Mesa Redonda Panamericana del Meta

Mesa Redonda Panamericana del Meta Asociación privada, acreditada por la O. E. A., que promueve lazos de hermandad, solidaridad intern

73 años de la primera Mesa Redonda Panamericana en Suramérica: el eco que llegó desde San AntonioEn 1952, cuando Lima fu...
28/05/2026

73 años de la primera Mesa Redonda Panamericana en Suramérica: el eco que llegó desde San Antonio

En 1952, cuando Lima fundó su primera Mesa Redonda Panamericana, el continente vivía entre la reconstrucción de la posguerra y la esperanza de una integración americana más cercana. Estados Unidos y América Latina buscaban tejer lazos más allá de la política y el comercio. Era el tiempo de las conferencias panamericanas, de la recién creada OEA en Bogotá (1948), y de una generación que creía que la paz se construía también desde la cultura y la amistad entre pueblos.

Ese fue el espíritu con el que llegó a Lima una idea que había nacido 36 años antes, el 16 de octubre de 1916, en San Antonio, Texas. Allí Florence Terry Griswold reunió a un grupo de mujeres para responder a la violencia de la frontera con México. Su respuesta no fueron armas ni discursos políticos, sino una Mesa Redonda. Sin cabecera ni fin, para que todas tuvieran la misma voz. El lema quedó claro desde el principio: “Una para todas y todas para una”.

San Antonio es hoy la Mesa más antigua del movimiento. Desde ese círculo inicial, la organización creció sin prisa pero con constancia. Llegó a México, Centroamérica, el Caribe, y en 1952 cruzó la línea ecuatorial para fundarse en Lima. Con 73 años, la Mesa de Lima es la más antigua de Suramérica y la puerta por la que el movimiento entró al sur del continente.

La Lima de 1952 era una ciudad que miraba al futuro sin olvidar su pasado colonial. El centro histórico mantenía su trazado virreinal, pero ya crecían barrios modernos en Miraflores y San Isidro. La radio y el cine eran los medios que unían a la gente, y las universidades comenzaban a abrirse a las mujeres con más fuerza. En ese ambiente, la Mesa encontró mujeres dispuestas a trabajar por la educación, las bibliotecas, las becas y la protección del patrimonio cultural, sin banderas políticas ni religiosas.

Setenta y tres años después, el gesto de aquellas fundadoras limeñas sigue vigente. Mientras la Mesa de San Antonio mantiene viva la memoria del origen, Lima representa el momento en que el proyecto se volvió suramericano. Dos ciudades, dos fechas, una misma idea: que el diálogo entre mujeres puede tender puentes donde la política deja vacíos.

Escuchar sin juzgar, creer sin revictimizar, reparar sin dilatar. Hoy recordamos a las víctimas de violencia sexual en e...
26/05/2026

Escuchar sin juzgar, creer sin revictimizar, reparar sin dilatar. Hoy recordamos a las víctimas de violencia sexual en el conflicto armado y reafirmamos su derecho a la dignidad. Porque la memoria también es reparación.

Mujeres del mundo | Margalet Techa MaglioMargalet es, además de panamericana, productora vitivinícola y de aceites de ol...
04/05/2026

Mujeres del mundo | Margalet Techa Maglio

Margalet es, además de panamericana, productora vitivinícola y de aceites de oliva con alto valor emocional, como la bodega familiar que produce el vino "El Asombrado, una artista que se convirtió en guardiana del arte patrimonial del Hotel del Prado y otros edificios históricos en Montevideo, Uruguay. Es reconocida también, por dirigir el histórico Gran Hotel Concordia en Salto, donde creó un Centro Cultural en 1999 para impulsar el arte local.

Maglio es muralista, restauradora y gestora cultural. Desde hace más de 20 años trabaja recuperando murales, yeserías y vitrales de edificios patrimoniales uruguayos que estaban condenados al olvido. Le dicen "guardiana" porque literalmente va detrás de las obras que el tiempo, la humedad y el abandono están borrando.

Su trabajo en hoteles patrimoniales de Uruguay como el Hotel del Prado, en Montevideo, es el más conocido. El Hotel del Prado es un edificio de 1912 en el barrio Prado, joya del art nouveau montevideano. Estaba cerrado y deteriorado.

Techa Maglio lideró la restauración de los murales del comedor principal que contienen pinturas de 1920 con escenas campestres y guirnaldas florales que estaban tapadas por capas de pintura blanca; las yeserías del hall, que comprenden molduras con rostros, frutas y hojas de acanto que había que reintegrar pieza por pieza y, los vitrales de la escalera de diseños franceses que filtran la luz sobre el mármol.

