la llevamos, queremos que muera en su hogar (con la dignidad que merece cualquier ser humano, independientemente de su desarrollo, status o condición de salud).
A los pies de esa cama estuvimos todos: familia, amigos, sacerdotes, colegas, cuidadores... 3 días de un adiós que partía el alma, pero que mi madre merecía. Simplemente le poníamos el único medicamento que nos habían recomendado y hablábamos y rezábamos como quien le quiere sacar hasta la última gota al tiempo.
6 años han pasado... otro infarto, infecciones, una trombosis... todos más viejitos y aún exprimiendo el jugo del tiempo.
Muchas veces hemos escuchado el "déjenla ir", "piensen en su vida", "pídanle a Dios que se la lleve" "no le pongan suero ni le den de comer"... pero siempre hemos tenido claridad: todo lo que un ser humano digno ocupe para vivir se lo vamos a dar sin limitaciones (comida, hidratación, control de dolor, protección y toneladas métricas de amor), acompañándola en su paso a donde el dolor no existe y el alma se une al Creador.
Hoy precisamente mientras escribo esta pequeña reflexión, mi madre está enfrentado una nueva crisis, como todo ser viviente experimenta con cierta frecuencia y seguimos dándole dignidad, amor, comida (malteadas para que se vaya con una sonrisa cuando le toque irse) y demás chineos.
Ni más ni menos. La dignidad que tanto se menciona en estos días, no está en morir cuando uno quiere o cuando los demás se cansan de cuidarlo. Está en que cada ser humano tenga lo que necesita para trascender en las mejores condiciones que se le puedan brindar, sabedores de que el sufrimiento es parte de la vida, pero que como seres humanos poseedores de inteligencia y sobre todo amor, tenemos la capacidad de mejorar cada día la vida de nuestros congéneres, en todas sus etapas de vida, pero sobre todo cuando dependen al 100% de nuestro cuidado y apoyo, por alguna enfermedad o porque se vaya acabando la arena del reloj...¿Limitar los esfuerzos al final de la vida? ¡Que va! ¡Esforzarnos a mil por cada una de las vidas!
Sadie Morgan, Presidente de la Asociación Médicos por la Vida