22/12/2025
Estas afirmaciones no son opiniones ni ideas aisladas: son conclusiones construidas con décadas, e incluso siglos, de observaciones, experimentos y mediciones precisas.
La Tierra no es una esfera perfecta, sino un esferoide oblato. Su rotación hace que el planeta se ensanche ligeramente en el ecuador y se achate en los polos, algo que puede medirse con satélites, gravimetría y observaciones geodésicas con una precisión extraordinaria.
También hemos ido a la Luna varias veces. Entre 1969 y 1972, seis misiones tripuladas del programa Apolo lograron alunizar con éxito. Trajeron rocas lunares, instalaron instrumentos científicos y dejaron evidencias que aún hoy siguen siendo estudiadas y verificadas por distintos países y agencias espaciales.
La evolución de las especies es real y observable. No es solo una teoría histórica: se apoya en fósiles, genética, biología molecular y en procesos que siguen ocurriendo, como la adaptación de bacterias, virus, plantas y animales a cambios en su entorno.
Y el tiempo no es absoluto. La relatividad mostró que su paso depende de la velocidad y de la gravedad. Relojes atómicos colocados en satélites o a diferentes alturas en la Tierra marcan tiempos distintos, una corrección imprescindible para que tecnologías como el GPS funcionen correctamente.
Estas ideas pueden parecer contraintuitivas, pero todas describen la misma realidad desde distintos ángulos. La ciencia no busca comodidad, busca precisión. Y cuando los datos se acumulan y concuerdan, cambian para siempre nuestra forma de entender el mundo y nuestro lugar en él.