Ella no solo restauró. Documentó, investigó quienes fueron los artistas originales, y capacitó a jóvenes restauradores. Por eso le dicen guardiana: no restaura y se va. Se queda a cuidar.

Otros hoteles y edificios restaurados por Techa, es el hotel Cervantes de Ciudad Vieja: Allí recuperó los frescos del lobby; el Palacio Salvo, donde intervino en la recuperación de ornamentos de pasillos y el Teatro Solís, donde trabajó en dorados a la hoja y pinturas murales.

Su trabajo importa porque muchos edificios en Montevideo se demolieron en los años 70 y 80. Edificios enteros de art nouveau y art déco cayeron para hacer torres. El patrimonio quedó huérfano.

Techa Maglio entendió que un hotel no es solo camas. "Un hotel patrimonial es la sala de estar de una ciudad. Si dejás que se caiga el mural del comedor, le estás borrando la memoria a la gente que tomó café ahí por 100 años."

Su método es artesanal: usa las mismas técnicas de 1912. Cola de conejo, pigmentos al fresco, oro de 23 quilates. Dice: "Si lo hacés con materiales de hoy, en 10 años se cae otra vez. Si lo hacés como antes, dura 100 años más".

Techa Maglio entra a los hoteles viejos de Montevideo con una escalera, un pincel y el oído pegado a la pared. Escucha dónde la humedad lloró, dónde el yeso se rindió. Y entonces empieza a conversar con los fantasmas.

En el Hotel del Prado encontró murales debajo de ocho capas de pintura. Blanco sobre blanco, como si alguien hubiera querido callar a propósito esa fiesta de frutas y campesinas que pintaron en 1920. Ella raspó con bisturí, milímetro a milímetro, hasta que la primera uva volvió a respirar.

No usa guantes. Dice que hay que tocar el muro con la piel para saber si tiene fiebre. Cuando termina, no firma. Deja que el artista de 1912 siga siendo el dueño. Ella solo es la guardiana, la que se queda de noche a apagar la luz y revisar que no haya vuelto la grieta.

Montevideo la ve pasar con su overol manchado y sabe que mientras Techa camine, los hoteles no se van a morir. Porque ella entendió algo simple: el patrimonio no se guarda en un museo.

Eso cuida Techa Maglio. No paredes. Cuida los segundos en que un lugar te hace sentir que perteneces.

09/03/2026
¡Feliz Día de la Mujer!
08/03/2026

¡Feliz Día de la Mujer!

Mujeres del mundo | Gerda Weissmann, sobreviviente del holocausto n**iGerda nació en el seno de una familia judía de cla...
08/02/2026

Mujeres del mundo | Gerda Weissmann, sobreviviente del holocausto n**i

Gerda nació en el seno de una familia judía de clase media en Bielsko, Polonia. Inicio sus estudios en una escuela pública polaca, pero luego ingresó en una escuela católica de niñas en la que se permitía que un rabino acudiera a instruir a las alumnas judías en estudios religiosos.

El viernes 1° de septiembre de 1939 aparecieron aviones de combate alemanes sobre la ciudad y provocaron la huida de muchas personas. La familia de Gerda se quedó y vivió el intenso bombardeo que siguió el domingo por la noche. Por la mañana, dos soldados alemanes se acercaron por la calle en una motocicleta. Oyeron que la gente gritaba “Heil Hitler”, y de pronto ondeó una bandera con una esvástica negra, blanca y roja desde una ventana al otro lado de la calle.

Tras ser retenida y trasladada al ghetto de Bielsko, Gerda fue deportada en 1942 para trabajar en una fábrica textil en Bolkenhain, Silesia. A pesar del hambre y del trabajo agotador, los reclusos se cuidaban mutuamente. Una supervisora alemana, la señora Kugler, le salvó la vida a Gerda, cuando yacía enferma en el hospital del campamento. La señora Kugler sabía que un hombre de las SS estaba haciendo una inspección y que los enfermos serían enviados a la cámara de gas, así que llevó a Gerda de vuelta a la fábrica, puso en marcha su telar y la puso frente a él. Aunque Gerda deliraba por la fiebre, pasó la inspección.

Más tarde, enviaron a Gerda a los campos de trabajo para esclavos en Marzdorf, Landshut y Gruenberg.

El 7 de mayo de 1945, un día antes de que la joven judía cumpliera 21 años y sólo unas horas después de que Alemania se rindió oficialmente a las fuerzas aliadas, la encontraron. Su pelo estaba enmarañado, se había vuelto blanco, y pesaba 31 kilos. Llevaba un vestido andrajoso y botas de esquí, y estaba apoyada en la pared de una fábrica abandonada justo dentro de la frontera checa.

