03/01/2026
Nadie conoce el dolor de una nación como el que lo ha vivido. Y es que por años he visto el verdadero sufrimiento de cuando debes emigrar y dejar todo atras, aquellas suelas rotas dejadas a mitad de camino, el arraigo de sus tierras, familias destruidas, padres y hijos separados, ojos cansados llenos de lágrimas por no querer caminar más, dias q se volvian meses de trayectoria que nunca terminaban, fronteras desangradas, cuando no había otra opción. Las ampollas en los de miles de niños que tuvieron que emigrar, las noches de llanto, los días de frio, el hambre, el dolor en sus piernitas, las altas temperaturas de fiebre y malestar, llevando consigo solo la ropa que vestían y la esperanza de un futuro mejor.
Fueron miles de millones de personas que un día tuvieron que dejar todo atrás: sus hogares, sus amigos, sus recuerdos, sus sueños. En ese caminar, solo existió la desesperanza, el dolor, el llanto, la incertidumbre de dejar una nación que, a pesar de todo, amaban, buscando un futuro mejor
Hoy, no solo mi corazón se llena de nostalgia, sino de esperanza por todos aquellos millones de personas que un día sufrieron, ppr todos esos niños que un dia caminaron y por aquellos que nos acompañan en el cielo, pues sus sueños se apagaron a mitad de camino. Esperanza de que sus sacrificios no hayan sido en vano, de que sus hijos y nietos puedan vivir en un mundo más justo y próspero. Esperanza de que la memoria de su dolor pueda ser un recordatorio para que nunca más se repitan esas páginas tristes de la historia.
Porque en el dolor de una nación, también hay una lección de resiliencia, de amor y de lucha y libertad.