El primer Festival se organizó en Homenaje a Eliseo García Rivero, un músico, compositor y un excelente interprete de la trompeta nacido en San Onofre, Sucre. Y hablar del porro orquestado es un placer con orgasmo incluido al danzar con una pareja que piense, baile y lo sienta como tú. Pero escribir del festival del porro orquestado es añorar, es entrar en el corazón de los amantes de este ritmo
sabanero de nacimiento pero adoptado por casi todo los colombianos como el sombrero sabanero o wueltia. El porro lo podemos escuchar en grupos folclóricos, de gaita o millo, con caja guacharaca y acordeón, en las bandas donde el deleite alcanza un éxtasis que termina en guapirreo característico al sentir del amante del porro, que al disfrute propio, quiere que los demás se enteren que, la sabrosura y el deleite llegó al punto máximo. Y en orquestas o las llamadas big band es el formato que permite que el bailador amante del porro disfrute al máximo sus obras de arte musicales, donde los expertos en músicas encuentran la materia prima para lucirse por medio del porro colombiano. Y hacen el pentagrama una autopistas de triple calzada para que las parejas bailadoras se unan como Dios manda, hombre y mujer casi que en un solo cuerpo. Danzando, bailando, disfrutando y sobre todo viviendo momentos para recordar, es como pensar en viajar antes de que el baile comience, y hace que el momento se viva de manera triple, porque se vive con anticipación en el pensamiento, luego en el momento y después vienen los recuerdos. Aunque el porro puede lucirse todavía más en una filarmónica o sinfónica para los amantes de la música en general, más no para el bailador. En esta se juntan violines, violas, chelos, oboes, flautas, clarinetes, saxofones, trompetas, trombones, piano y demás instrumentos, donde los de percusión no pueden faltar, para entregar con todas la pinceladas de cada uno de los instrumentos una obra de arte musical a todo color. Así, estimado lector que el festival del porro orquestado es una vía para que los amantes bailadores del porro llenen sus corazones de alegría, zapateando las suelas de sus zapatos sin conjugar el verbo casar.