Dos soldados estadounidenses llegaron en su jeep, tras haber oído hablar de un grupo de sobrevivientes del Holocausto en una antigua fábrica. Uno de los hombres le preguntó en alemán e inglés si hablaba alguno de los dos idiomas. Ella era de Polonia, pero sabía alemán y le respondió: "Somos judías, ¿sabe?”. Después de seis años bajo el terrorismo n**i, ella quería advertirle dada su pésima condición.

El soldado permaneció en silencio durante mucho tiempo, según recordó ella más tarde. Cuando finalmente habló, su voz se entrecortó. "Yo también”, dijo.

Le pidió que le indicara dónde estaban los demás sobrevivientes.

Luego le sostuvo la puerta.

“Y ese fue el momento de la restauración de la humanidad, de la humanidad, de la dignidad, de la libertad”, dijo ella más tarde.

Esta es la historia de la liberación de Gerda Weissmann, que murió este mes a los 97 años en su casa de Phoenix. Muchos sobrevivientes del Holocausto han compartido sus relatos sobre el primer contacto con los soldados aliados al final de la Segunda Guerra Mundial, pero el de Gerda es único, porque también fue el improbable comienzo de una historia de amor entre ella y ese soldado estadounidense, Kurt Klein, que le sostuvo la puerta.

Gerda le condujo a una habitación en la que 150 mujeres jóvenes yacían en el suelo, demasiado demacradas y enfermas para mantenerse en pie. Cuando los n**is las obligaron a realizar una marcha de la muerte tres meses antes, eran 2.000. Ella hizo un “gesto de barrido de esta escena de devastación”, recordó Klein décadas después, “y dijo las siguientes palabras: ‘Noble sea el hombre, misericordioso y bueno’. Y apenas podía creer que fuera capaz de convocar un poema del poeta alemán Goethe... en ese momento”.

Ella y las otras jóvenes fueron trasladadas a un hospital de campaña, donde Gerda Weissmann disfrutó de su primer baño en tres años. Sus pies estaban tan congelados que los médicos pensaron que tendrían que amputarlos. Weissmann estuvo gravemente enferma y perdió el conocimiento durante días mientras el equipo médico la cuidaba lentamente. Treinta de las mujeres murieron después de ser rescatadas.

Al cabo de una semana, Klein apareció junto a su cama con unas revistas. Hablaron y hablaron, y él empezó a visitarla cada vez que podía alejarse de su puesto. Ella era ingeniosa, recordó más tarde, y se interesaba por la escritura y la literatura. A veces le contaba chistes y la animaba; otras veces se limitaba a escuchar cómo lloraba a sus amigos mu***os en los campos n**is. Le llevaba libros y un ramo de lirios. Le contó que había nacido en Alemania pero que había emigrado a Estados Unidos en 1937 con una hermana mayor. Todavía no lo sabía, pero sus padres habían sido asesinados en Auschwitz.

A finales de junio, Kurt Klein fue trasladado a otro puesto, así que empezaron a escribirse cartas. A pesar de su profundo apego, Gerda Weissmann temía que la amabilidad de Klein estuviera motivada por la piedad más que por un sentimiento romántico, y que ella fuera una carga para él. Klein confundió su reticencia a aceptar regalos y ayuda de él como un rechazo romántico.

Cuando el ejército estadounidense estaba a punto de entregar el control de la zona a los rusos, Klein consiguió que Gerda y un amigo se trasladaran a una zona de Alemania que todavía estaba bajo control estadounidense, donde él podía visitarla una vez a la semana. Le ayudó a conseguir un trabajo, ya que ella ansiaba la independencia mientras averiguaba qué hacer a largo plazo. No quería volver a Polonia sin sus padres ni su hermano, pero aún no sabía que todos habían sido asesinados en el Holocausto. Tenía un tío en Turquía, pero le preocupaba que fuera dominante. Y como muchos judíos después de la guerra, se preguntaba si debía ir a Palestina.

A mediados de septiembre, Klein le comunicó que estaba a punto de ser enviado a casa. Sin entender aún sus sentimientos por ella, le deseó lo mejor. Él se quedó atónito, y luego, según recordó ella más tarde, le explicó que quería casarse.

Sus cartas se reanudaron y décadas más tarde, la pareja las recopilaría en un libro, “Las horas posteriores: Cartas de amor y anhelo en la posguerra”.

En abril de 1946, Gerda Weissmann pudo salir de Alemania con destino a París, donde se encontraron para casarse, una vez que pusieran en orden todos sus documentos.

Se reunieron en junio, y de camino al ayuntamiento para casarse, se detuvieron en una sinagoga, aún llena de escombros de la guerra, y encendieron una vela por sus padres.

