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DENUNCIA PÚBLICA — ¡ESCOMBROS INSTALADOS EN PLENA CALLE! Calle 1ª Sur con Carrera 8, Cooincer y carrera 11 entre calles ...
04/10/2026

DENUNCIA PÚBLICA — ¡ESCOMBROS INSTALADOS EN PLENA CALLE!

Calle 1ª Sur con Carrera 8, Cooincer y carrera 11 entre calles 4 y 5 barrio El Centro— Perímetro Urbano, El Cerrito

¡Atención, autoridades y vecinos! Aquí hay unos escombros que ya se mudaron y duermen plácidamente sobre la vía desde aproximadamente 15 SEMANAS.
Se sienten tan cómodos que ya parecen dueños del lugar: no pagan arriendo, no se van y transeúntes intranquilos en cuanto a la movilidad.

Estos desechos de construcción llevan más tiempo ahí que muchos vecinos: obstruyen la movilidad, ignoran las normas urbanísticas y desafían la paciencia de todo el barrio. ¡Ya es demasiado!

Exigimos intervención URGENTE de la entidad competente: retírenlos de inmediato, llévenlos al sitio autorizado y devuélvannos la calle que nos pertenece. La vía es para transitar, no para que los escombros se queden viviendo ahí para siempre.

¡Que esto se resuelva YA, no un día más!

Edgar “Calilla” Prado: el hombre que enseñó fútbol, pero primero enseñó a ser persona.Por: Alfonso L. Cifuentes ArangoEn...
25/09/2026

Edgar “Calilla” Prado: el hombre que enseñó fútbol, pero primero enseñó a ser persona.

Por: Alfonso L. Cifuentes Arango

En El Cerrito hay hombres que no necesitan un estadio con su nombre para dejar una huella. Les basta una cancha, un balón, unos muchachos con ganas de correr y la paciencia de quien entiende que formar un deportista comienza mucho antes de enseñar a patear una pelota.
Ese hombre es Edgar Prado, pero en las calles, en las canchas y en la memoria deportiva de El Cerrito y del Valle del Cauca, casi todos lo conocen como “Calilla”.
¿De dónde salió semejante apodo? La historia tiene sabor a campo y a pueblo.
“Cuando trabajaba en el campo y llegaba la hora del almuerzo, yo salía con el remosquito y decía: vamos a comernos el calilla. Y ahí me quedó”, recuerda Edgar entre risas. Y no, que quede claro: no le molesta. Al contrario, “Calilla” es una marca de cariño que lo acompaña desde hace décadas.
Su historia deportiva comenzó en 1989, cuando todavía era un muchacho y empezó a trabajar con niños de 11, 12 y 13 años en la cancha de Cooincer
Desde entonces, el fútbol se convirtió en su escuela, su pasión y también en una manera de servirle a la comunidad.
Fundó el Barcelona, su equipo del alma, también en 1989.
Por sus categorías pasaron generaciones de niños y jóvenes: infantil, preinfantil, prejuvenil, juvenil, especial y mayores.
Pero Edgar tiene algo muy claro: antes que buenos futbolistas, quería formar buenas personas.
Y esa frase resume toda una vida.
Por sus manos pasaron muchachos que después encontraron caminos en el deporte, en sus profesiones y en sus familias.
Algunos llegaron lejos en el fútbol; otros se convirtieron en entrenadores. Incluso hoy, algunos de aquellos jóvenes visitan a “Calilla” para pedirle consejos.
La salud finalmente le pidió bajar el ritmo y dar un paso al costado.
Los problemas cardíacos lo obligaron a retirarse de la dirección del equipo.
Pero retirarse de una cancha no significa abandonar el fútbol.
Edgar sigue observando, opinando, aconsejando y recordando.
Y cuando habla de formar una selección, no duda: escogería una de niños.
Porque para él competir puede esperar. Formar no.
A los jóvenes les deja un consejo sencillo, pero poderoso: hagan deporte, háganlo con voluntad, pero estudien.
El fútbol puede durar unos pocos años; la educación puede acompañarlos toda la vida.
Así es “Calilla”: un hombre que enseñó fútbol durante décadas, pero terminó enseñando algo mucho más grande.
Que detrás de cada jugador debe existir primero un ser humano.
Y eso, en El Cerrito, también es hacer historia.

