07/05/2025
El encuentro de dos Mundos que no se encuentran... el Agua y la vida.
Este escrito no hubiera visto la luz, sin la oportunidad del encuentro con mi amiga Española Paula Ferrer y sin el singular intercambio con el líder ambiental Pedro Reyes Zambrano.
Son las 00 hrs del 7 de mayo de 2025, la tensión de pensar en una Montaña desbordándose me ha despertado. He llegado a mi casa con dificultad, por los torrentes que agua que corren por las calles destapadas de mi vereda Rincón de los Españoles de Paipa. El motivo de mi viaje: El Paramo de Pisba. Una vez más he hecho una correría y llegado nuevamente a casa, totalmente devastada.
La extensión de la Minería en el Paramo de Pisba se hace cada vez mas fuerte y no se evidencia que sea una prioridad detenerla, en medio de los miles de requerimientos de la cotidianidad administrativa.
La conversación con la Directora de CorpoBoyacá, que buscaba afianzar la posibilidad de incluir una mirada a la educación afectiva y en habilidades blandas dentro del proceso de educación ambiental para la futura conformación de los GTP para el caso del Paramo de Pisba, ha terminado en una sensación profunda de desesperanza.
El Páramo no esta delimitado, y eso impide un ejercicio de control mucho más riguroso, y aunque una sentencia anuncio que no se puede hacer minería en el paramo, otra sentencia ordena al Alcalde a levantar el bloqueo porque formalmente todo esta en regla para que la empresa extractivista siga con su labor.
¿Qué esto? Esquizofrenia acaso. Realidades paralelas o acaso la perdida de la sensatez y la cordura. Estas semanas me ha surgido ubicar dos categorías: Boyacense y Boyaco, y gracias a una aplicación imprudente e irresponsable de mi parte, sobre mi análisis y su impacto en la emocionalidad de un liderazgo local del municipio de Socha, pudimos junto con Pedro asumir que no hay Boyacenses por un lado y Boyacos por el otro. Sino que quizás nuestro trabajo es ubicar el boyaco que todos llevamos dentro y el Boyacense que requerimos potenciar.
Somos gente sensible, amorosa, cuidadosa de las buenas costumbres, querientes de la tierra y el agüita. Somos serviciales y creyentes en Dios. Toda nuestra dulzura es Boyacense, una dulzura que se aplica en la elaboración de nuestras ruanas hechas punto a punto en los tradicionales telares y en la elaboración de mágicos amasijos. Ese Boyacensismo que asciende feroces cumbres en caballos de acero y que sostiene el arado aún luego de los 80 años de vida.
Sin embargo y quizás porque hubo un encuentro de dos mundos hace 533 años, que nos dejo desencontrados no logramos sostener y expandir el arraigo de nuestros ancestros. La ambición por el poder económico, por el poder político, por el poder académico, por el poder de brillar sobre otros esta sacando lo más boyaco en nosotros. La colonia nos enseño que nuestras costumbres no eran valiosas, que no se adoraba ni agradecía al sol o a la luna, y que lo que debía primar era ese gran señor que se erige humillando al que esta a su lado masivamente. Humillaciones que se han vuelto costumbre y que pasan en lo micro permanentemente, en donde a lo boyaco tiramos la piedra y escondemos la mano, porque siempre tenemos un argumento para romper la relación con todo paisano que nos incomode.
Es esa tradición violenta la que hoy ronda al Páramo de Pisba. Es el celo, la envidia, el dolor, el saqueo. El saqueo de la palabra, de la inspiración, de la esperanza.
Hace unos días fui bloqueada de un chat, tildada de loca, y excluida moralmente por autonombrarme Gobernadora de Boyacá Ad Honorem. El Gobernador anuncia aspirar a entrar en la casa de Nariño, y luego de ver la carnicería que representaron las elecciones atípicas en la ciudad de Duitama, entendí que definitivamente al poder no hay que aspirar. El poder hay que ejercerlo con amor, ética y servicio. Y si así lo hacemos quizás un día las masas despertando nos entreguen a los carga ladrillos la posibilidad de distribuir la gobernanza en vez de acapararla para los interés personales de una carrera por el más alto reconocimiento que no tendrá fin, para quien no elige reconcomerse a si mismo. Quizás un día bajo la integración de la gobernanza por el Agua, se acaben las elecciones y los circos electorales. Quizás un día ya no necesitemos mesías y podamos autogestionar los territorios desde la corresponsabilidad, el cariño y la juntanza del brazo prestado.