Kurt Klein y Gerda Weissmann Klein se establecieron en Búfalo antes de jubilarse en Arizona. Estuvieron casados durante más de 50 años, hasta la muerte de él en 2002. Tuvieron tres hijos y, en el momento de su muerte, el 3 de abril, ocho nietos y 18 bisnietos.

A través del trabajo voluntario de Weissmann Klein para grupos de ayuda a los judíos, comenzó a hablar de su experiencia, revelando su notable memoria para cada detalle de su vida antes y durante el Holocausto. En 1957, publicó el libro, “All But My Life: A Memoir”.

En 1996, un documental sobre Gerda Weissmann Klein ganó un Oscar. Subiendo al escenario con el director, se dirigió a una audiencia mundial. “En el ojo de mi mente, veo esos años y días, y a aquellos que nunca vivieron para ver la magia de una tarde aburrida en casa”, dijo.

En 2011, Obama le concedió la Medalla Presidencial de la Libertad. Gerda habló del orgullo que sentía por haberse convertido en estadounidense, tal como su marido quien había permanecido nueve años fuera hasta el momento en que se conocieron.

“Cuando fui liberada de la marcha de la muerte y de los campos de concentración, mi amado esposo fue el primer estadounidense que encontré, que me liberó”, dijo. “Aquella noche, recé por él, aunque no sabía su nombre ni su país”.

Mujeres del mundo | Gloria Cisneros nominada al Global Teacher Prize 2026Gloria Cisneros es una verdadera inspiración. E...
30/01/2026

Mujeres del mundo | Gloria Cisneros nominada al Global Teacher Prize 2026

Gloria Cisneros es una verdadera inspiración. Esta maestra argentina de 39 años, que trabaja en una escuela rural de la provincia del Chaco, ha sido seleccionada como una de las 10 finalistas del Global Teacher Prize 2026, el premio más importante a la docencia en el mundo.

Gloria viaja más de dos horas en moto cada semana para llegar a la Escuela N.° 793 "Don Carlos Arnaldo Jaime", donde cumple roles como directora, administradora docente, cuidadora y líder comunitaria. Enseña a 15 alumnos de primero a séptimo grado, viviendo allí de lunes a viernes.

A pesar de las dificultades, ha logrado transformar la escuela en un centro de innovación educativa, llevando tecnología y conectividad a un lugar donde muchos niños nunca habían visto una computadora. A pesar de la falta de servicios, implementó paneles solares, internet y el uso de inteligencia artificial (plataforma Pigmas).

Recibe a niños de 3 a 5 años como “oyentes” para que lleguen alfabetizados a primer grado, gestiona becas y realiza visitas domiciliarias para acompañar a las familias.

Sus métodos de enseñanza son innovadores y creativos, y han permitido a sus alumnos destacarse en ferias de ciencias y continuar estudios superiores. Uno de sus proyectos más destacados es "La biblioteca en mi casa", que busca acercar la lectura a las familias de sus alumnos.

Gloria forma parte de la selección de la ruta para la paz 2025 de la UPF (Universal Peace Federation). Su sueño es construir una residencia estudiantil que permita a los jóvenes rurales completar sus estudios sin abandonar sus comunidades.

El premio

El GTP, en su décima versión, es el premio más importante de este tipo, dotado con un millón de dólares. Fue creado por la Fundación Varkey en colaboración con la UNESCO para reconocer a docentes excepcionales que hayan realizado aportes destacados a la profesión y para visibilizar el rol fundamental que los educadores desempeñan en la sociedad.

Gloria es un ejemplo vivo de cómo la educación puede cambiar vidas, y su compromiso con la enseñanza es un modelo a seguir. Compite entre más de 5.000 nominaciones de 139 países.

El ganador del Global Teacher Prize 2026 se anunciará en Dubái del 3 al 5 de febrero de 2026.

Mujeres del mundo | Las monjas de Minnesota y el estudio sobre el envejecimiento cerebral y el AlzheimerEl estudio de la...
27/01/2026

Mujeres del mundo | Las monjas de Minnesota y el estudio sobre el envejecimiento cerebral y el Alzheimer

El estudio de las monjas en Minnesota es un caso singular sobre la prevención del Alzheimer. Su objetivo era comprender la discapacidad mental y física asociada al envejecimiento para determinar las posibles causas y vías de prevención de enfermedades mentales y cerebrales como el Alzheimer

En 1986, el Dr. David Snowdon que inició sus trabajos en la Universidad de Minnesota y fue transferido a la Universidad de Kentucky en 1990, emprendió un estudio con un universo comprendido por 678 monjas de entre 75 y 102 años, quienes se sometieron a pruebas físicas y mentales anuales y donaron sus cerebros para investigación post-mortem.

