Colectiva de Comunicaciones Montes de María Línea 21

Colectiva de Comunicaciones Montes de María Línea 21 Corporación Colectiva de Comunicaciones Montes de María Línea 21

21/05/2026
16/05/2026

Bajo la noche estrellada de los Montes de María, la Dirección del Museo de Memoria de Colombia y el Museo Itinerante de la Memoria y la Identidad de los Montes de María - El Mochuelo realizarán un encuentro para abrigar las memorias y activar su potencia transformadora, en el marco de la celebración del Día Mundial de los Museos.

Fecha: 19 de mayo
Lugar: plaza principal de El Carmen de Bolívar (Bolívar)

De esta manera, la comunidad mantiene vivas sus memorias, vínculos y formas de habitar el territorio.

La jornada se realiza en articulación con el Festival Voces a la Luna, la Escuela de Música Lucho Bermúdez y la Colectiva de Comunicaciones Montes de María Línea 21

Rumbo al FAMMA 2026.
16/05/2026

Rumbo al FAMMA 2026.

Convocatoria Oficial FAMMA 2026
Con alegría anunciamos la apertura de la convocatoria del Festival Audiovisual de los Montes de María -FAMMA-
“Danzan las aguas al ritmo de imágenes y palabras: vida, territorio y semillas para la Paz.”
Desde este 15 de mayo y hasta el 15 de julio de 2026 a las 12:00 a.m., estará habilitada nuestra plataforma de inscripción para recibir obras provenientes de todos los territorios de Colombia, de diversos países de América Latina y de festivales aliados del mundo, reafirmando el carácter diverso, abierto y transformador de nuestro festival.

Las obras podrán inscribirse en las Categorías Especiales del FAMMA 2026.
Buscamos obras que hagan énfasis en el agua y las semillas como metáforas centrales de la vida, las memorias y la permanencia. El agua que guarda las historias del territorio y las semillas criollas que resisten al olvido y a la homogeneización cultural dialogan con las imágenes, las palabras y los relatos audiovisuales que emergen desde los pueblos.

En este sentido, el FAMMA reafirma su vocación como un festival de cine colombiano comunitario, intercultural e intergeneracional, donde las obras no se conciben únicamente como productos artísticos, sino como procesos colectivos de reflexión, creación y transformación social.

Celebrar quince versiones del FAMMA es reafirmar una convicción profunda: el cine, cuando nace del territorio y vuelve a él, tiene la capacidad de recomponer tejidos, dignificar voces históricamente silenciadas y abrir caminos de esperanza allí donde la guerra intentó imponer el miedo.

Además, este año el FAMMA se une al festival hermano El Lugar que Habitamos, realizado en Oaxaca, México. Si lo deseas, también podrás postular allí las obras inscritas en esta edición del FAMMA 2026.
¡Inscribe ya tus obras y acompáñanos en esta cita anual en los Montes de María, en el Caribe colombiano.!

🎬🍃🌺📽️Enlace de Inscripción: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSfSGwo-JeF-C1mvZGB0j4KiOo4PDxyzxBXs10vFqsl8DN7cFA/viewform?usp=header

¡El cine es pasión y acción transformadora!

12/05/2026

La Agencia de Renovación del Territorio (ART), junto a comunidades y entidades territoriales, finalizó la revisión y actualización del Plan de Acción para la Transformación Regional (PATR) de Montes de María, consolidando una nueva hoja de ruta para la implementación de los Programas de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET)

Durante cinco días se desarrollaron espacios de diálogo, concertación y socialización con participación de comunidades campesinas, afrodescendientes, indígenas, mujeres, jóvenes, víctimas del conflicto y representantes institucionales.

Con este proceso, Montes de María se convirtió en la subregión PDET número 15 del país en contar con un PATR actualizado, fortaleciendo la planeación territorial con proyección hasta 2037, en el marco de la Ley 2565 sancionada por el presidente Gustavo Petro.

El acta de compromiso fue firmada por la Gobernación de Sucre, alcaldes de municipios como San Onofre, El Carmen de Bolívar, María La Baja, El Guamo, San Jacinto, Zambrano, Ovejas y Tolú Viejo, además de líderes étnicos y representantes comunitarios.

El director de la ART, Raúl Delgado, aseguró que esta actualización permitirá avanzar de las iniciativas a programas y proyectos con indicadores y mecanismos de financiación más equilibrados entre la Nación y los territorios.

