24/02/2024
El 11 de enero de 1983, a los 24 años de edad, Nancy Cruzan perdió el control de su auto y salió eyectada, quedando boca abajo en un estanque con agua. Los paramédicos la encontraron sin signos vitales, procediendo a reanimarla y estabilizarla. Luego de dos semanas inconsciente fue diagnosticada con estado vegetativo persistente. Nancy Cruzan evolucionó a respiración espontánea pero no era capaz de deglutir. Antes de que los tubos de alimentación comenzaran a ser usados en los 60’, este tipo de pacientes terminaba muriendo de inanición, pero con este sistema, la muerte puede tardar años e incluso décadas. Los cirujanos le instalaron a Nancy el tubo de alimentación, esperando su recuperación. Después de cuatro años los familiares de Nancy aceptaron que su condición no variaría y solicitaron que le retiraran el tubo. El hospital y los médicos a cargo se negaron, argumentando que se necesitaba una orden judicial. El caso de Nancy Cruzan fue el primero acerca del derecho a morir que apeló a la Corte Suprema de los Estados Unidos, ya que el de Karen Quinlan solo lo hizo ante la Corte del estado de New Jersey.
Con la decisión del caso Cruzan, esta fue la primera vez que la Corte Suorema reconoció que la Constitución les otorga a los estadounidenses la libertad de prescindir de los tratamientos médicos no deseados.