Con una media de edad de 83 años (una media superior a la esperanza de vida media), la mayoría habían dedicado su vida a la docencia y muchas de ellas se mantenían activas, otras, ya padecían la enfermedad Alzheimer

Por el año 1991 cuando el joven epidemiólogo y neurocientífico conoció a la hermana Mary, una monja muy inusual. Al igual que muchas otras, se vestía de pies a cabeza con un hábito tradicional. Era eternamente optimista, rara vez ociosa.

Pero lo que sorprendió a Snowdon fue que la hermana Mary, a sus 101 años, tenía su memoría intacta, muy nítida. Había algo extraordinario que la distinguía de las demás monjas.

Cada hermana accedió a completar una serie de pruebas que repetirían año tras año hasta que murieran, con la esperanza de que revelaran secretos de la longevidad.

El gráfico del estudio

El estudio sugiere que mantener una vida mentalmente activa, con relaciones sociales y emociones positivas, puede ayudar a prevenir o retrasar el Alzheimer. La hermana Bernadette, una de las participantes, es un ejemplo notable: a pesar de tener el gen del Alzheimer y daños cerebrales significativos, no mostró síntomas de la enfermedad en vida.

Snowdon conocía la teoría de "úsalo o piérdelo", y ahí estaba la evidencia de que la función cerebral, una vez perdida, era irrecuperable.

La joya de la corona era un gráfico que indicaba la edad, a lo largo de la parte inferior, y la capacidad cognitiva medida de 0 a 30 puntos en el costado.

La hermana Mary estaba en el lado derecho del gráfico debido a su edad: era una de las dos únicas participantes en todo el estudio que tenían más de 100 años.

Pero la hermana Mary estaba en un cuadrante únicamente para ella, flotando sola muy por encima de muchos de los otros puntos.

El gráfico le decía a Snowdon que a los 101 años, tenía la función cerebral de alguien 20 años más joven. La reserva cognitiva protegió algunos cerebros de los síntomas de la enfermedad de Alzheimer.

Cerebros donados

Una impresionante diferencia fue ver cómo el Alzheimer provocaba una pérdida progresiva de neuronas que hacía que el cerebro se fuera encogiendo. La degradación del cerebro era tal que se encontraron cerebros enfermos con un peso de 800 gramos, mientras que los cerebros sanos pesaban alrededor de 1.200 gramos.

Se vio que la educación y la experiencia de la infancia puede actuar como protección contra el Alzheimer. Aquellas monjas con un lenguaje más culto, fluido, complejo y elaborado mostraron tener una probabilidad mucho menor de padecer demencia en su vejez, frente aquellas cuyas biografías no reflejaban estos indicadores de actividad mental, es decir, aquellas que mostraban un lenguaje mucho más simple, escueto y menos fluido. Una mayor densidad de ideas y una mayor complejidad gramatical serviría de impulso para el desarrollo de una resistencia natural contra el Alzheimer.

También se vio que aquellas hermanas religiosas que mostraban más pensamientos positivos en sus escritos tenían vidas más largas que aquellas con autobiografías que no los tenían o demostraban.

Los resultados:

En general, los resultados del estudio permitieron comprobar la importancia de varios factores de prevención de la demencia tipo Alzhéimer, a saber:

- Capacidad de comunicación: Las monjas con un lenguaje más culto y complejo en sus autobiografías tenían menor probabilidad de desarrollar Alzheimer.

- Estímulo intelectual: La educación y la actividad mental previas se asociaron con una menor incidencia de la enfermedad.

- Emociones positivas: Las monjas con pensamientos positivos en sus escritos vivieron más tiempo y con mejor salud mental.

- Presión controlada y manejo del estrés: La hipertensión y el estrés se relacionaron con un mayor riesgo de Alzheimer.

- Intuición emocional. Aunque no se menciona explícitamente, la conexión emocional y social parece influir en la salud mental.

El estudio de las monjas de Minnesota reforzó la importancia de mantener la mente activa desde nuestra infancia hasta nuestra vejez; además de mantener unos hábitos saludables de vida y alimentación para la prevención y retraso de aparición de enfermedades neurodegenerativas como el Alzhéimer

Aunque el doctor David Snowdon se jubiló y las 678 monjas ya murieron, en un cuarto frío, esos frascos de vidrio que contienen sus cerebros siguen allí.

Gracias a esa extraordinaria donación de las monjas, el estudio sigue activo en el Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad de Texas en San Antonio.

