14/05/2026
Nos vamos a salir un poco de lo que solemos publicar por que esta opinión merece compartirse.
Estamos en la era de la basura periodística. Nuestra postura siempre será abogar por el derecho a la defensa, entiéndase que eso no es sinónimo de abogar siempre por quien usa un arma de fuego. Si un uso de arma no es el correcto, así lo diremos.
Con eventos como el del martes la integridad periodística es vital. Leer medios sensacionalizando la figura de quien fue el agresor inicial del evento a cambio de clicks y reacciones resulta respulsivo. Y no es que tengan que más bien hacerlo al revés para generar una reacción positiva hacia el portador legal, no es eso lo que se busca, lo que se busca es objetividad, reporten los hechos, reporten la secuencia de lo que sucedió, informen sin generar sesgos. En esta época donde la información se propaga con tanta facilidad, la desinformación se propaga de la misma manera.
Señores periodistas y medios de comunicación, háganle honor a su profesión.
| NO HAY MUERT0 MALO... NI ÉTICA PERIODÍSTICA
La tragedia ocurrida este martes, donde un hombre perdió la vida tras recibir un disparo en medio de un aparente caso de legítima defensa, ha vuelto a poner sobre la mesa no solo la violencia que vive la sociedad, sino también el papel que cumplen los medios de comunicación en la construcción de la narrativa pública.
Antes que cualquier cosa, es importante dejar claro algo: los hechos continúan bajo investigación y será únicamente el sistema judicial el encargado de determinar responsabilidades, contextos y alcances legales de lo ocurrido. No corresponde condenar ni absolver públicamente a ninguna de las partes antes de tiempo.
Sin embargo, sí corresponde cuestionar el manejo informativo que algunos medios han realizado desde las primeras horas posteriores al hecho.
En cuestión de minutos comenzaron a aparecer titulares centrados casi exclusivamente en victimizar al fallecido: “Mantenía una familia de nueve personas”, “Esto dice la esposa del fallecido”, “Familia enfrentaba otra tragedia reciente”, entre muchos otros enfoques similares que probablemente seguirán apareciendo durante los próximos días.
Y sí, detrás de todo difunto hay una historia humana. Hay dolor, familiares y personas afectadas. Eso es completamente real y merece respeto.
Pero el problema surge cuando el tratamiento periodístico parece olvidar deliberadamente otros elementos importantes que también forman parte de los hechos investigados.
Según los videos que circulan y la información preliminar conocida hasta ahora, aparentemente el fallecido habría sido el responsable del choque (el que choca por atrás a otro vehículo es responsable) y además habría reaccionado de manera agresiva durante la discusión posterior, incluso amenazando con un objeto al otro involucrado. Esa parte también existe. Esa parte también debe tomarse en cuenta.
No para justificar una muerte. No para deshumanizar a nadie. No para convertir al fallecido en “el malo”. Sino porque el periodismo ético exige equilibrio, contexto y responsabilidad.
Porque la realidad no puede narrarse de manera manipulada únicamente para generar morbo y los clics...
Existe además una reflexión incómoda pero necesaria: en muchos casos, pareciera que socialmente no existe “muerto malo”. Y eso provoca que automáticamente toda la atención mediática se concentre en construir una imagen emocional de quien pierde la vida, mientras la otra parte queda prácticamente condenada ante la opinión pública incluso antes de un juicio.
Pero si el resultado hubiese sido el contrario, probablemente el enfoque mediático también sería distinto. Entonces aparecerían titulares enfocados en el otro involucrado, entrevistando a sus familiares y hablando de sus sueños, esfuerzos o dificultades.
Y justamente ahí es donde el periodismo debe demostrar madurez profesional: evitar narrativas parciales construidas únicamente desde el impacto emocional del desenlace.
El deber de un medio no es fabricar héroes ni villanos inmediatos. Mucho menos en casos tan delicados y complejos como este, donde existe una investigación abierta y posibles elementos relacionados con legítima defensa, agresión y reacción proporcional.
Informar con ética implica reconocer el dolor de una familia sin ocultar hechos relevantes. Implica evitar el sensacionalismo emocional. Implica entender que detrás de cada titular también se moldea la percepción pública de un caso que aún no ha sido resuelto judicialmente.
Hoy hay una persona fallecida y otra cuya vida también cambió para siempre. No hay ganadores en esta historia. Hay dolor, tensión social y preguntas difíciles.
Y precisamente por eso, el periodismo tiene la obligación de actuar con más responsabilidad que nunca.
Opinión de Jonathan Barquero, Periodista