El capítulo étnico del PATR quedó conformado por seis líneas estratégicas, 14 programas y 174 ideas de proyectos dirigidas a comunidades étnicas. Mientras tanto, el capítulo intercultural contempla 619 proyectos y 347 ideas de iniciativa para toda la población rural de Montes de María.

La ART también presentó un balance de inversiones, indicando que en la subregión se han aprobado 425 proyectos por más de 1,2 billones de pesos, financiados mediante recursos de la ART, OCAD Paz, Obras por Impuestos y otras fuentes nacionales y territoriales.

La jornada concluyó con la firma del acta de compromiso para avanzar en la transformación integral de Montes de María mediante la ejecución del PATR actualizado.

12/05/2026

Nos unimos al Museo Itinerante de la Memoria y la Identidad de los Montes de María - El Mochuelo para celebrar el Día Mundial de los Museos con el «11.º Vuelo de El Mochuelo: las memorias, el arte y la cultura para la paz».

Esta exposición itinerante invita a encontrarnos, reflexionar y construir paz desde lo colectivo; será un recorrido por historias, voces y territorios que mantienen viva la memoria de los Montes de María.

Fecha: 19 al 21 de mayo
Horario: 9:00 a. m. a 5:00 p. m.
Lugar: corregimiento Las Flores en Morroa (Sucre)

Esta jornada se realiza en articulación con el Festival Voces a la Luna, la Escuela de Música Lucho Bermúdez y la Colectiva de Comunicaciones Montes de María Línea 21

En la Nota Cultural CÁMARAS, LUCES Y COMUNIDAD EN EL MUSEO NACIONAL DE COLOMBIA: RETROSPECTIVA DEL CINE COMUNITARIOLa no...
08/03/2026

En la Nota Cultural
CÁMARAS, LUCES Y COMUNIDAD EN EL MUSEO NACIONAL DE COLOMBIA: RETROSPECTIVA DEL CINE COMUNITARIO

La noche del 5 de marzo de 2026 llegamos al Museo Nacional de Colombia con esa mezcla de emoción, memoria y presentimiento que aparece cuando uno sabe —sin necesidad de que nadie lo anuncie— que algo importante está ocurriendo. Parecido a cuando llegamos por primera vez a Bogotá con El Vuelo de El Mochuelo, desde los Montes de María. Esta vez tampoco era una inauguración cualquiera.

Al cruzar el umbral del museo —nuestra casa grande de la memoria colombiana en sus 200 años— sentíamos que entrábamos también a un tiempo más largo, a una película sin fin que comenzó a rodarse hace más de tres décadas: en parques de pueblos, barrios y comunas, veredas, escuelas rurales, patios de casas o plazas vacías durante noches de terror y violencia. En los años 2000 colgábamos una sábana blanca para proyectar cine bajo las estrellas. Lo hacíamos para recuperar el espacio público, nuestras noches, permitir la movilización social, decirles a los violentos que íbamos a seguir proyectando luz y formar públicos donde el cine hablara, contara, riera y pensara con nosotros y nosotras. Hoy seguimos proyectando, caminando el territorio con el cine a la escuela, el Cine Monte Adentro y los festivales audiovisuales de los Montes de María, en juntanza con narradores y narradoras de la memoria, con mujeres y jóvenes que pisan la tierra y la transforman con sus relatos y Memorias del Corazón.

El 5 de marzo de 2026 quedó marcado en el corazón: esa noche se abrió la exposición “LUCES, CÁMARA Y COMUNIDAD. UNA RETROSPECTIVA DEL CINE COMUNITARIO COLOMBIANO”, y con ella se abría una puerta simbólica y real: por primera vez, el cine nacido en los territorios ocupaba un lugar visible en la casa grande de la memoria nacional. Es el reconocimiento del Estado colombiano, encarnado en la Dirección de Audiovisuales, Cine y Medios Interactivos (DACMI) del Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes, con el apoyo de otras instancias como la ART, la Cinemateca de Bogotá y el Museo Nacional.