DON JULIO VICTORIA CIFUENTES: CUANDO EL CERRITO CABÍA EN UNA MIRADA.Por: Alfonso L. Cifuentes ArangoHay pueblos que se l...
22/09/2026

DON JULIO VICTORIA CIFUENTES: CUANDO EL CERRITO CABÍA EN UNA MIRADA.

Por: Alfonso L. Cifuentes Arango

Hay pueblos que se llevan en los pies.
Otros, en el corazón.
Y hay hombres que llevan un pueblo entero dentro de la memoria.
Don Julio Victoria Cifuentes es uno de ellos.
Cuando Don Julio habla de El Cerrito, no parece estar contando una historia.
Parece abrir una ventana.
Y por esa ventana aparecen las calles de otros tiempos, el parque, los buses detenidos frente al ayuntamiento, las uvas de Santa Elena, los bizcochuelos hechos en las casas y aquellos viejos vehículos modelo 40 y 50 esperando una carrera hacia los corregimientos Santa Elena, San Fernando, El Placer.
¡Ese era su El Cerrito!
Un municipio tranquilo, bonito, de gente buena, rodeado de cultivos de caña y productos de pan coger.
Un pueblo donde el estadio se llenaba cuando había fútbol y donde la vida tenía otro ritmo.
Don Julio nació aquí, el 21 de enero de 1928. Hijo de Ricardo Cifuentes Riomaña y Herminda Victoria Zamora.
Y con el paso de los años terminaría convirtiéndose en protagonista de varios capítulos de la historia local.
En 1966 llegó a la Alcaldía.
Fue nombrado el 20 de septiembre por el gobernador del Valle, Rodrigo Lloreda Caicedo, y tomó posesión el primero de octubre.
Pero antes de sentarse en el despacho municipal había construido una trayectoria de trabajo en el Ingenio Providencia, donde comenzó como despachador y fue ascendiendo hasta ocupar diferentes cargos.
Y aquí viene algo que retrata al hombre.
Antes de asumir como alcalde, llamó a su esposa, a sus hijos y a su madre. Pero también buscó a su padre.
¿Para qué?
Para pedirle consejo.
Porque su padre también había sido alcalde de El Cerrito.
Así se transmitían entonces algunas responsabilidades: de padre a hijo, de experiencia a experiencia, de palabra a palabra.
Pero Don Julio no fue solamente alcalde.
Fue futbolista, árbitro, dirigente deportivo, concejal, presidente del Concejo, Asambleísta del Valle y protagonista de una larga historia deportiva que lo llevó incluso a Ibagué, donde participó en los Juegos Atléticos Nacionales, fue cofundador y jugador del Deportes Tolima y recibió el reconocimiento como mejor deportista del departamento.
Y después regresó al Valle.
También dirigió desde la organización deportiva: Liga de Fútbol del Valle, natación, béisbol, atletismo y delegaciones a Juegos Nacionales.
En los Juegos Departamentales del Valle, de Buenaventura, recuerda una pequeña delegación de El Cerrito que consiguió nueve medallas de oro, además de preseas de plata y bronce.
Todo, dice, por amor al municipio.
Y entonces aparece una reflexión que trasciende el fútbol.
Don Julio recuerda que antes podían convivir en una misma casa hinchas de diferentes equipos sin convertir una camiseta en motivo de guerra. Su mensaje es sencillo: el fútbol apasiona, pero no puede convertirse en odio.
Hay que respetar al otro.
Qué paradoja tan hermosa.
Un hombre que vivió la política, el deporte, las rivalidades y los cambios de Colombia termina hablando de algo elemental: respeto.
Hoy Don Julio vive en Cali.
La distancia le dificulta regresar con frecuencia a su tierra natal.
Pero El Cerrito sigue apareciendo en su conversación como aparecen esas fotografías antiguas que uno guarda en un cajón: un poco amarillas, sí, pero jamás olvidadas.
Y quizás allí está el verdadero secreto de esta historia.
Porque los años pueden cambiar las calles.
Pueden desaparecer los carros antiguos.
Pueden cambiar los negocios, las costumbres y hasta la manera de vivir.
Pero hay algo que no cambia:
la memoria de quien amó profundamente su tierra.
Don Julio Victoria Cifuentes no solamente recuerda al viejo El Cerrito.
Don Julio es parte de ese viejo El Cerrito que todavía vive en la memoria de quienes lo conocieron.
Y mientras existan hombres capaces de contar esas historias, mientras alguien recuerde aquellas uvas de Santa Elena, aquellos bizcochuelos, aquel parque y aquel estadio lleno...
El Cerrito seguirá teniendo memoria.
Porque un pueblo no desaparece cuando cambia.
Desaparece cuando deja de recordar quién fue.
Aquí les dejo mis memorias y mi corazón.
A su entera disposición, siempre. ¡Que viva El Cerrito, caramba!