Ser Gobernadora del departamento me implicó estar el domingo 4 de mayo en el municipio de Socha y en el transcurso de una hora, encontrarme con una mujer al fondo de una cantina gritando a todo pulmón cantando rancheras a la 1 de la tarde, acordonada por tres hombres que en la puerta también se echan sus polas. Una carretera principal del pueblo destapada, una niña de 14 años en estado de embarazo, tomada de la mano de su hermanita pequeña despeinada y descuidada y por la otra mano su amado de 20 años. La conversación con dos niñas jóvenes que no acuerdan con la explotación de carbón y que quieren ver a su municipio progresar y la conversación con un minero de 64 años años que me dice que si hubiera podido elegir jamás hubiese arriesgado su vida, a menos de que el desplazamiento forzado no lo hubiese puesto en Socha. Y que a la larga todo lo que rodea a la minería no es mas que la avaricia por el dinero; desde el picador hasta el propietario, solo buscan desaforadamente agrandar el bolsillo.
No espero Gobernar Boyacá jamás cuando es muy probable que jamás se logre reestablecer la confianza para un dialogo humano y frentero en los territorios, quizás estemos tan limitados para ver que son seres humanos los que pierden la vida o sus extremidades (como el hijo de aquella señora que conoci en la buseta de Duitama a Socha el mismo Domingo), bajo las altas de presión por los gases que quizás son las voces del vientre de la tierra gritando que no la desgarren más. Quizás estemos tan ciegos para perder de vista el valeroso esfuerzo del colectivo Resistencia y lucha por el agua y de los campesinos y campesinas de la vereda el Mortiño, mientras los millones que nos nutrimos de las aguas que bajan de la montaña seguimos inermes persiguiendo la carrera de la rata. El Páramo de Pisba es un eslabón enorme y estratégico dentro de los corredores de Paramo del Departamento de Boyacá y del País, dejarlo morir a manos de las normas burocráticas, inoperantes, paquidérmicas y obtusas de las entidades integradas por robots con sueldos cómodos, la ambición de los señores feudales propietarios de los títulos que a su vez son los vampiros que se llevan la vida de jóvenes sin perspectiva ni amor propio y manos de la confianza rota de sus habitantes que ya no sabe distinguir su propio poder del poder de otros y se rompe en su propio dolor y frustración impidiendo la expansión de su voz. Sería una barbarie.
Somos barbaros si olvidamos que la casa común nos tiene como administradores, pero cualquier día se aburre de nosotros y nos expulsa con un gran cataclismo. Somos bárbaras si no levantamos la voz frente a los señores de la minería para cuestionarles si acaso consideran que todo su dinero cubrirá la carencia de agua para sus futuras generaciones. Somos bárbaras si omitimos que dejar contaminar y finalmente secar el Agua de las fuentes que emanan del Páramo acarreara futuramente el desplazamiento de sus comunidades...¿ a dónde? Si al morir el Páramo de Pisba, toda la cadena de Paramos puede Morir y entonces ¿Qué haremos? Nos sacaremos los ojos y cumpliremos el ma***to presagio de que la próxima guerra será por agua.
Que paradójico, mientras escribo, no deja de llover. Hasta temo que mi casa se llevada por la fuerza de la Montaña que abriga a Pan de Azúcar. Pero a la larga, si pasara es porque quizás no he sabido aguardianar las aguas de mis hermanos y hermanas y por eso, estamos como estamos. Llenos de rabia y de dolor, con las barreras y defensas arriba, sin poder extender un lazo que nos una frente a una vía nacional para decirle a Gustavo Petro que en Boyacá también necesitamos de su liderazgo.
Escribir estas líneas es mi manera de gobernar y llamar a todo el departamento de Boyacá a Gobernar sobre el Páramo de Pisba, mientras nuestro Gobernador quiere ir a Gobernar un País sin arreglar la casa primero, pero en este País del sagrado Corazón y con tal división, estoy sintiendo que no hay líder que pueda gobernar lo ingobernable. Huimos de cualquier conversación incomoda, damos la espalda a un Páramo que dice alto, y nos escondemos bajo el amparo de "tener todo en regla", recibimos los pesos sin asentar un futuro, emborrachamos de discursos lo que solo podría ser resuelto con dialogo, estudio, movilización y confianza. Una pelea frente a un Goliat que no es más que la inconsciencia, solo podrá ser ganada con el despertar de un pueblo que elija el amor y el cuidado mutuo como bandera y sostén de un gran paro hasta que se nos quite la costumbre de a la montaña matar.
La campaña nace así, en las sombras de la noche, con pena y sin gloria, con un grito desesperado por la unidad del Movimiento Ambiental de Boyacá y de toda la Boyacensidad. Con la esperanza de que el espíritu del Papa Francisco y toda su fuerza Crística me ayude a que muchas personas quieran poner esta imagen de Marco en sus perfiles y que un milagro despierte a los jóvenes que son siempre, los que le dan ejemplo de gallardía y coraje a las viejas generaciones.
Esta noche, mas que nunca, reniego de todo ismo, y llamo a la humanidad y a la esperanza. Y que cada quien hable con su consciencia. Quien más sabe más responsabilidad tiene, aunque nos encanta tener la razón, hay razones que el corazón no conoce y lo esencial es invisible a los ojos.
Ana