Nos encontramos allí con muchas de las personas que han caminado este proceso durante años: realizadores y realizadoras, maestras de escuelas audiovisuales, funcionarios cómplices de caminos, jóvenes que aprendieron a sostener una cámara en talleres comunitarios, gestores culturales, líderes de festivales y cineclubistas que mantuvieron encendida la pantalla en lugares donde nunca hubo salas de cine. Llegamos desde distintos rincones del país —Putumayo, Meta, Montes de María (Bolívar-Sucre), Comuna 13 de Medellín (Antioquia), Guaviare, Belén de los Andaquíes (Caquetá), Soacha (Cundinamarca), Ciudad Bolívar (Bogotá), Santander, Bojayá (Chocó), Distrito de Aguas Blancas (Cali), San Basilio de Palenque— territorios que rara vez se encuentran juntos en una misma escena cultural. Cada quien traía fragmentos de una historia colectiva tejida entre muchos y muchas durante más de treinta años de trabajo ininterrumpido.

La inauguración contó con la presencia de la ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes, Yannai Kadamani Fonrodona; de la directora de DACMI, Diana Díaz Soto; y de la directora del Museo Nacional, Katya González. Su participación fue muy valiosa, y lo que también nos llenó de alegría y dio sentido a la noche fue ver cómo, junto a ellas, nos reunimos tantas experiencias que durante décadas hemos sostenido el Cine Comunitario en común-unidad en Colombia. La presentación estuvo a cargo de Daniel Bejarano, gestor cultural y fundador de Ojo al Sancocho. La programación académica, la curaduría del equipo de DACMI y del Museo Nacional, y Juliana Nieto, de la Unidad de Cine Comunitario, coordinaron y presentaron el programa, permitiendo que fluyera con amor y fuerza creativa la curaduría, el círculo de la palabra y este reconocimiento compartido del Ministerio de las Culturas al Cine Comunitario y a quienes lo hacemos posible desde y con los territorios.

La exposición comenzó con un homenaje póstumo a la memoria de la maestra Astrid Liliana Angulo, quien fungía como directora del Museo Nacional al momento de su fallecimiento, seguido de proyecciones de cortos como Unión Cuity, Cultura Ancestral (Bojayá, Chocó) y Heliconias (Mesetas, Meta). Más tarde, participamos en un ritual del círculo moderado por Angie Lorena Santiago Jaimes, donde Soraya Bayuelo, Jorgelito Cabrera, Ángel Ríos, Marsella Grisales, Yaneth Gallego, Luz Marina Ramírez y Camila Cano compartieron con nosotros y nosotras la experiencia de sostener cine en sus comunidades y territorios. Mientras recorríamos la exposición, en la fachada del museo se desplegó un mapping con imágenes de la maestra Liliana Angulo, acompañado por la música del grupo Rizoma Sur, generando un encuentro donde arte, memoria y comunidad se entrelazaron y nos recordaron el valor de narrar desde y con los territorios.

Durante el recorrido, nos detuvimos frente a imágenes profundamente familiares, muchas de ellas nunca antes exhibidas en un museo, porque nacieron en lugares donde el Cine Comunitario rara vez aparece en los mapas culturales del país: ríos, montañas, barrios, caminos, oficios, vivencias, violencias, cotidianidades, resistencias, donde la cámara se convirtió en herramienta para contarnos desde adentro. Lo que hemos hecho es cine colombiano: cine nacido de las comunidades, con ética, responsabilidad, estética, dignidad y una profunda vocación pública. La cámara nace en la comunidad; la aprendemos entre todos y todas, investigamos juntos, filmamos en colectivo, y luego regresamos con esas historias al lugar donde surgieron, para compartirlas con quienes las hicieron posibles y mantener viva la memoria que nos une.

Así han surgido también festivales comunitarios y muestras que se han convertido en nuestras pantallas de circulación, espacios donde nuestras producciones dialogan con el cine colombiano independiente, de autor y latinoamericano. En muchos territorios donde no existen salas de cine, estos festivales han sido la única posibilidad de encuentro con el audiovisual. Por eso insistimos: esta dinámica territorial debe seguir reconociéndose y fortalecerse mediante una política pública integral que contemple formación, dotación, infraestructura cultural, cinematecas locales y regionales como espacios de exhibición, y que fortalezca las escuelas de producción audiovisual sin paredes, propias de los territorios. Lo hemos planteado en cartas abiertas, derechos de petición, foros, círculos de la palabra y encuentros nacionales, y hoy la exposición es un paso simbólico, pero también una llamada a continuar construyendo estas políticas desde el Estado que somos todos, reconociendo además las diferencias de los sectores más allá de la industria formal y la necesidad de superar incentivos insuficientes, compleja tramitología administrativa y competencias que limitan el desarrollo del Cine Comunitario y de las experiencias culturales comunitarias.