18/09/2026
Santa Bárbara no pide favores: exige que la palabra se convierta en obra.Por: Alfonso L. Cifuentes ArangoEn Santa Bárbar...
18/09/2026

Santa Bárbara no pide favores: exige que la palabra se convierta en obra.

Por: Alfonso L. Cifuentes Arango

En Santa Bárbara, El Cerrito, la paciencia tiene límite. Y esta vez la voz de la comunidad llegó hasta el Concejo Municipal para decir, sin rodeos, que un barrio no puede vivir eternamente de promesas.
La dirigente comunal comenzó nerviosa. Normal. Hablar ante el público impone. Pero bastaron unos minutos para que los nervios se transformaran en firmeza. Porque cuando una comunidad lleva años tocando puertas, la timidez termina convirtiéndose en carácter.
Y Santa Bárbara tiene razones para hablar.
La caseta de Acción Comunal, después de muchos años de solicitudes, finalmente fue remodelada mediante un proyecto del Ministerio del Interior con una inversión de 150 millones de pesos. Una obra que la comunidad reconoce y que demuestra que gestionar sí sirve.

¡Pero ojo! La historia no termina ahí.
Ahora viene el verdadero reto: la escuela.

La comunidad reclama su remodelación porque existe la advertencia de que, si las condiciones de infraestructura no mejoran, los niños podrían terminar estudiando en otro lugar. ¿Y qué significa eso? Que los pequeños tendrían que salir de su entorno, que las familias tendrían que desplazarse y que Santa Bárbara podría perder uno de sus espacios fundamentales de encuentro y formación.
¿No es posible que se tenga inconvenientes con las personas que habitan en la Escuela por ser privilegiado familiar de un concejal, amigo de la actual administración? Y La comunidad educativa, ¿de este importante sector? Un familiar que tiene un lote propiedad del municipio hace años en un supuesto comodato, esto que le produce al municipio? Que beneficios trae para la comunidad?
Y aparece una discusión que las autoridades tienen que resolver, no esquivar.
La dirigente comunal sostiene que la propiedad del predio no debería convertirse en una barrera para una intervención de interés público y solicita revisar la aplicación de la Ley 2140 de 2021.
Entonces la pregunta es sencilla: ¿se puede o no se puede?
Que lo digan las autoridades competentes, con argumentos jurídicos sobre la mesa y no con respuestas de escritorio.
Mientras tanto, las necesidades siguen acumulándose: baterías sanitarias deterioradas, luminarias que requieren mantenimiento, falta de iluminación hacia o por la via a Rozo, árboles pendientes de poda y un río que vuelve a recibir basura y contaminación después de cada limpieza.
Y aquí aparece otra verdad incómoda: limpiar un río sin controlar las causas de su contaminación es como barrer la casa mientras alguien sigue entrando con los zapatos llenos de barro.

Santa Bárbara no está pidiendo privilegios. Está reclamando atención.

La caseta ya tuvo respuesta. Ahora la comunidad pregunta, cuando la comunidad en cabeza de Marisel Tigreros, hizo lo necesario: ¿cuándo llegará la respuesta para la escuela? ¿Cuándo se atenderán las luminarias? ¿Cuándo se recuperará realmente el entorno del río?
Porque gobernar no es solamente anunciar proyectos, inaugurar obras o llenar documentos de compromisos.
Gobernar también es escuchar al barrio, cumplir la palabra y regresar con soluciones.
Santa Bárbara ya habló.
Ahora le corresponde a la Administración Municipal demostrar que escuchó.
Porque cuando una comunidad organizada tiene que repetir durante años la misma petición, el problema ya no está en la falta de voces.
El problema está en que alguien todavía no ha querido escuchar.

18/09/2026

| Tras una inspección técnica, expertos determinaron que el Edificio Arábico presenta riesgo de colapso.

La Secretaría de Gestión del Riesgo de Cali ordenó el cierre preventivo de la calle 5 con 66, donde está el inmueble.

