24/09/2026
"¿Dónde está tu hermano?"
¿Dónde está tu hermano, dónde está tu hermana?
Podemos pasar horas hablando sobre Dios. Podemos teorizar, construir doctrinas, discutir atributos y tratar de definir qué es y qué no es. Pero cuando hablamos de Dios, tarde o temprano llegamos a un límite: Dios no es una idea que se demuestra, sino una experiencia que se vive, que se atraviesa, porque Dios no es un asunto de razón, es un asunto de fe.
Por eso la pregunta no es únicamente qué pensamos acerca de Dios, sino cómo lo experimentamos y dónde creemos encontrarnos con él. En los evangelios, Jesús reconoce una y otra vez la presencia de Dios desde abajo: entre personas enfermas, excluidas, pobres, despreciadas o consideradas poco importantes. Curiosamente, aquello que otros preferían evitar se convierte en el lugar del encuentro.
Y entonces vuelve una de las preguntas más antiguas de la Biblia. Después de la violencia, Dios no comienza preguntando por doctrinas, sacrificios o creencias. Pregunta: “¿Dónde está tu hermano?”
Quizá esa pregunta siga siendo una de las formas más incómodas de hablar de Dios. Porque toda experiencia de Dios termina enfrentándonos con la misma cuestión: ¿dónde está tu hermano, dónde está tu hermana?