No es una petición improvisada. Lo hemos dicho por años, en distintos espacios del sector: enviamos una carta abierta a la ministra de Cultura desde el II Festival Historias en Kilómetro, en Cereté (Córdoba), y durante el Primer Encuentro Nacional de Cine Comunitario, en Cali, en agosto de 2025, apoyado por DACMI, donde más de cuarenta experiencias de distintas regiones nos reunimos durante varios días para mirarnos, escucharnos y pensar juntos el futuro del movimiento.
Porque nuestras películas no son solamente cintas. Son memoria viva. Son pedagogía. Son conversación colectiva. Son una forma de mirarnos de otra manera como país.
La exposición reúne más de treinta años de historia, ochenta producciones audiovisuales y cerca de noventa experiencias comunitarias de distintas regiones de Colombia. Pero detrás de esas cifras hay algo todavía más importante: generaciones de jóvenes que encontraron en el audiovisual una forma de narrar su territorio, defender su cultura e imaginar futuros posibles.

Sabemos que este reconocimiento tiene un valor profundo. Durante mucho tiempo, las comunidades mantuvimos encendidas las cámaras sin esperar necesariamente que el país mirara hacia nosotros. Lo hicimos porque era necesario contarnos, porque era urgente recuperar la palabra y la imagen en lugares donde muchas veces solo habían quedado el silencio, el miedo o el abandono estatal. Por eso, ver hoy estas imágenes en el Museo Nacional significa que algo se está moviendo: que la memoria audiovisual de los territorios empieza a ser reconocida como parte del patrimonio cultural del país.

Al mismo tiempo, entre quienes estábamos allí circulaba una reflexión compartida: celebramos este momento, sí. Pero sabemos que el camino no termina aquí. En los últimos años hemos abierto espacios de diálogo con el Estado desde el movimiento nacional de Cine Comunitario. Espacios para escucharnos, para construir confianza, para volver a creer que es posible hacerlo juntos. Reconocemos el trabajo del Ministerio de las Culturas para escuchar al sector, especialmente a través de la línea de Cine Comunitario dentro de la Dirección de Audiovisuales, acompañada por redes y experiencias del país.

Ese diálogo ha comenzado a dar frutos y lo valoramos. Pero el desafío ahora es avanzar hacia algo más estructural: una política pública que reconozca plenamente el Cine Comunitario —que también es Cine Colombiano— dentro del ecosistema audiovisual de nuestro país, en consonancia con la Ley 814 de 2003, que fomenta la producción, distribución y exhibición de cine nacional a través de incentivos fiscales y del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC). En conjunto con la DACMI, desde 2024 hemos trabajado para pasar de la atención y el reconocimiento a la acción real, siguiendo lo establecido en la reciente Ley 2531 de 2025, que refuerza estas peticiones y prioriza el Cine Comunitario mediante la descentralización y la formación en los territorios para la transformación social y cultural.

Durante la inauguración, tanto la ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes, como la directora de DACMI, Diana Díaz Soto, destacaron que se han venido fortaleciendo más de 30 colectivos comunitarios en zonas alejadas de los grandes centros urbanos. Sin embargo, desde el sector seguimos insistiendo en que los incentivos y los rubros destinados específicamente al Cine Comunitario deben consolidarse con recursos que fortalezcan el desarrollo local y regional.

Pedimos que el país entienda que existen otras formas de hacer cine, otras economías culturales, otras maneras de narrarnos y contar juntas, y otras pedagogías audiovisuales que llevan décadas transformando territorios. Porque el Cine Comunitario no es solamente una práctica artística: es también una acción cultural que fortalece la memoria, el tejido social, la participación de las comunidades en la vida cultural del país y contribuye de manera activa a la construcción de la paz.

Al día siguiente, 6 de marzo, la programación académica continuó con el conversatorio “MUJERES QUE LIDERAN Y FILMAN COMUNIDAD”, donde participaron destacadas realizadoras y gestoras culturales como Soraya Bayuelo Castellar, Luz Marina Ramírez, María Camila Cano, Karoll Rodríguez, Paola Guarnizo y Lizbeth Marsella Grisales Rivas. Compartimos aprendizajes, desafíos y estrategias para fortalecer la narrativa comunitaria desde una perspectiva de género. Este encuentro coincidió con la víspera del Día Internacional de la Mujer, recordándonos que muchas de nuestras escuelas, festivales y procesos culturales han sido sostenidas durante años por mujeres que encontraron en el cine y en el audiovisual una voz pública para contar sus historias y las de otras personas.

