21/05/2026
Costa Rica
Comparto un comentario de don Franco Abarenga referente al caso del Manatí; que me parece digno de análisis y respuesta por parte de las autoridades competentes en busca de un verdadero Bienestar Animal.
La situación de la joven manatí (Trichechus manatus manatus) rescatada en Costa Rica debería ser un tema estrictamente científico, veterinario y ecológico. Sin embargo, lo que está emergiendo alrededor del manejo del caso por parte de Rescate Wildlife Rescue Center —antes conocido como Zoo Ave o Zooave— abre preguntas extremadamente serias sobre la capacidad técnica real del país para manejar megafauna acuática especializada.
Porque una cosa es rehabilitar psitácidos, primates o pequeños mamíferos terrestres. Otra muy distinta es asumir el manejo neonatológico de un sirenio acuático, un organismo cuya fisiología, metabolismo, microbiota digestiva y requerimientos nutricionales pertenecen a un nicho biológico altamente especializado.
Y aquí comienza el problema.
¿Dónde está el protocolo técnico?
Desde las primeras informaciones difundidas públicamente se ha hablado de fórmulas lácteas importadas desde Estados Unidos porque la manatí “no quiere comer pasto”. Eso, lejos de tranquilizar, debería disparar alarmas científicas inmediatas.
Un neonato de Trichechus manatus no es un ternero acuático.
No es un mamífero herbívoro convencional.
Y muchísimo menos un animal que pueda manejarse mediante aproximaciones improvisadas de “prueba y error”.
La pregunta es brutalmente simple:
¿Quién diseñó el protocolo nutricional?
¿Quién hizo el cálculo metabólico?
¿Quién determinó la osmolaridad adecuada?
¿Quién está monitoreando lípidos séricos, absorción intestinal y desarrollo de microbiota?
¿Dónde están los especialistas en sirenios?
¿Dónde están los convenios formales con centros especializados de Florida?
Porque en Estados Unidos existen décadas de experiencia acumulada en rehabilitación de manatíes en instituciones vinculadas al U.S. Fish and Wildlife Service, SeaWorld Rescue, ZooTampa y otros centros especializados. Pretender manejar un ejemplar neonatal sin apoyo técnico intensivo internacional sería científicamente temerario.
La leche de manatí no es una leche cualquiera
La leche de Trichechus manatus posee características extraordinariamente particulares.
Diversos estudios sobre sirenios indican concentraciones elevadas de grasa y sólidos totales, precisamente porque las crías maman bajo el agua. La alta densidad energética permite transferencias rápidas y eficientes de energía durante períodos cortos de lactancia subacuática.
La teoría sí es correcta:
la leche rica en grasa permite al neonato ingerir grandes cantidades calóricas en lapsos relativamente breves mientras mantiene flotabilidad, termorregulación y crecimiento acelerado.
En mamíferos marinos y semiacuáticos esto no es una excepción biológica; es una adaptación evolutiva.
Ballenas (Cetacea), focas (Phocidae) y sirenios desarrollaron leches altamente energéticas porque el agua representa un entorno térmicamente hostil.
Y ahí aparece otra interrogante devastadora:
¿Qué fórmula están usando exactamente?
Porque intentar sustituir leche de manatí mediante fórmulas genéricas puede producir:
* diarreas osmóticas,
* disbiosis intestinal,
* mala absorción lipídica,
* alteraciones hepáticas,
* deficiencias inmunológicas,
* o retrasos severos en el desarrollo.
Y esto sin entrar todavía en los aspectos conductuales.
¿Qué va a pasar si sobrevive?
Supongamos —y ojalá ocurra— que la manatí logra sobrevivir.
Entonces aparece el elefante biológico en la habitación:
¿Y después qué?
¿Va a permanecer confinada en un recinto artificial?
¿Va Rescate Wildlife Rescue Center a convertirse ahora también en un centro de manejo de fauna marina?
¿Existe infraestructura para manejo hidrológico, enriquecimiento ambiental acuático, rehabilitación motora y eventual reintroducción?
Porque un manatí juvenil no es un jaguar.
No es un mono.
No es un tucán.
Es un sirenio acuático de gran tamaño, extremadamente sensible al estrés, temperatura, interacción humana y calidad del agua.
¿Existe en Costa Rica un centro verdaderamente especializado para eso?
Hasta hoy, la respuesta parece ser: no.
El vacío cognitivo del Estado costarricense
Y aquí llegamos al núcleo del problema.
Costa Rica ha delegado históricamente enormes responsabilidades sobre fauna silvestre en organizaciones privadas, fundaciones y centros de rescate cuya capacidad técnica real varía enormemente.
Algunos realizan trabajos valiosos.
Otros sobreviven entre voluntariado, turismo emocional y mercadeo conservacionista.
Y otros operan en zonas grises donde la fiscalización científica real parece casi inexistente.
El problema no es solamente Rescate Wildlife Rescue Center.
El problema es estructural.
¿Dónde está la entidad estatal con suficiente músculo científico para auditar nutrición especializada, protocolos clínicos, genética poblacional, epidemiología y manejo etológico?
¿Dónde están los biólogos marinos especializados en sirenios?
¿Dónde están los veterinarios con experiencia comprobada en neonatos acuáticos?
¿Dónde está el comité científico externo independiente?
Porque lo verdaderamente alarmante es que Costa Rica vende internacionalmente una imagen de potencia ecológica mientras en múltiples áreas críticas depende de improvisación, buena voluntad y vacíos técnicos gigantescos.
Conservación o espectáculo
Y la pregunta más incómoda de todas sigue intacta:
¿La prioridad es realmente la conservación… o la exposición mediática?
Porque cuando un país convierte cada rescate en una narrativa emocional sin transparentar protocolos técnicos, indicadores clínicos, evaluaciones externas y planes a largo plazo, la conservación empieza peligrosamente a parecerse al espectáculo.
Mientras tanto, SINAC, MINAE y las estructuras técnicas estatales siguen operando bajo un déficit crónico de especialistas, fiscalización y capacidad científica profunda.
Ese vacío cognitivo y técnico es real.
Y es gravísimo.
Porque la biodiversidad no se protege con campañas de imagen, logos nuevos o nombres en inglés.
La biodiversidad se protege con ciencia, auditoría, especialización y control técnico riguroso.
Y eso requiere algo mucho más difícil que marketing ambiental:
requiere conocimiento real.
El comentario anterior nos pone a pensar en el espacio físico donde esta contenido el Manatí, cumple los requerimientos salubres del agua, la misma esta en constante movimiento o está en agua estancada en una piscina inflable que si mete la cabeza se le sale la cola o viceversa.
Desde que el animal ingreso al país paso a ser vida silvestre y por lo tanto un bien de Dominio Público por lo que todos los costarricenses tenemos derecho a conocer las respuestas oficiales a los cuestionamientos del señor Albarenga.