02/08/2026
Francisco Javier Gómez Arias: una vida afinada en la frecuencia de la pasión.
Por: Alfonso L. Cifuentes Arango.
Con el respeto que merecen quienes abrieron el camino, hoy es inevitable volver la mirada hacia aquellos jóvenes que decidieron apostarle a la radio, la eterna mamá de los medios de comunicación. Nombres como Carlos López, Jorge Viva, Aicardo Lozano, Ramiro Victoria, q.e.p.d. el recordado Arbey y otros inolvidables hicieron de la añorada Voz del Paraíso una escuela de sueños, disciplina y servicio para El Cerrito.
Ellos sembraron una semilla que sigue dando frutos.
Uno de esos frutos lleva por nombre Francisco Javier Gómez Arias, aunque para todos, sencillamente, es Javier.
Su historia comenzó siendo un niño que pegaba el oído al radio para escuchar las emocionantes narraciones de Araujo Gámez.
En aquel instante nació un sueño que, lejos de apagarse, se convirtió en el proyecto de toda una vida.
Estudió locución en Cali y descubrió que, aunque narrar fútbol era su ilusión, su verdadero talento estaba en comunicar emociones.
Hoy completa 35 años frente al micrófono, convencido de que la radio tiene un poder que ningún otro medio ha logrado reemplazar. "La radio llega donde nadie más llega", afirma con la seguridad de quien ha vivido cada palabra.
Su recorrido profesional pasó por Radio Melodía, Colmundo, Todelar y Radio Calima, hasta encontrar hace 28 años un hogar definitivo en Universitas Estéreo, donde ha sido director, locutor, productor, programador, operador y, sobre todo, maestro de nuevas generaciones.
Entre sus recuerdos permanece aquella inolvidable transmisión del ascenso de El Cerrito en Armenia, cuando el equipo periodístico tuvo que abandonar el estadio escoltado después de un polémico arbitraje. Una anécdota que demuestra que detrás del micrófono también se viven emociones intensas.
Pero Javier no solo habla de radio; habla de familia, de gratitud y de sueños.
Reconoce en su esposa, Adriana Patricia Atehortua, el apoyo que fortaleció su vida, mientras celebra los caminos que hoy recorren sus hijos Jennifer y Kevin.
Con humildad les deja un mensaje a quienes desean ingresar a los medios: no importa si la voz no es perfecta; lo verdaderamente importante es transmitir con el corazón.
Porque las tecnologías cambian, los formatos evolucionan y las plataformas se transforman, pero mientras exista alguien dispuesto a escuchar una buena historia, la radio seguirá viva. Y voces como la de Francisco Javier Gómez Arias seguirán recordándonos que la pasión nunca pasa de moda: simplemente cambia de frecuencia para llegar más lejos.
Pos Data: A El Cerrito, no lo hemos acabado de construir...