Al salir del Museo, la sensación era clara: algo importante se ha movido. Durante décadas sostuvimos este cine desde los territorios y desde la Colombia que no siempre se ve, pero que existe. Lo hemos producido muchas veces con pocos recursos y en contextos adversos, pero con convicción, constancia y coraje. Hoy, ese cine entra al Museo Nacional, recordándonos que las historias de Colombia no solo se cuentan desde los centros de poder, sino desde los territorios, desde la común-unidad de quienes decidimos tomar la cámara para narrar no solo nuestra propia vida, sino también la de otros y otras, que con su ejemplo permiten la acción transformadora a través de las imágenes en movimiento.

Hoy aplaudimos de pie que la conversación franca y la escucha mutua entre la institución y las comunidades organizadas del sector del Cine Comunitario y de los Medios Ciudadanos y Comunitarios nos permita seguir tejiendo caminos para fortalecer políticas públicas integrales del sector, y continuar imaginando estrategias que construyan una cultura de paz y una gran Red de Comunicación para la Vida en Colombia y América Latina.

En los Montes de María, el Cine Comunitario nació como estrategia de movilización social, de recuperación del espacio público y de volver a encender luces en medio de la oscuridad. El cine es sanador, pasión y acción. El cine reúne. El cine devuelve la palabra y la confianza. Y así seguimos, produciendo en común-unidad historias que la gente quiere contar, con los pies en la tierra y la mirada puesta en el presente y en el futuro.
Que sigan las:
Luces.
Cámara.
Comunidad.
Visiten la exposición en el Museo Nacional hasta el 25 de mayo de 2026.

Y desde ya nos preparamos rumbo al FAMMA 2026, donde las voces de los territorios volverán a iluminar nuestras pantallas. Invitamos a todos y todas a acercarse, siguiendo el llamado en esta décima de la maestra Beatriz Eugenia Ochoa Romero:
Hay un rollo audiovisual
En los Montes de María
Pa’ el Caribe es de valía
Y pa’ todo el mundo es ideal.
El proceso no es usual,
Lo realizan campesinos
Que narran con muy buen tino
Su dolor y sus vivencias
De conflicto y resistencia
En documentales genuinos.

Por: Soraya Bayuelo Castellar
Comunicadora Social – Periodista y Gestora Cultural

🎬






🎬 En la NOTA EDITORIALCUANDO LA GUERRA VOLVIÓ A ASOMARSE…Cuando la guerra volvió a asomarse —porque nunca se ha ido del ...
03/03/2026

🎬 En la NOTA EDITORIAL
CUANDO LA GUERRA VOLVIÓ A ASOMARSE…
Cuando la guerra volvió a asomarse —porque nunca se ha ido del todo, apenas aprendió a cambiar de chaqueta y brazalete— nos obligó otra vez a mantener el comercio cerrado y el silencio acomodado en las esquinas. Ocho días antes de elecciones. Qué exactitud tan admirable. Casi dan ganas de felicitar la puntualidad.
El grupo tiene otro nombre, otro argumento, otra manera de explicar lo que hace. Hablan de control, de orden, de limpieza. Siempre hay algo que “poner en orden” cuando conviene. Antes fueron otras palabras fuertes, igual de convincentes sobre el papel. Las consignas se renuevan; la sensación en el estómago no. La impotencia no. Las víctimas tampoco.
Nos miramos sin necesidad de hablar demasiado. Esto ya lo vivimos, dijimos sin decirlo. Cambian los colores del panfleto, cambian las siglas, pero el libreto conserva los giros conocidos.
Y esta vez casi no hay reflectores. No llegan comisiones urgentes ni transmisiones solemnes de consejos de seguridad repetidos sin soluciones. A lo sumo, una publicación breve en la red social de un medio local o el mensaje dolido en el perfil de un amigo del campesino o del muchacho asesinado a pleno sol.
¿En qué momento la muerte en la esquina dejó de ser ruptura y se volvió trámite?
¿Desde cuándo el sonido de las balas se integró al paisaje como si fuera parte del clima?
¿Quién decidió que algunas vidas merecen titular y otras apenas un párrafo?.

