17/04/2026
AGUA O GESTIÓN?
El 15 de abril no fue un día cualquiera para quienes habitan la cuenca del río Zulia. La creciente súbita del río Zulia volvió a recordarnos, con la fuerza del agua desbordada, que los territorios no olvidan cuando se les ignora.
Las inundaciones no son hechos aislados ni simples “caprichos de la naturaleza”. Son, en buena medida, el resultado de decisiones acumuladas: deforestación en las zonas altas, ocupación indebida de rondas hídricas, falta de planificación urbana y una débil gestión del riesgo. Cada metro que el río gana sobre la tierra es también un reflejo de lo que como sociedad hemos cedido en prevención, educación ambiental y gobernanza.
Lo ocurrido el 15 de abril debe doler, pero sobre todo debe incomodar. Porque no basta con reaccionar cuando el agua entra a las viviendas, cuando los cultivos se pierden o cuando las vías quedan incomunicadas. La verdadera discusión es por qué seguimos llegando tarde. ¿Dónde están los inventarios actualizados de humedales? ¿Por qué no se han consolidado sistemas de alerta temprana robustos en toda la cuenca? ¿Qué tan en serio se están tomando los planes de ordenamiento territorial frente al riesgo climático?
El Norte de Santander, y en particular los municipios de la cuenca del Zulia, enfrentan un reto que ya no admite diagnósticos repetidos. Se requiere acción coordinada, técnica y sostenida. Las administraciones municipales deben liderar procesos urgentes de identificación y protección de ecosistemas estratégicos, especialmente humedales y zonas de amortiguación, que actúan como reguladores naturales de las crecientes. Ignorar estos sistemas es, en la práctica, amplificar el desastre.
Pero este editorial no es solo un llamado a las instituciones. También interpela a la ciudadanía. La cultura del riesgo no se decreta: se construye. Se construye cuando se respetan las rondas de los ríos, cuando se participa en procesos comunitarios de gestión ambiental, cuando NO se arrojan basuras a las fuentes hídricas, cuando se entiende que el cuidado del territorio es una responsabilidad compartida.
La inundación del 15 de abril debe marcar un punto de inflexión. No podemos seguir normalizando emergencias que, en gran medida, son prevenibles. La resiliencia no se improvisa en medio del agua; se planifica en tiempos de calma. Y si algo ha dejado claro el río Zulia, es que la calma ya no puede ser sinónimo de indiferencia.
Hoy más que nunca, el territorio exige decisiones valientes. Porque cada invierno que llega sin preparación no es solo una amenaza: es una deuda que crece, como el mismo río, hasta desbordarse.