Mujeres del mundo | La historia de Mum Bett: Una  lucha por la libertad Mum Bett, también conocida como Elizabeth Freema...
29/11/2025

Mujeres del mundo | La historia de Mum Bett: Una lucha por la libertad

Mum Bett, también conocida como Elizabeth Freeman, fue una esclava africana que vivió en el siglo XVIII en Estados Unidos. Nació alrededor de 1744 en Cliffs, Nueva York, y fue propiedad del coronel John Ashley, un rico terrateniente de Sheffield, Massachusetts.

La historia temprana de Elizabeth (Mum Bet) se ha reconstruido a partir de los escritos de contemporáneos a quienes les contó su historia o la escucharon indirectamente, así como de registros históricos.

Elizabeth nació esclavizada en la granja de Pieter Hogeboom en Claverack, Nueva York, donde recibió el nombre de Bett. Cuando Hannah, la hija de Hogeboom, se casó con John Ashley, de Sheffield, Massachusetts, Hogeboom entregó a Bett, con aproximadamente siete años, a Hannah y a su esposo.

La vida de Mum Bett como esclava fue marcada por la opresión y la crueldad. Fue sometida a trabajos forzados y maltratos físicos y emocionales.

Elizabeth permaneció con la familia del Coronel John Ashley hasta 1781, época en la que tuvo a su hija tambien llamada Bett. Aunque no se ha encontrado ningún registro matrimonial, se dice que su esposo cuyo apellido adoptó, nunca regresó del servicio en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.

A lo largo de su vida, Elizabeth demostró un espíritu fuerte y una gran autoestima. Tuvo conflictos con Hannah Ashley, quien se crio en la estricta cultura holandesa de la colonia de Nueva York. En 1780, Elizabeth (Bett) impidió que Hannah golpeara a otra mujer del servicio con una pala caliente; pero, al intentar protegerla recibió una profunda quemadura en el brazo.

Mientras la herida sanaba, Bett la dejó descubierta como evidencia del duro trato recibido. Catharine Maria Sedgwick cita a Elizabeth diciendo: «La señora nunca volvió a tocar a Lizzy. Tuve el brazo mal todo el invierno, pero la señora se llevó la peor parte. Nunca cubrí la herida, y cuando la gente me preguntaba, delante de la señora: 'Betty, ¿qué te pasa en el brazo?', solo respondía: '¡Pregúntale a la señora!'».

John Ashley fue un abogado egresado de Yale, acaudalado terrateniente, empresario y líder de la comunidad. Su casa fue escenario de numerosas discusiones políticas y probablemente el lugar donde se firmaron las Resoluciones de Sheffield, anteriores a la Declaración de Independencia.

En 1780, Elizabeth Freeman escuchó la lectura de la recién ratificada Constitución de Massachusetts en una reunión pública en Sheffield, que incluía lo siguiente:

«Todos los hombres nacen libres e iguales, y tienen ciertos derechos naturales, esenciales e inalienables; entre ellos, el derecho a disfrutar y defender sus vidas y libertades; el derecho a adquirir, poseer y proteger la propiedad; en definitiva, el derecho a buscar y obtener su seguridad y felicidad.

Constitución de Massachusetts, Artículo 1.»

Inspirada por estas palabras, Bett buscó la asesoría de Theodore Sedgwick, el joven abogado defensor de la abolición, para que la ayudara a demandar su libertad ante los tribunales. Según el relato de Catherine Sedgwick, ella le dijo: «Ayer escuché la lectura de ese documento que dice que todos los hombres son creados iguales y que todo hombre tiene derecho a la libertad. No soy una tonta; ¿acaso la ley no me dará mi libertad?».

Tras una larga deliberación, Sedgwick aceptó su caso, así como el de Brom, otro de los esclavos de Ashley.

Contó con la ayuda de Tapping Reeve, fundador de la Facultad de Derecho de Litchfield, una de las primeras de Estados Unidos, ubicada en Litchfield, Connecticut. Eran dos de los mejores abogados de Massachusetts. Sedgwick posteriormente fue senador de los Estados Unidos.

Arthur Zilversmit sugiere que los abogados podrían haber seleccionado a estos demandantes para poner a prueba la condición de esclavo bajo la nueva constitución estatal.

El caso de Brom y Bett contra Ashley se presentó en agosto de 1781 ante el Tribunal de Causas Comunes del Condado de Great Barrington. Sedgwick y Reeve afirmaron que la disposición constitucional que establecía que «todos los hombres nacen libres e iguales» abolía efectivamente la esclavitud en el estado. La iletrada Bett testificó en su propia defensa.

Cuando el jurado falló a favor de Bett, esta se convirtió en la primera mujer afroamericana en ser liberada bajo la constitución del estado de Massachusetts.