Agentes de tránsito regulan la zona, prohíben el paso y piden no circular por el sector. Tome rutas alternas.

Se recomienda a residentes y comerciarios cercanos seguir las indicaciones de las autoridades y no acercarse al predio.

Viernes 18 de Septiembre 2026

LA GALERÍA DE EL CERRITO: ENTRE LA MEMORIA, EL TRABAJO Y UNA COMPETENCIA QUE DUELE.Por: Alfonso L. Cifuentes Arango Hay ...
16/09/2026

LA GALERÍA DE EL CERRITO: ENTRE LA MEMORIA, EL TRABAJO Y UNA COMPETENCIA QUE DUELE.

Por: Alfonso L. Cifuentes Arango

Hay sitios que uno no necesita mirar para recordarlos. Basta cerrar los ojos y dejar que la memoria haga su trabajo.

La galería de El Cerrito, Valle del Cauca, es uno de ellos.

Hace muchas décadas, este Centro de Acopio se convirtió en corazón comercial de la Ciudad Cariño. Por allí han pasado frutas, verduras y toda clase de productos perecederos provenientes de la hermosa región del Cañón del Chinche, en plena Cordillera Central, y de otras zonas agrícolas del país. También telas, ropa, marcas reconocidas y mercancías que durante años hicieron de este lugar una verdadera escuela del buen comercio.

¡Ahí se levantaron familias enteras!

Madres y padres cabeza de hogar encontraron detrás de un mostrador, entre bultos, cajas, telas y prendas de vestir, la manera honrada de conseguir el sustento diario. Algunos llevan 30, 35, 45 años y más trabajando allí. Han visto crecer hijos, llegar nietos y cambiar el rostro de la ciudad.

Son comerciantes de tradición. De esos que abren temprano, conocen a sus clientes por el nombre, saben qué producto buscan y, con una sonrisa, dicen aquello de: “Llévelo, que está bueno”.

Pero hoy esa historia enfrenta una preocupación que ya no puede seguir escondiéndose debajo de la alfombra.

Desde hace varios años, especialmente durante los fines de semana, comerciantes provenientes de otros territorios llegan y ofrecen productos en las calles cercanas a la galería: calle 8 entre carreras 11 y más allá de la 14; carrera 11 entre calles 8 y 9, y sectores aledaños del Centro.

Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿quién protege al comerciante que lleva toda una vida cumpliendo?

Porque mientras el vendedor establecido paga impuestos, servicios, arriendo y demás obligaciones, quienes llegan temporalmente al espacio público pueden convertirse en una competencia que, según los comerciantes locales, termina afectando seriamente sus ventas.

¡Y esto no significa perseguir a nadie!

Que quede absolutamente claro: todo ciudadano tiene derecho a trabajar. Pero ese derecho debe ejercerse respetando las normas y bajo condiciones equilibradas.

Por eso resulta inevitable preguntar dónde están la Alcaldía Municipal, la Inspección de Policía, Planeación y la Personería Local.

Y la pregunta adquiere todavía más fuerza cuando se recuerda que el actual mandatario municipal tuvo sus primeros ingresos precisamente como comerciante en este lugar cargado de recuerdos.

La nostalgia no puede reemplazar la autoridad. Y la autoridad no puede convertirse en silencio.

No se pide que se impida trabajar. Se pide que las reglas sean para todos.

Porque la galería de El Cerrito no es solamente un sitio de ventas.

Es memoria, sacrificio, familia y dignidad.

Y después de tantas décadas, quienes han ayudado a sostenerla merecen algo muy sencillo: respeto, igualdad y autoridad presente.

Porque así, sencillamente, NO ES JUSTO.

16/09/2026

CerriEmergencias 🚨 ACCIDENTE DE TRÁNSITO DEJA DOS PERSONAS LESIONADAS

Se presenta un accidente de tránsito a la altura de la portada del Ingenio Providencia, donde se vio involucrada una pareja de motociclistas que, al parecer, habría colisionado con otro vehículo.

Como consecuencia del accidente, dos mujeres resultaron lesionadas. Las afectadas fueron atendidas en el lugar y posteriormente trasladadas a un centro asistencial por paramédicos de Ambulancias EmerG 🚑 y unidades del Cuerpo de Bomberos de El Cerrito.

Red Informativa El Cerrito

EL CERRITO NO NECESITA QUE LE VENDAN EL PROGRESO.Por: El Flako, Arango.¿Quién decidió que progresar significa cerrar cal...
12/09/2026

EL CERRITO NO NECESITA QUE LE VENDAN EL PROGRESO.

