12/06/2026
Historias que no deben olvidarse: amenazas y recuperación del río Bita
Mucho antes de que el río Bita fuera reconocido por su extraordinaria riqueza biológica y por su condición de uno de los ríos mejor conservados de Colombia, sus ecosistemas enfrentaron graves amenazas que hoy son poco conocidas por las nuevas generaciones.
Durante las décadas de 1960 y 1970, la creciente demanda internacional de pieles impulsó una intensa actividad de caza comercial en la región. Jaguares, tigrillos, yaguarundíes, pumas, babas, caimanes, boas y nutrias gigantes —conocidas localmente como perros de agua— fueron perseguidos de manera indiscriminada para abastecer el mercado peletero. A esta presión se sumó la denominada cacería de monte para consumo, practicada sin control en amplias zonas de la cuenca.
Las consecuencias fueron severas. Varias poblaciones de fauna silvestre disminuyeron drásticamente y algunas especies estuvieron al borde de desaparecer localmente. El caso más dramático fue el del caimán llanero, cuyas poblaciones sufrieron una reducción tan profunda que la especie llegó a estar cerca de la extinción en gran parte de su distribución natural.
Años más tarde, a mediados de la década de 1980, cuando se adelantaba la construcción de la Base Aérea de Marandúa, ocurrió otro episodio que permanece prácticamente ausente de los registros históricos. Según relatan diversas personas que presenciaron los hechos, se utilizaron grandes barcazas de carga pertenecientes al Expreso Ganadero para transportar materiales de construcción por el río Bita hasta el sitio donde se construía la base. Estas embarcaciones, con capacidad para movilizar hasta 200 toneladas y equipadas con potentes motores, enfrentaban enormes dificultades para navegar un río caracterizado por sus numerosos meandros y recodos.
De acuerdo con estos testimonios, muchas de las curvas del Bita no permitían que las embarcaciones maniobraran adecuadamente. Para continuar su recorrido, las barcazas habrían generado alteraciones significativas en las orillas, playas y sectores ribereños, produciendo impactos ambientales que nunca fueron evaluados ni denunciados formalmente. Quienes observaron el proceso afirman que los daños se extendieron a lo largo de buena parte del recorrido navegable del río, dejando una huella ecológica que durante años permaneció ignorada.
A pesar de estos episodios, la historia reciente del río Bita también es una historia de recuperación. La disminución de la presión de caza, la creación de áreas de conservación, el trabajo de propietarios comprometidos con la protección de la biodiversidad y, especialmente, el reconocimiento del Bita como río protegido y sitio de importancia internacional, han permitido que numerosos ecosistemas recuperen parte de su equilibrio natural.
Hoy es posible observar nuevamente jaguares, nutrias gigantes, caimanes, venados, dantas y muchas otras especies que durante décadas estuvieron sometidas a fuertes presiones. La recuperación aún continúa, pero constituye una muestra de la extraordinaria capacidad de resiliencia de la naturaleza cuando se le brinda la oportunidad de regenerarse.
Recordar estas historias no busca señalar culpables ni reabrir viejas heridas. Su propósito es preservar la memoria ambiental del río Bita para comprender los errores del pasado y valorar la importancia de conservar uno de los patrimonios naturales más valiosos de la Orinoquia colombiana.
Desde el punto de vista de la conservación, el río Bita constituye uno de los ecosistemas fluviales mejor conservados de Colombia. En 2018 toda su cuenca fue declarada sitio Ramsar de importancia internacional, convirtiéndose en el sitio Ramsar más grande del país y en uno de los primeros ejemplos mundiales de protección integral de una cuenca de río de flujo libre, sin represas ni barreras artificiales.
José Bernal Urbina, Biól.