02/03/2026
A Raúl Alberto Mora Amador, el Padre del volcán Poás
Rulo, como le decíamos muchos amigos marcó mi vida para siempre siendo mi primer maestro en el arte de los volcanes y siendo mi hermano mayor en el arte de la vida.
Un 7 de diciembre del 2008, periodo en el cual era su asistente de fundamentos de geología en la Universidad de Costa Rica, me dijo en Copas bar, donde siempre nos veíamos después de clases: “Gino, ¿mañana está ocupado? Estoy con un investigador de Bélgica y vamos a bajar al volcán Poás, ¿quiere venir?”. Esa propuesta vino luego de más de 1 año de estar como su asistente y tener una buena amistad, ese día Rulo sabía que estaba listo.
Ese 8 de diciembre del 2008, recuerdo que me brincaban las piernas bajando al cráter, Rulo sabía que ese sitio me impactaría para siempre. Al llegar al fondo del cráter en compañía de mi querido hermano Dmitri Rouwet, Rulo me preguntó como me sentía, mi respuesta fue: Rulo, quiero dedicarme a esto por el resto de mi vida.
Rulo, semana a semana ayudó a cumplirme ese anhelo, que hasta el día de hoy sigue intacto. Semana a semana fuimos a realizar observaciones de campo de los volcanes de Costa Rica. Me enseño cada secreto que, él empiricamente aprendió, porque Rulo era tan pionero, que en Costa Rica nunca tuvo un maestro, no tuvo la oportunidad que yo tuve de tenerlo a él. Raulito aprendió de los volcanes leyendo los libros y artículos científicos de vulcanología y después en congresos internacionales presentaba sus observaciones. Nunca tuvo un maestro y eso dice mucho de lo capaz que era.
Vivimos muchas erupciones volcánicas juntos, muchas crisis volcánicas, recibimos llamadas en varias ocasiones el Presidente de la República don Luis Guillermo Solís y varios Presidentes de la Comisión Nacional de Emergencias, Diputados, Alcaldes, personajes de la política nacional.
Rulo amaba tanto a los volcanes que mostraba su conocimiento a todas las personas no científicas por medio de charlas en zonas rurales que viven en los volcanes, programas de radio, televisión, periodicos impactando a una generación costarricense. Eso habla de su integridad, competencia, confianza y apertura.
Viajamos juntos a ver otros volcanes del mundo donde exponíamos nuevos hallazgos y experiencias de nuestros volcanes. Es lindo que cuando voy a una conferencia y siempre me preguntan por él, lo triste es que no sea Rulo quien salude a esos investigadores.
Amante de Bukoswki, de Pessoa, de Alfredo Trejos, Raúl-Orión como se autollamaba escribía poemas, cartas, pensamientos. Le gustaba estar solo, la soledad del vulcanólogo la llamaba.
Cómo amigo era muy especial y espontaneo en su forma de querer. No mentía, era franco, cuando quería, quería. Recuerdo decirle a una amiga que él le ponía el apellido suyo para que la niña tuviera un padre. Recuerdo verlo recoger víveres para una señora que sacaron del volcán Turrialba. Recuerdo ayudar a estudiantes con pasajes o comida para las giras. Recuerdo escuchar una y otra vez decirle a los estudiantes: “estudien lo que les gusta, sigan adelante, no aflojen, aunque el mundo diga no, sigan adelante”.
Él defendió y protegió a su alma mater desde su trinchera... donde cada semana se arriesgaba la vida dentro de un volcán y que en esa “Búsqueda de la luz”, los costarricenses podían estar seguros, que teníamos científicos estudiando los volcanes. En el momento crítico de su carrera, el sistema nos dió la espalda. Para una persona que ama, esta traición fue fatal.
Rulo tenía un gran amor, ese bendito Poás... tal fue su amor por ese magnífico volcán, que editó un libro, un volumen especial de una revista y escribió decenas de artículos científicos para que todo el mundo conociera la famosa Laguna Caliente. No es fácil ser el Padre de un volcán y menos el del “Corazón palpitante de Centroamérica” como se llamó su libro del Poás.
Rulo me quiso tanto, que ese 8 de enero del 2008, compartió su gran amor conmigo para siempre.
Rulo, gracias por amar tanto.
Gino González
Dr. en Vulcanología
Presidente de Volcanes sin Fronteras