El jurado determinó que «...Brom & Bett no son, ni lo eran en el momento de la compra de la escritura original, los negros legales del susodicho John Ashley...».

El tribunal impuso una indemnización de treinta chelines y concedió a ambos demandantes una compensación por su trabajo.

Ashley apeló inicialmente la decisión, pero un mes después la retiró, aparentemente tras decidir que el fallo del tribunal sobre la constitucionalidad de la esclavitud era «definitivo y vinculante».

Tras el fallo, Bett adoptó el nombre de Elizabeth Freeman. Aunque Ashley le pidió que regresara a su casa y trabajara a cambio de un salario, ella optó por trabajar en la casa del abogado Sedgwick. Trabajó para su familia hasta 1808 como sirvienta principal e institutriz de los hijos de los Sedgwick, quienes la llamaban «Mumbet».

Entre los hijos de los Sedgwick se encontraba Catharine Sedgwick, quien se convirtió en una reconocida escritora y escribió un relato sobre la vida de su institutriz. Durante gran parte de este tiempo, también trabajó en la casa de los La historia de Mum Bett, Elizabeth Freeman: Una lucha por la libertad

Mum Bett, también conocida como Elizabeth Freeman, fue una esclava africana que vivió en el siglo XVIII en Estados Unidos. Nació alrededor de 1744 en Cliffs, Nueva York, y fue propiedad del coronel John Ashley, un rico terrateniente de Sheffield, Massachusetts.

La historia temprana de Elizabeth (Mum Bet) se ha reconstruido a partir de los escritos de contemporáneos a quienes les contó su historia o que la escucharon indirectamente, así como de registros históricos.

Elizabeth nació esclavizada en la granja de Pieter Hogeboom en Claverack, Nueva York, donde recibió el nombre de Bet. Cuando Hannah, la hija de Hogeboom, se casó con John Ashley, de Sheffield, Massachusetts, Hogeboom entregó a Bet, con aproximadamente siete años, a Hannah y a su esposo.

La vida de Mum Bett como esclava fue marcada por la opresión y la crueldad. Fue sometida a trabajos forzados y maltratos físicos y emocionales.

Elizabeth Freeman permaneció con la familia de John Ashley hasta 1781, época en la que tuvo a su hija Bet. Aunque no se ha encontrado ningún registro matrimonial, se dice que su esposo cuyo apellido adoptó, nunca regresó del servicio en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos.

A lo largo de su vida, Bet demostró un espíritu fuerte y una gran autoestima. Tuvo conflictos con Hannah Ashley, quien se crio en la estricta cultura holandesa de la colonia de Nueva York. En 1780, Bet impidió que Hannah golpeara a otra empleada con una pala caliente; pero al intentar protegerla recibió una profunda quemadura en el brazo.

Mientras la herida sanaba, Bet la dejó descubierta como evidencia del duro trato recibido. Catharine Maria Sedgwick cita a Elizabeth diciendo: «La señora nunca volvió a tocar a Lizzy. Tuve el brazo mal todo el invierno, pero la señora se llevó la peor parte. Nunca cubrí la herida, y cuando la gente me preguntaba, delante de la señora: 'Betty, ¿qué te pasa en el brazo?', solo respondía: '¡Pregúntale a la señora!'».

John Ashley fue un abogado egresado de Yale, un acaudalado terrateniente, empresario y líder de la comunidad. Su casa fue escenario de numerosas discusiones políticas y probablemente el lugar donde se firmaron las Resoluciones de Sheffield, anteriores a la Declaración de Independencia.

En 1780, Freeman escuchó la lectura de la recién ratificada Constitución de Massachusetts en una reunión pública en Sheffield, que incluía lo siguiente:

«Todos los hombres nacen libres e iguales, y tienen ciertos derechos naturales, esenciales e inalienables; entre ellos, el derecho a disfrutar y defender sus vidas y libertades; el derecho a adquirir, poseer y proteger la propiedad; en definitiva, el derecho a buscar y obtener su seguridad y felicidad.

Constitución de Massachusetts, Artículo 1.»

Inspirada por estas palabras, Bett buscó la asesoría de Theodore Sedgwick, un joven abogado defensor de la abolición, para que la ayudara a demandar su libertad ante los tribunales. Según el relato de Catherine Sedgwick, ella le dijo: «Ayer escuché la lectura de ese documento que dice que todos los hombres son creados iguales y que todo hombre tiene derecho a la libertad. No soy una tonta; ¿acaso la ley no me dará mi libertad?».

Tras una larga deliberación, Sedgwick aceptó su caso, así como el de Brom, otro de los esclavos de Ashley.

