11/09/2025
Una noche de lunes, tres niños se acercaron a mi casa; el más pequeño lloraba porque no podía jugar en la cancha: no tenían balón. Conmovido, le prometí que el miércoles le regalaría uno. Sus lágrimas se transformaron en una sonrisa llena de esperanza, como una luz que vencía la tristeza.
A veces, un simple gesto puede cambiar el día de alguien, y ese lunes entendí que regalar un balón no era solo dar un objeto, era devolverle la ilusión de jugar, de reír y de sentirse parte del equipo.
ASODOFELICIDAD.🙏❤️