Por: El Flako, Arango.

¿Quién decidió que progresar significa cerrar calles, poner en riesgo negocios y gastar 2.400 millones de pesos cuando todavía hay familias contando las pérdidas del terremoto?

Esta pregunta debería estar sobre la mesa, escrita en letras grandes, antes de cualquier maqueta, cualquier contrato y cualquier discurso.

El Cerrito, la Ciudad Cariño de Colombia, no nació ayer. Tiene más de 200 años de historia y una identidad construida con el esfuerzo de campesinos, comerciantes, trabajadores y familias enteras que han levantado sus negocios generación tras generación.
Es la Tierra del Paraíso, sí, pero también es la tierra del rebusque, de la tienda pequeña, del mostrador, de la mercancía que llega temprano y de quien abre la puerta todos los días esperando que las ventas alcancen para pagar la casa.

Por eso preocupa lo que está ocurriendo alrededor del proyecto de intervención de la carrera 12 entre calles 8 y 9 y la calle 8 entre carreras 11 y 12.

En pasados pocos días de agosto del año cursante hubo una denominada socialización en la Plazoleta de la Estación. Pero, según los comerciantes que estuvieron allí, la convocatoria tuvo una asistencia bastante reducida, no hubo maqueta y tampoco se habría presentado documentación suficiente para que la comunidad pudiera conocer con precisión qué se quiere hacer.

¡Y así no se socializa un proyecto que puede cambiarle la vida económica a todo un sector!
Se argumenta que faltan andenes y espacios adecuados para caminar. Nadie discute que El Cerrito necesita mejores andenes, movilidad organizada y recuperación del espacio público. Lo que se discute es el método.
Porque si durante años se permitió que vendedores ambulantes ocuparan espacios destinados al tránsito, sin un control físico efectivo, resulta demasiado cómodo crear el problema y después utilizarlo como argumento para justificar una millonaria intervención.
Y aquí aparece el verdadero elefante en la habitación: 2.400 millones de pesos.
Mientras muchos comerciantes todavía intentan recuperarse del terremoto ocurrido hace apenas unas semanas, se plantea una obra que podría afectar accesos, cargue, descargue y circulación justamente en una temporada en la que ya están programadas actividades como el Día de los Niños, Amor y Amistad y otras jornadas comerciales.
¿Quién piensa en esas familias?
¿Quién garantiza que podrán vender?
¿Quién responde si las ventas caen?

Y si los recursos saldrían, según se ha informado, presuntamente de vigencias futuras y no del empréstito, la ciudadanía tiene derecho a preguntar: ¿por qué ahora?, ¿cuánto comprometerá esto al municipio y qué otras necesidades quedarán esperando?

El desarrollo no puede ser una palabra bonita utilizada para justificar cualquier decisión.
El verdadero progreso escucha. Concerts. Planea. Prioriza. Protege al pequeño comerciante.

Porque una ciudad no se transforma únicamente con cemento y adoquines. Se transforma cuando su gente puede vivir dignamente de su trabajo.
Porque no pensar en peatonalizar el Parque y otras zonas aledañas? Presuntos intereses? Calles 6 y 7?

Y cuidado, porque aquí hay una lección política que nadie debería olvidar: los gobernantes pasan, los comerciantes quedan; las administraciones terminan, pero las deudas pueden continuar; las obras se inauguran con cintas y fotografías, mientras las familias siguen pagando las consecuencias.
Por eso, antes de cerrar una sola calle, la comunidad merece respuestas.
El Cerrito no está diciendo NO al progreso. Está diciendo NO a un progreso impuesto, improvisado o diseñado de espaldas a quienes todos los días sostienen la economía local.

Y queda una frase dando vueltas por las calles de la Ciudad Cariño:

Al “Monito Humilde” de la Galería parece que, después de casi tres años de poder, se le olvidó que antes de ser autoridad también fue pueblo.

Que no se olvide entonces lo fundamental: gobernar no es mandar sobre la gente; gobernar es escucharla.

Porque si el progreso llega dejando comerciantes en la ruina, familias angustiadas y ciudadanos preguntando por qué nadie los escuchó, habrá que preguntarse, con toda franqueza:

¿Eso es progreso… o simplemente una obra buscando un problema donde el problema ya estaba creado?

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