Contó con la ayuda de Tapping Reeve, fundador de la Facultad de Derecho de Litchfield, una de las primeras de Estados Unidos, ubicada en Litchfield, Connecticut. Eran dos de los mejores abogados de Massachusetts, y Sedgwick posteriormente fue senador de los Estados Unidos.

Arthur Zilversmit sugiere que los abogados podrían haber seleccionado a estos demandantes para poner a prueba la condición de esclavo bajo la nueva constitución estatal.

El caso de Brom y Bett contra Ashley se presentó en agosto de 1781 ante el Tribunal de Causas Comunes del Condado de Great Barrington. Sedgwick y Reeve afirmaron que la disposición constitucional que establecía que «todos los hombres nacen libres e iguales» abolía efectivamente la esclavitud en el estado.

Cuando el jurado falló a favor de Bett, esta se convirtió en la primera mujer afroamericana en ser liberada bajo la constitución del estado de Massachusetts.

El jurado determinó que «...Brom & Bett no son, ni lo eran en el momento de la compra de la escritura original, los negros legales del susodicho John Ashley...».

El tribunal impuso una indemnización de treinta chelines (aproximadamente 325-390 dólares estadounidenses actuales) y concedió a ambos demandantes una compensación por su trabajo.

Ashley apeló inicialmente la decisión, pero un mes después la retiró, aparentemente tras decidir que el fallo del tribunal sobre la constitucionalidad de la esclavitud era «definitivo y vinculante».

Tras el fallo, Bett adoptó el nombre de Elizabeth Freeman. Aunque Ashley le pidió que regresara a su casa y trabajara a cambio de un salario, ella optó por trabajar en la casa del abogado Sedgwick. Trabajó para su familia hasta 1808 como sirvienta principal e institutriz de los hijos de los Sedgwick, quienes la llamaban «Mumbet».

Entre los hijos de los Sedgwick se encontraba Catharine Sedgwick, quien se convirtió en una reconocida escritora y escribió un relato sobre la vida de su institutriz. Durante gran parte de este tiempo, también trabajó en la casa de los Sedgwick Agrippa Hull, un hombre negro libre que había servido con las fuerzas rebeldes durante la Guerra de la Independencia.

Desde que Elizabeth Freeman obtuvo su libertad, era reconocida y solicitada por sus habilidades como curandera, partera y enfermera. Cuando los hijos de los Sedgwick crecieron, Freeman se mudó a su propia casa en Cherry Hill, Stockbridge, cerca de su hija, nietos y bisnietos.

Nunca se supo la edad real de Elizabeth Freeman, pero se estima que vivio hasta los 85 años. Murió en diciembre de 1829 y fue enterrada en la parcela familiar de los Sedgwick en Stockbridge, Massachusetts. Elizabeth sigue siendo la única persona no perteneciente a los Sedgwick enterrada en la parcela de los Sedgwick.

La lápida tiene la siguiente inscripción:

«ELIZABETH FREEMANN

También conocida como MUMBET, falleció el 28 de diciembre de 1829. Su supuesta edad era de 85 años. Nació esclava y permaneció así durante casi treinta años. No sabía leer ni escribir, pero en su ámbito personal no tenía superior ni igual.

No malgastó tiempo ni bienes. Nunca violó una confianza ni incumplió un deber. En cada situación de conflicto doméstico, fue la ayudante más eficiente y la amiga más tierna. Buena madre, adiós.»

El caso de Elizabeth, conocido como "Brom y Bett vs. Ashley", fue un precedente importante en la lucha por la abolición de la esclavitud en Estados Unidos.

La decisión en el caso de Elizabeth Freeman se citó como precedente cuando el Tribunal Supremo Judicial de Massachusetts escuchó la apelación de Quock Walker contra Jennison más tarde ese mismo año y confirmó la libertad de Walker. Estos casos sentaron los precedentes legales que pusieron fin a la esclavitud en Massachusetts. Vermont ya la había abolido explícitamente en su constitución. conflicto doméstico, fue la ayudante más eficiente y la amiga más tierna. Buena madre, adiós.»

El caso de Elizabeth, conocido como "Brom y Bett vs. Ashley", fue un precedente importante en la lucha por la abolición de la esclavitud en Estados Unidos.

La decisión en el caso de Elizabeth Freeman se citó como precedente cuando el Tribunal Supremo Judicial de Massachusetts escuchó la apelación de Quock Walker contra Jennison más tarde ese mismo año y confirmó la libertad de Walker. Estos casos sentaron los precedentes legales que pusieron fin a la esclavitud en Massachusetts. Vermont ya la había abolido explícitamente en su Constitución.

Fuente: B. K. Hardison.

Dirección

Villavicencio

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Mesa Redonda Panamericana del Meta publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir