12/04/2026
El corazón que tanto ama a los hombres.
Hoy contemplamos el corazón mismo de nuestra fe: la Divina Misericordia. No se trata simplemente de una devoción, sino del modo en que Dios se relaciona con nosotros. Dios es misericordia, y todo lo que Él hace nace de ese amor que perdona, levanta y transforma.
Esta verdad, que ha estado presente desde siempre en el Evangelio, fue recordada de manera especial en la Iglesia a través de Santa Faustina Kowalska, una humilde religiosa a quien Jesús le reveló la grandeza de su misericordia. En su experiencia espiritual, el Señor le pidió que el mundo entero conociera que su amor es más grande que cualquier pecado, y que confiáramos plenamente en Él.
Años más tarde, este mensaje fue confirmado para toda la Iglesia por San Juan Pablo II, quien, profundamente marcado por esta espiritualidad, instituyó el Domingo de la Divina Misericordia, recordándonos que este no es un mensaje opcional, sino central en la vida cristiana.
Así comprendemos que la misericordia no es algo nuevo, sino el corazón mismo del Evangelio, que hoy se nos vuelve a presentar con fuerza: Dios no se cansa de amar, no se cansa de perdonar, no se cansa de buscarnos.
JESÚS, EN TI CONFÍO.