Se habla de controles, de cuotas, de permisos, de contribuciones “voluntarias”. Podríamos enumerar las formas, pero basta caminar la calle vacía para entenderlo. La realidad vibra, incluso cuando nadie la nombra. La repetición parece haberle quitado brillo a la indignación. Y eso, quizá, es lo más inquietante.
Aquí sabemos leer el silencio. Está en la forma en que se bajan las puertas de los negocios a las seis; en cómo se aceleran los pasos; en la costumbre de no hacer preguntas innecesarias. No es heroísmo ni rendición: es cálculo. A veces resistir consiste en saber cuándo recogerse, cuándo guardar silencio y cuándo no.
Mientras tanto, el calendario electoral cumple su ritual con disciplina envidiable. Los apellidos heredan los cargos y las banderas con la misma naturalidad que el ADN. Hoy un color, mañana otro. Las promesas circulan con entusiasmo. Las cifras suenan robustas. Y, sin embargo, cuando llueve, el agua encuentra siempre el mismo camino: el de la ausencia. La tierra que fue de luz y de placeres se convierte en cloaca a cielo abierto. El olor desmiente cualquier discurso.
Se anunciaron millones. Se celebraron proyectos. Se habló de modernidad. Pero el olor no entiende de comunicados. Rebosa. Se cuela por las puertas. Recuerda que hay obras que existen mejor en la voz que bajo la tierra. El acueducto llega por horas —cuando llega— como si la dignidad también tuviera cronograma asignado.

Entonces la ironía aparece como forma de defensa:
¿cuántas ruedas de prensa harán falta para que el agua corra limpia?
¿cuántas elecciones para que lo básico deje de ser promesa?
¿cuántas generaciones más para aprender a no vivir a medias?
El desgaste no hace ruido, pero deja marca. Una cosa intimida; la otra agota.
Las diferencias políticas también aprendieron a sentarse a la mesa. Polarizan la intimidad, parten la familia, afinan sospechas, dividen amistades. Ojalá el poder politiquero fuera tan transitorio como el calendario. La risa se vuelve prudente. El dominó y el parqué prefieren jugarse bajo techo. No porque falte alegría, sino porque el ambiente se volvió frágil, como si cualquier carcajada pudiera interpretarse de más.
Y, aun así, algo persiste.
El café compartido. La hierbabuena que alcanza para todos. Una canción que se canta bajito. Una cámara encendida, aunque no haya multitud. El cuidado mutuo que aflora cuando todo alrededor se endurece. Preservar la vida como gesto cotidiano. Seguir, porque la vida nunca se detiene del todo. Un buen ñeque curado junto a las y los amigos de la vida.
No se trata de negar lo que pasa. El miedo tiene nombre y memoria. El dolor no necesita presentación. La precariedad se hace notar en cada corte de luz y en cada lluvia que desborda lo prometido. Pero todo eso, lejos de paralizarlo, se transforma en materia de relato. En imagen. En música. En palabra viva.
Cuando la calle queda vacía y la puerta metálica del comercio se baja, queda también una certeza discreta: la vida no depende únicamente del ruido exterior. Aletea en otro ritmo. Más bajo, pero estable. Se escribe. Se filma. Se canta. No por ingenuidad, sino por dignidad. Porque hay cosas que pueden administrarse desde afuera —el tránsito, el horario, incluso el miedo—, pero no todo es negociable. La palabra no lo es. La memoria no lo es. La decisión de seguir creando no lo es.

Seguimos aquí.
Cantando la esperanza sin estridencia, pero sin vergüenza.
Con una dignidad que no se arrienda ni se negocia.
Y mientras haya quien pregunte —hacia adentro y hacia afuera—,
mientras alguien convierta la herida en verso y la rabia en relato,
el silencio nunca será completo.
Escribimos para no atorarnos.

La vida,
terca como semilla bajo el asfalto,
abre la grieta.
La vida,
aunque la nombren en voz baja,
responde.
La vida,
aunque la arrinconen,
se abre paso.
Y nosotros,
con el alma despierta,
seguimos contando y cantando la esperanza
a pesar de todo.
Por: Soraya Bayuelo Castellar
Comunicadora Social-Periodista y Gestora Cultural
Fotografía: Fabián Álvarez (El Gran Papo).







ignominia

Dirección

El Carmen De

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando Colectiva de Comunicaciones Montes de María Línea 21 publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto La Organización

Enviar un mensaje a Colectiva de Comunicaciones Montes de María Línea 21:

Compartir