29/03/2025
En marzo nos lanzamos a leer, en sus múltiples aristas e ineludible complejidad, los cambios de este planeta en crisis.
Hasta 50 años le toma a una PALMA DE CERA hacerse adulta, elevarse con su tronco cilíndrico y ceroso hasta los 80 metros. Otros 20 años le tomará abrir sus flores y dejar caer los frutos que harán nacer nuevas palmas en las zonas montañosas húmedas andinas. Por la DEFORESTACIÓN, que las ha arrinconado en potreros que antes fueron BOSQUES, muchas SEMILLAS no germinarán y otras plantas jóvenes morirán aplastadas o consumidas por el GANADO o los cerdos.
Viven 200 años, pero la GANADERÍA y la industria maderera ponen en peligro al “bosque sobre un bosque”, como llamaría el botánico Alexander Von Humboldt a los valles boscosos de las cordilleras, donde las palmas “se abren paso a través del techo frondoso formado por el espeso follaje de otros árboles, por encima del cual sus tallos altos y esbeltos aparecen en columnatas alargadas”.
En áreas deforestadas, quemadas, vueltas pastizales, las palmas no se regeneran y en algunas zonas del país —como el Valle del Cocora (Quindío), Tenerife (Valle del Cauca) y Anaime (Tolima) — sus poblaciones han disminuido críticamente en los últimos 50 años, hasta un 78%—en el Valle del Cocora solo quedan unas 2.000 —.
Los cultivos de aguacate Hass también amenazan la supervivencia de las palmas de cera con la quema de algunos troncos para detener su ciclo de reproducción. Los ramos y arreglos florales fabricados ilegalmente con cogollos —el punto donde nacen hojas nuevas y jóvenes— causan, a veces, la muerte de la palma.
La palma de cera es ALIMENTO y REFUGIO. Es el NIDO más grande del mundo del LORO OREJIAMARILLO, también en peligro de extinción. De sus frutos rojizos se alimentan los tucanes, las pavas, los carriquíes, los murciélagos y los mirlos. Sobre ellas crecen otras plantas, llamadas epífitas. En los troncos que han mu**to se refugian otros animales y las tairas sobreviven de los frutos caídos. Podría tomar hasta 30 años reforestar las zonas más diezmadas del “árbol nacional”, al que el poeta Luis Vidales le escribió: “La palma del sueño mío. Cohete que sube al cielo y estalla en el estrellío”.